Estudios programados anuales

ESTUDIOS BÍBLICOS DE SALMOS

Mes de septiembre

Septiembre 15

INTRODUCCIÓN

Estimado oyente, es realmente emocionante llegar el día de hoy al libro de los Salmos. Honradamente hablando, nos sentimos conmovidos cuando leemos este maravilloso libro. Se encuentra en el centro mismo de la Palabra de Dios y el Salmo 119 está ubicado en el mismo centro de la Biblia, y ese es un gran Salmo, un Salmo que exalta la Palabra de Dios. El libro de los Salmos ha sido llamado el Libro de Adoración o el Himnario del Templo.

La tradición hebrea dio al libro de los Salmos el nombre de “Tehillim”, que significa “cantos de alabanza”, o simplemente “alabanzas”. En cambio, la traducción griega de los Setenta (LXX) le puso el título de “Psalmoi” y “Psalterion”, términos de los cuales se derivan nuestras palabras de Salmos y Salterio. La palabra griega “psalmos” designaba a un poema que sería cantado con instrumentos de cuerda, y el “psalterion” era uno de esos instrumentos. Así que “salterio” suele emplearse actualmente para referirse al libro de los Salmos, mientras que “salmo” designa a cada uno de los poemas que integran el libro.

Muchos escritores contribuyeron con uno a más Salmos. A David, llamado “el dulce cantor de Israel” se le atribuyen 73 de los Salmos; casi la mitad del libro de Salmos. (El Salmo 2 le fue atribuido en Hechos 4:25; el Salmo 95 le fue atribuido en Hebreos 4:7) Ahora, él podría haber sido ser el autor de otros Salmos que se conocen como los 39 “Salmos huérfanos”. David fue peculiarmente dotado para escribir estos Salmos a partir de la experiencia que tuvo, así como bajo la inspiración del Espíritu Santo. Él arregló, ordenó, aquellos Salmos que se encontraban en existencia en su día para ser utilizados en el templo. Ahora, los otros escritores de los Salmos fueron los siguientes: Moisés escribió uno (el Salmo 90), Salomón escribió dos, los hijos de Coré 11; Asaf doce; Hemán escribió uno (el Salmo 88.) Etán uno (el Salmo 89); Ezequías 10. Estos son, pues, los 150 Salmos. Cristo, el Mesías, es prominente en todo el libro. El rey y el reino constituyen el tema de las canciones de los Salmos.

Ahora, eso nos lleva a decir en este momento que la palabra clave en el libro de los Salmos es “Aleluya”. Es decir, “Alabad al Señor”. Ahora, eso se ha transformado en una frase un poco gastada entre los cristianos, pero es una expresión que debería causar el surgir de una gran emoción en el alma misma. ¡Aleluya, Alabado, Bendito sea el Señor!

Consideramos a los Salmos 50 y 150 como Salmos claves. El Salmo 5 es un Salmo de Asaf y probablemente tiene más contenido que cualquier otro. El Salmo 150 es un coro de alabanza basado en la palabra. En este Salmo el imperativo “alabad” aparece 10 veces en sus breves 6 versículos. Concluye el libro de los Salmos y puede ser considerado como un coro o estribillo para todos los Salmos precedentes. Los Salmos registran una profunda emoción. Un sentimiento intenso, una emoción exaltada. Una melancolía, un desaliento tenebroso. Los Salmos se interpretan en el teclado del alma humana con todos los registros. Con toda sinceridad, me siento abrumado cuando penetro en este maravilloso libro. Está situado en el mismo centro de la Palabra de Dios. El Salmo 119 se encuentra exactamente en el centro de las Sagradas Escrituras, y exalta la Palabra de Dios.

Este libro ha bendecido los corazones de multitudes a través de las edades. Hemos descubierto que cuando nos encontramos enfermos, cuando hemos estado en algún hospital, o hemos tenido algún problema en nuestro corazón y en nuestra mente que a veces nos hace perder el sueño durante la noche, siempre es bueno acudir a este libro de los Salmos. Y cuando uno se levanta luego de una noche de insomnio, y va a este libro y lee algo, siempre encuentra que es una bendición para el alma y para la vida diaria. Aparentemente, a través de los años esta ha sido también la experiencia de muchas otras personas. Ambrosio, uno de los grandes santos de la iglesia dice: “Los Salmos son las voces de la iglesia”. San Agustín dijo: “Ellos son el compendio de toda la Escritura”. Martín Lutero, por su parte, dijo: “Ellos forman un pequeño libro para todos los santos”. Juan Calvino dijo: “Los Salmos son la anatomía de todas las partes del alma”. Encontramos que estas opiniones son muy adecuadas.

Alguien ha dicho que hay 126 experiencias psicológicas. Ahora, no sabemos cómo han llegado a ese número, pero sí sabemos que todas ellas están registradas en el libro de los Salmos. Y este es el único libro que recorre toda la gama de experiencias que pueden ocurrirle al ser humano; cada pensamiento, cada impulso, cada emoción que pasa sobre su alma es registrada en este libro. Esa es la razón por la cual pensamos que siempre habla a nuestros corazones y encuentra un acorde sensible dondequiera que nosotros leamos. Hablando de los Salmos, Hooker dijo. “Los Salmos son la flor de todas las cosas provechosas y de valor de los otros libros”. Y Donney lo dijo de esta manera: “Los Salmos pronostican, profetizan todo lo que uno sufrirá, dirá y hará”. Pensamos que esa es una declaración admirable también. Herd, por su parte lo llamó, “Un Himnario para todas las ocasiones”. Watts dijo: “Ellos constituyen el coro de las mil voces del corazón de la iglesia”.

El lugar que los Salmos han ocupado en la vida del pueblo de Dios, testifica de su universalidad, aunque tiene una aplicación que es peculiar a los judíos, es decir, a la nación de Israel. Ellos expresan el profundo sentimiento de todos los corazones creyentes de todas las generaciones. Los Salmos están llenos de Cristo. Hay un cuadro más completo de Él en los Salmos que en los evangelios. En los evangelios se nos dice que Cristo fue al monte a orar, pero los Salmos nos muestran Su oración. Los evangelios nos dicen que Él fue crucificado, pero los Salmos nos revelan lo que experimentaba en Su corazón durante la crucifixión. Los evangelios nos dicen que Él regresó al cielo, pero los Salmos comienzan donde los evangelios interrumpieron su relato y nos muestran a Cristo sentado en los cielos.

Cristo el Mesías es prominente por todo este libro. Usted recordará que en relato de Lucas 24:44, cuando se apareció a los suyos después de la resurrección, les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: Que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos. O sea, que Cristo es el tema de los Salmos. Como ya hemos dicho, pensamos que eso es francamente lo más importante que podemos descubrir. Cristo es el tema de los Salmos. Y pensamos que Él es el objeto de alabanza y adoración en cada uno de ellos. Y eso no quiere decir que nosotros seremos capaces de localizarlo a Él en todos ellos, porque no lo podemos hacer. Pero, por otra parte, tampoco significa que el Señor no esté allí presente en cada uno de ellos.

Hay muchas clases de Salmos. Aunque todos ellos tienen a Cristo como el objeto de adoración, algunos de ellos son técnicamente llamados Salmos Mesiánicos. Ellos registran el nacimiento, la vida, la muerte, la resurrección, la gloria del sacerdocio, Su reino y Su regreso. Hay 16 Salmos mesiánicos que hablan específicamente sobre Cristo pero, como acabamos de decir, todos los 150 Salmos están relacionados con Él. El libro de los Salmos es en realidad un himnario que gira alrededor de Su Persona, Al estudiarlo, este hecho resultará aún más evidente.

Ahora, en un sentido más restrictivo, los Salmos tienen que ver con Cristo perteneciendo a Israel, y con Israel como perteneciente a Cristo. Ambos temas están unidos a la rebelión del hombre. No habrá bendición en esta tierra hasta que Israel y Cristo estén unidos. Creemos que los Salmos son judíos en la expectativa y en la esperanza (y los cantos de adoración son en realidad judíos.) Son canciones que están adaptadas, por supuesto, para su uso en el templo. Sin embargo, eso no quiere decir que no tengan una aplicación y una interpretación espiritual para nosotros en la actualidad. En realidad la tienen. Como dijimos, leemos los Salmos más que cualquier otra porción de la Palabra de Dios. Y necesitamos ser un poco más exigentes en nuestra interpretación de los Salmos. Por ejemplo, Dios no es mencionado como un Padre en el libro de los Salmos. Los santos no son llamados hijos. En los Salmos Él es Dios el Padre, pero no el Padre Dios. Los Salmos no mencionan nada de la presencia continua del Espíritu Santo. Y la bendita esperanza del Nuevo Testamento no se encuentra en los Salmos. El no reconocer estas omisiones ha extraviado a algunos en la interpretación del Salmo 2. La referencia que uno encuentra en esta canción no tiene que ver con el arrebatamiento de la iglesia, sino con la venida de Cristo; allí se menciona la segunda venida de Cristo a este mundo, a establecer Su reino y a reinar en Jerusalén.

Los Salmos Imprecatorios han sido objeto de mucha crítica por su carácter vengativo y por las oraciones pidiendo juicio. Estos Salmos proceden de un período de guerra y de un pueblo que vivía bajo la ley, y que ansiaba justicia y paz en la tierra. Estimado oyente, usted no puede lograr la paz sin suprimir la injusticia y la rebelión. Y aparentemente Dios tiene la intención de hacer eso, y no pide disculpas por ello. Creemos que en el momento en que Él lo decida, actuará con juicio sobre esta tierra. Ahora, en el Nuevo Testamento se le dice al creyente que tiene que amar a sus enemigos. Pero en los Salmos, el lector puede sorprenderse al leer algunas oraciones que incluyen expresiones muy duras y severas en cuanto a los enemigos. Pero el juicio tiene el propósito de imponer la justicia en el mundo. También hay Salmos que anticipan el período en el cual el Anticristo ejercerá el poder. Y nosotros no tenemos una base razonable para determinar cómo la gente debería actuar, o como debería orar bajo tales circunstancias.

Ahora, otra clase de Salmos incluye a los penitenciales, los históricos, los de la naturaleza; los de los peregrinos; los Hallel; los misioneros; los puritanos; los de acrósticos, y los de alabanza a la Palabra de Dios. Esta sección de la Biblia a la que estamos llegando es muy rica y por lo tanto, estimado oyente, vamos a extraer de ella oro y diamantes. Este libro no ha sido preparado colocando los Salmos al azar unos después de otros, agrupándolos de manera aleatoria, sin seguir ningún criterio. Es interesante notar que un Salmo afirma un principio y a continuación siguen varios Salmos aclaratorios, explicativos. Los Salmos 1 al 8 son un ejemplo de ese procedimiento.

Así fue que el libro de los Salmos ha sido dispuesto de una manera ordenada. En realidad, por años se ha considerado que el libro de los Salmos está arreglado de tal manera que corresponde al Pentateuco de Moisés. Así que tenemos las secciones correspondientes al Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, como veremos más adelante al desarrollar el Bosquejo.

La correspondencia entre los Salmos y el Pentateuco puede verse fácilmente. Por ejemplo, en la sección correspondiente al Génesis vemos al hombre perfecto en un estado de beatitud, de felicidad, como en el Salmo 1. A continuación tenemos a la vista la caída y restauración del hombre. El Salmo 2 ilustra al hombre rebelde. En el Salmo 3, el hombre perfecto es rechazado. En el Salmo 4, vemos el conflicto entre la descendencia de la mujer y la serpiente. En el Salmo 5, encontramos al hombre perfecto en medio de sus enemigos. El Salmo 6 presenta al hombre perfecto en medio del castigo con la herida en su talón. En el Salmo 7 vemos al hombre perfecto en medio de testigos falsos. Finalmente, en el Salmo 8, vemos la salvación del hombre que llega a través de la herida en la cabeza. En los Salmos 9 al 15, vemos el conflicto del enemigo y el Anticristo, y la liberación final. Después, en los Salmos 16 al 41, vemos a Cristo en medio de Su pueblo santificándolo a Dios. Y así veremos esta correspondencia al recorrer el libro de los Salmos. La sección de Éxodo comienza con el Salmo 42 y continúa hasta el Salmo 72. La sección de Levítico comienza con el Salmo 73 y se extiende hasta el Salmo 89. Luego, tenemos la sección de Números, desde el Salmo 90 hasta el 106; y finalmente, la sección de Deuteronomio comienza con el Salmo 107 y finaliza con el último Salmo, el 150.

El gran predicador Spurgeon, dijo lo siguiente: “El libro de Salmos nos instruye en el uso de las alas, así como también en la utilización de las palabras. Nos sitúa elevándonos y cantando. Y este es el libro que puede hacer de usted una alondra en vez de cualquier otra clase de ave”. Hasta aquí la cita. Este libro ha sido llamado la representación y la analogía del alma. Ha sido considerado como el jardín de las Sagradas Escrituras. De las 219 citas del Antiguo testamento en el Nuevo Testamento, 116 de ellas son del libro de los Salmos. Así que usted verá 150 canciones espirituales que, sin duda, en algún momento fueron preparadas para la música del tabernáculo y del templo. Al considerar este libro de canciones en su totalidad, realmente, esta obra debería impulsar nuestros corazones a cantar.

Llegamos ahora al

Septiembre 16

SALMO 1

El tema de este Salmo puede resumirse de esta manera: dos hombres, dos caminos, dos destinos.

Este Salmo abre la sección que se corresponde con el Génesis. Comienza con el hombre en vez de hacerlo con el universo material. Nos habla del hombre bendito, del hombre feliz. Este hombre bendecido es contrastado con el impío. Es también una figura de Cristo, el último Adán, en medio de los pecadores impíos y los despreciativos. A veces pensamos del Señor como un varón de dolores, hecho para el sufrimiento y por alguna extraña razón muchos de los cuadros que se han pintado de Él le revelan como un hombre de apariencia triste. Es cierto que el profeta Isaías dijo que era ese “varón de dolores” pero, ¿por qué no continuamos leyendo? En ese mismo libro de Isaías encontraremos que Cristo no tuvo dolores y aflicciones propias. Isaías 53:4 dice: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros le tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Fue nuestro dolor y no el suyo propio el que EL tuvo que llevar, que soportar. Él fue un Cristo feliz y éste es como un cuadro de Él. Leamos el versículo 1 de este primer Salmo, que encabeza un párrafo que hemos titulado

La práctica del hombre dichoso

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”

Este versículo declara la práctica del hombre dichoso. Un poco más adelante en este Salmo veremos el poder del hombre dichoso y, finalmente, su permanencia. En este primer versículo vemos el lado negativo de la práctica del hombre feliz. Se nos dice lo que el hombre dichoso no hace. Aquí vemos tres posiciones o posturas. Según este versículo el hombre dichoso o feliz es el que (1) no anda, o no sigue el consejo de los malvados (2) no se detiene en la senda o el camino de los pecadores y (3) no se sienta con los burladores para cultivar su amistad. La persona que hace estas tres cosas, no es una persona feliz. Pasa por esas tres etapas: primero se asocia con los malos, luego comparte el camino de los pecadores y después se une a los que blasfeman.

Definitivamente, aquí hay regresión, deterioro y degeneración. Usted puede notar los pasos que se toman en el proceso. (1) El hombre dichoso no sigue el consejo de los malvados. No escucha a los impíos. ¿Ha observado usted que incluso el Señor Jesús nunca se refirió a Su propia razón o a Su propia mente como la base de una decisión? Todo lo que Él hizo estuvo basado en la voluntad de Dios. Él nunca les dijo a Sus discípulos: “Compañeros, vamos a Galilea otra vez. Lo he estado considerando y como soy más listo que vosotros, creo que esto es lo mejor que podemos hacer de acuerdo con mi punto de vista”. Esa no fue la manera en que se acercó a Sus discípulos. Él siempre dijo: “Voy a Jerusalén porque es la voluntad de mi Padre”. Él pasó tiempo con Su Padre, y supo cuál era Su voluntad y en base a ello, se desplazó hacia ciertas áreas.

Estimado oyente, una cosa es escuchar los consejos, y un buen consejo está bien; pero claramente, el consejo de los malvados no. Nosotros tenemos que vivir por la fe y recurrir al consejo de los malvados no es caminar por la fe. ¿Quiénes son los impíos, los malvados? Aquellas personas que dejan a Dios fuera de sus vidas. No tienen ningún temor reverente de Dios. Viven como si Dios no existiera. En la actualidad, alrededor nuestro hay multitudes de personas como éstas. Se levantan por la mañana, nunca se dirigen a Dios en oración, nunca le agradecen por los alimentos que tienen ni por la vida, ni por la salud. Simplemente continúan moviéndose por la vida pasándoselo en grande. Han dejado a Dios totalmente al margen de su existencia.

Los impíos aconsejan a un hombre y entonces le encontramos (2) transitando por el camino de los pecadores. El malo es el que se apodera de él allí. El pecado significa “errar el blanco”. O sea, que ellos no viven en la forma en que deberían vivir. A ellos se refiere la Escritura cuando dice en Proverbios 14:12. Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte. Y más adelante, en Proverbios 16:2 dice: Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión. El pecador puede pensar que está en lo correcto, que todo está bien en su vida, pero él es un pecador. La Palabra de Dios dice, en Isaías 55:7, Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos… También en el mismo libro en el 53:6, Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros. El Padre cargó sobre el Señor Jesús todo el peso de nuestra culpa. Es que somos pecadores y este es nuestro retrato.

El siguiente paso de ir por el camino o la senda de los pecadores, es descender más aún y (3) sentarse en la silla de los escarnecedores o, en otras palabras, cultivar la amistad de los blasfemos, los burladores, o hacer causa común con ellos. Los blasfemos, los que se burlan, son los ateos. Entonces el pecador consigue que el joven se siente. Se nos ha dicho que esta tercera etapa es cuando el joven se siente en compañía de tales personas. No solamente niegan a Dios sino que exhiben un odio y un antagonismo hacia Dios. Esta actitud la vemos por todas partes. Los que le desprecian y se burlan, ellos son los que se oponen absolutamente a Dios. Y también muestran su oposición a la Palabra de Dios. Si usted quiere conocer la actitud de Dios, la puede ver en Proverbios 3:34, donde la Escritura dice: El Señor se burla de los burlones, pero muestra su favor a los humildes. El Señor se opone a los que le muestran su desprecio y su burla y Él mismo se burlará de ellos. Por cierto que la que se presenta aquí es una imagen terrible.

Después de ver este lado negativo de la práctica del hombre dichoso, es decir, lo que éste no hace, en el próximo programa veremos el lado positivo, es decir lo que el hombre dichoso sí hace. Pero mientras tanto pensamos que, ¿quién no quiere ser un hombre dichoso, una mujer dichosa, feliz? Muchas veces nos hemos distanciado de familiares y amigos porque ellos defraudaron nuestra confianza y la pérdida afectiva nos ha dejado una sombra de tristeza. Estimado oyente, tenga usted en cuenta a alguien en quien vale la pena confiar. Nos lo recuerdan las palabras del Salmo 84:12, Señor Todopoderoso, ¡dichosos los que en ti confían!

Septiembre 17

SALMOS 1:1- 6

El tema de este Salmo puede resumirse de esta manera: dos hombres, dos caminos, dos destinos. Este Salmo abre la sección que se corresponde con el Génesis. Comienza con el hombre en vez de hacerlo con el universo material. Nos habla del hombre bendito, del hombre feliz. Este hombre bendecido es contrastado con el impío. Es también una figura de Cristo, el último Adán, en medio de los pecadores impíos y los despreciativos. A veces pensamos del Señor como un varón de dolores, hecho para el sufrimiento y por alguna extraña razón muchos de los cuadros que se han pintado de Él le revelan como un hombre de apariencia triste. Es cierto que el profeta Isaías dijo que era ese “varón de dolores” pero, ¿por qué no continuamos leyendo? En ese mismo libro de Isaías encontraremos que Cristo no tuvo dolores y aflicciones propias. Isaías 53:4 dice: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros le tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Fue nuestro dolor y no el suyo propio el que Él tuvo que llevar, que soportar. Él fue un Cristo feliz y éste es como un cuadro de Él. Leamos el versículo 1 de este primer Salmo, que encabeza un párrafo que hemos titulado.

La práctica del hombre dichoso

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”

Este versículo declara la práctica del hombre dichoso. Un poco más adelante en este Salmo veremos el poder del hombre dichoso y, finalmente, su permanencia. En este primer versículo vemos el lado negativo de la práctica del hombre feliz. Se nos dice lo que el hombre dichoso no hace. Aquí vemos tres posiciones o posturas. Según este versículo el hombre dichoso o feliz es el que (1) no anda, o no sigue el consejo de los malvados (2) no se detiene en la senda o el camino de los pecadores y (3) no se sienta con los burladores para cultivar su amistad. La persona que hace estas tres cosas, no es una persona feliz. Pasa por esas tres etapas: primero se asocia con los malos, luego comparte el camino de los pecadores y después se une a los que blasfeman.

Definitivamente, aquí hay regresión, deterioro y degeneración. Usted puede notar los pasos que se toman en el proceso. (1) El hombre dichoso no sigue el consejo de los malvados. No escucha a los impíos. ¿Ha observado usted que incluso el Señor Jesús nunca se refirió a Su propia razón o a Su propia mente como la base de una decisión? Todo lo que Él hizo estuvo basado en la voluntad de Dios. Él nunca les dijo a Sus discípulos: “Compañeros, vamos a Galilea otra vez. Lo he estado considerando y como soy más listo que vosotros, creo que esto es lo mejor que podemos hacer de acuerdo con mi punto de vista”. Esa no fue la manera en que se acercó a Sus discípulos. Él siempre dijo: “Voy a Jerusalén porque es la voluntad de mi Padre”. Él pasó tiempo con Su Padre, y supo cuál era Su voluntad y en base a ello, se desplazó hacia ciertas áreas.

Estimado oyente, una cosa es escuchar los consejos, y un buen consejo está bien; pero claramente, el consejo de los malvados no. Nosotros tenemos que vivir por la fe y recurrir al consejo de los malvados no es caminar por la fe. ¿Quiénes son los impíos, los malvados? Aquellas personas que dejan a Dios fuera de sus vidas. No tienen ningún temor reverente de Dios. Viven como si Dios no existiera. En la actualidad, alrededor nuestro hay multitudes de personas como éstas. Se levantan por la mañana, nunca se dirigen a Dios en oración, nunca le agradecen por los alimentos que tienen ni por la vida, ni por la salud. Simplemente continúan moviéndose por la vida pasándoselo en grande. Han dejado a Dios totalmente al margen de su existencia.

Los impíos aconsejan a un hombre y entonces le encontramos (2) transitando por el camino de los pecadores. El malo es el que se apodera de él allí. El pecado significa “errar el blanco”. O sea, que ellos no viven en la forma en que deberían vivir. A ellos se refiere la Escritura cuando dice en Proverbios 14:12, Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte. Y más adelante, en Proverbios 16:2 dice: Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión. El pecador puede pensar que está en lo correcto, que todo está bien en su vida, pero él es un pecador. La Palabra de Dios dice, en Isaías 55:7, Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos… También en el mismo libro en el 53:6, Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros. El Padre cargó sobre el Señor Jesús todo el peso de nuestra culpa. Es que somos pecadores y este es nuestro retrato.

El siguiente paso de ir por el camino o la senda de los pecadores, es descender más aún y (3) sentarse en la silla de los escarnecedores o, en otras palabras, cultivar la amistad de los blasfemos, los burladores, o hacer causa común con ellos. Los blasfemos, los que se burlan, son los ateos. Se nos ha dicho que esta tercera etapa es cuando el joven se sienta en compañía de tales personas. No solamente niegan a Dios sino que exhiben un odio y un antagonismo hacia Dios. Esta actitud la vemos por todas partes. Los que le desprecian y se burlan, ellos son los que se oponen absolutamente a Dios. Y también muestran su oposición a la Palabra de Dios. Si usted quiere conocer la actitud de Dios, la puede ver en Proverbios 3:34, donde la Escritura dice: El Señor se burla de los burlones, pero muestra su favor a los humildes. El Señor se opone a los que le muestran su desprecio y su burla y El mismo se burlará de ellos. Por cierto que la que se presenta aquí es una imagen terrible.

Ahora, este es el lado negativo. Esto es lo que el hombre dichoso no hace, En el próximo versículo, veremos lo que este hombre feliz sí hace. Leamos el versículo 2:

“Sino que en la ley del Señor está su delicia y en su Ley medita de día y de noche”.

Recordemos lo que el Señor Jesucristo dijo acerca de un hombre que había estado poseído por los demonios, que cuando los demonios salieron de este hombre, éste limpió su vida. La morada de su vida había quedado adecentada, adornada y él pensó que todo estaba bien y en orden. Pero el demonio aun le controlaba. Finalmente, el demonio anduvo vagando por los alrededores sin poder encontrar un lugar donde quedarse, se cansó de viajar y entonces regresó, trayendo a sus amigos con él, otros siete espíritus peores que él mismo. Y se nos dijo que el último estado del hombre era peor que el primero. Hay muchas personas en la actualidad que piensan que si ellas simplemente limpian un poco sus vidas, eso es todo lo que necesitan hacer. Pero, estimado oyente, observemos que, hablando de este hombre dichoso, aquí se dice que se deleita en la ley del Señor. En otras palabras, que encuentra placer y alegría en la meditación de la Palabra de Dios. Desearíamos hacerle llegar el mensaje de que la Biblia es un libro emocionante. Su lectura no constituye una carga ni produce aburrimiento. Su lectura y su estudio son agradables. Este salmo recalca que la persona que experimenta placer al estar en contacto con esa Palabra, es una persona feliz. Las tragedias que hoy afligen a la humanidad, expresadas con lágrimas, suspiros, el dolor del corazón, los corazones quebrantados, las vidas y hogares destruidos, son el resultado inevitable de que los seres humanaos hayan quebrantado las leyes de Dios. En este sentido la Palabra de Dios es clara. En 1 Juan 5:3 encontramos esta declaración: 3pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos, Sus mandamientos para los creyentes hoy no solo incluyen los Diez Mandamientos sino también todas las instrucciones recibidas de Jesús mismo y sus apóstoles en el Nuevo Testamento. Realmente, sus mandamientos no constituyen una carga.

La idea de que el ser salvo por gracia significa que el creyente entonces puede vivir sin estar sujeto a una ley y vivir como le plazca, no se encuentra en la Biblia. El creyente no ha de rechazar las normas de conducta. Gálatas 5:13 dice lo siguiente: 13Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para dar rienda suelta a vuestras pasiones, sino servíos por amor los unos a los otros, la libertad no implica en ningún modo vivir una vida de libertinaje. Por supuesto, no tenemos que guardar los Diez Mandamientos para ser salvos, pero ello no quiere decir que hemos de quebrantarlos. Significa, estimado oyente, que no estamos a la altura de la ley de Dios, Él requiere perfección y usted y yo no la tenemos. Tenemos que acercarnos a Dios por la fe. Después de ser salvos por la fe, tenemos que vivir en un plano más elevado que la ley. Hemos de tener en nuestras vidas el fruto del Espíritu, que es amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. De esa manera vivimos bajo la disciplina y guía de la gracia de Dios.

El versículo enfatiza entonces que esa persona que se deleita en la Palabra de Dios, en su Ley medita de día y de noche, ¿Qué quiere decir con esto de meditar? Pues ilustra a una vaca rumiando, masticando el bolo alimenticio. Hemos oído que la vaca tiene varios compartimentos en su estómago. Entonces puede salir por la mañana, pastar en la yerba cuando el rocío está sobre ella en la parte fresca del día. Después, cuando hace calor, al mediodía, se reclina bajo la sombra de un árbol y comienza a masticar los alimentos que había introducido previamente por su boca. Es decir, que toma la yerba que había masticado por la mañana y la vuelve a colocar en su boca para masticarla una y otra vez y luego la cambia de estómago. Eso es precisamente lo que hacemos cuando meditamos. Volvemos la vista a lo que ye hemos leído. Tomás Kempis lo expresó de una forma original. Dijo, “Yo no tengo descanso sino en un rincón con un libro, y ese libro es la Palabra de Dios”. Quiere decir que el meditar sobre lo que uno lee, hace como esos animales que rumian sus alimentos; considerar lentamente y pensar detenidamente en lo que uno está leyendo. Recordemos lo que el apóstol Santiago dijo en el capítulo 1, versículo 24, hablando de la persona que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse se va y se olvida de cómo es. Tenemos que meditar en la Palabra de Dios, que es el espejo de Dios, que nos revela lo que realmente somos. Debemos permitir que la Palabra de forma a nuestra vida según la voluntad y los propósitos de Dios.

Entonces recordemos que el hombre dichoso, En su ley medita de día y de noche, según dice aquí. Estimado oyente, Dios no tiene ningún plan o programa para que usted crezca y se desarrolle como creyente, aparte de la Palabra de Dios. Usted puede estar tan ocupado en su Iglesia como sea posible, en una gran variedad de actividades y andando de un lugar a otro, pero usted nunca crecerá espiritualmente por medio de esa actividad. Usted solo se desarrollará meditando en la Palabra de Dios, es decir, repasando una y otra vez en sus pensamientos hasta que esa Palabra se convierta en una parte de su vida. En esto consiste lo que hemos llamado, la “práctica del hombre dichoso”.

Entonces vamos a considerar ahora

El poder del hombre dichoso

Y por cierto, ¿donde obtiene esta persona su poder? Leamos el versículo 3 de este Salmo 1:

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará”.

Así que el hombre feliz es como un árbol plantado a la orilla de un río. “Corrientes de aguas” o ríos, es un superlativo en el hebreo. Es una hipérbole para expresar “abundancia”. Este hombre dichoso es plantado, recibe mucha agua y se convierte en un árbol. Podemos darnos cuenta que los árboles de Dios son árboles “plantados”. No son como esos árboles silvestres que crecen en cualquier parte. Creemos que esta figura se refiere a haber nacido de nuevo. En Isaías, capítulo 61, versículo 3, dice: a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé esplendor en lugar de ceniza, aceite de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiad. Serán llamados “Árboles de justicia”, “Plantío del Señor”, para gloria suya. Dios no utiliza árboles silvestres que nacen en cualquier parte. Sus árboles han nacido por medio de Él, tomados y colocados en el jardín de Dios, expuestos a ríos de aguas.

¿Pero qué significan concretamente esos ríos de aguas? Representan a la Palabra de Dios. Ahora, alguien quizá pregunte: “¿Está usted seguro de eso?” Sí, estimado oyente. Usted mismo podrá leer en el Libro de Isaías, capítulo 55, versículo 10 y 11, las siguientes palabras: Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo cual la envié. Y Dios quiere que Su Palabra descienda como la lluvia desciende de los cielos. Creemos que un programa por radio ilustra esto de una manera muy adecuada, porque permite que la Palabra de Dios sea esparcida por todas partes, y esa Palabra producirá fruto, y hará que los árboles crezcan.

La lluvia provee bebida y sustento. Y también produce limpieza y usted puede ver el lavado del agua por medio de la Palabra expresado por el salmista en el Salmo 104, versículo 16: Se llenan de savia los árboles del Señor”, los cedros del Líbano que él plantó. La savia es la Palabra de Dios. Esos árboles que Él plantó están bien regados por la Palabra de Dios.

Y se nos dice además que el árbol da su fruto en su tiempo. Esto es muy interesante: que los árboles de Dios no den fruto todo el tiempo, sino que dan su fruto cuando llega su tiempo y su poder está en la Palabra de Dios. Se oye hoy con frecuencia, en días de mucha actividad y frenética actividad, que el principal asunto para el creyente es el de ganar almas para Cristo. Bueno, no estamos muy de acuerdo con esto. La Palabra de Dios no dice eso. En la Segunda epístola a los Corintios, capítulo 2, versículos 14 al 16, el apóstol Pablo dijo: Pero gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo entre los que se salvan, y entre los que se pierden; para éstos ciertamente, olor de muerte para muerte, y para aquellos, olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente? Bueno, yo no lo soy, de eso estoy seguro. Yo estoy llamado a proclamar la Palabra de Dios, y el de traer las personas a Cristo es asunto del Espíritu. Y estamos experimentando esto en estos programas de radio. Pero no somos nosotros quienes traemos a las personas a Cristo; nosotros simplemente presentamos la Palabra de Dios. Y al hacerlo así, es Dios el que triunfa con su mensaje en las vidas de las personas. Supongamos por un momento en que casi nadie aceptara a Cristo, entonces para los que se salvan, seríamos como una fragancia que les da vida y para los que se pierden, como una fragancia que les lleva a la muerte espiritual. Mi responsabilidad es dar a conocer la Palabra de Dios, y la suya, estimado oyente, es hacer algo al respecto.

(Un predicador solía decir en el momento de invitar a la gente a recibir a Cristo; “Si usted sale de aquí sin ser salvo, será muy lamentable y trágico porque cuando usted se encuentre ante la presencia de Dios no podrá decir que no ha oído el Evangelio. Entonces, yo me habré convertido en enemigo suyo porque usted no le podrá decir a Dios que nunca ha escuchado Su Palabra”.) Por ello decimos, estimado oyente, que es su responsabilidad el comunicar esa Palabra a otros, y será responsabilidad de esas otras personas lo que hagan en consecuencia frente a la Palabra de Dios. Ellos serán responsables ante Dios. Dios nos dice que tenemos que comunicar a todos la Palabra divina, el mensaje de Dios, y eso es lo que por varios años hemos intentado hacer. Algunos se salvan, y otros no.

Hemos notado entonces que lo importante aquí es que el hijo de Dios dé su fruto en su tiempo. Es que hay un tiempo para obtener fruto. Por tal motivo, tiene que haber un prolongado período de preparación, de sembrar la semilla, de ayudarla a dar fruto. Y todo lo que hagamos durante ese período tiene importancia, porque tenemos la responsabilidad de difundir la Palabra de Dios, y ello requiere un cuidado especial. Y lleva su tiempo y dedicación, porque el fruto solo se produce en el momento apropiado.

Ahora, aquí también se nos dice del árbol plantado junto al río, que su hoja no se marchita. La hoja es el testimonio exterior del cristiano. Ese testimonio debe estar siempre presente. Los árboles de Dios son como los pinos que siempre están verdes y nunca pierden sus hojas, que son como un testimonio para los demás.

(Alguien cuenta que estuvo en cierta ocasión en la ciudad de Nueva York durante el verano, en el mes de Agosto, y que visitó una Iglesia muy famosa en ese lugar, era casi un mausoleo. Esta Iglesia tan conocida tenía unas inscripciones talladas en mármol en las que se leía: “Esta es la casa de Dios; la puerta misma del cielo”. Pero debajo de esa inscripción se había colocado un cartel temporal que decía: “Cerrado durante los meses de Julio y Agosto”. De modo que la “puerta del cielo” estaba cerrada durante esos meses de verano.) Con demasiada frecuencia, esto sucede en las vidas de los creyentes a nivel individual, pero no debería ser así. Usted tiene que ser siempre un árbol de hoja perenne. La hoja es el testimonio visible que usted tiene en este mundo acerca de Cristo. Todos los hijos de Dios son árboles de hoja perenne.

Además, del hombre dichoso que es como un árbol plantado a la orilla de un río se dice que: su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Dios ha prometido bendiciones materiales a Su pueblo en el Antiguo Testamento, Esas bendiciones no han sido prometidas a los creyentes hoy. Estimado oyente, si usted las tiene, puede darle gracias por haberle dado más de lo que Él ha prometido. Alguien dijo en una ocasión lo siguiente: “La prosperidad exterior, si sigue a un andar cercano a Dios, es agradable”. Lo importante es tener a Cristo. Él es como el número uno. Todas las bendiciones materiales equivalen a cero. Si uno no tiene el número uno antes de los ceros, sería como no tener nada. Así como el cero cuando sigue a un número. Se suma a ese número aunque no sea nada en sí mismo.

Ahora, finalmente tenemos

La permanencia del hombre dichoso

Observemos la inseguridad de los impíos. Leamos los versículos 4 y 5 de este Salmo 1:

“No así los malos, que son como la paja que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio ni los pecadores en la congregación de los justos”

Recordemos los temas del capítulo. Dos hombres, dos caminos, dos destinos. Uno se encuentra en un callejón sin salida. Conduce a la muerte. El otro conduce a la vida. Dios es el que dice lo que está bien y lo que está mal. Estamos viviendo en un día en el que las personas no están seguras de lo que está mal y de lo que está bien. Dios sí está seguro. Su Palabra no cambia con cada filosofía de una nueva generación. Leamos el versículo 6:

“Porque el Señor conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá”.

Y perecerá quiere decir simplemente que está perdido. Es una palabra que indica el final irreversible, definitivo. Quiere decir que los malvados perecerán. Proverbios 10:28 dice: El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece. Cristo nos amonestó con las siguientes palabras de Mateo 7:13-14; 13Entrad por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Y el camino ancho y espacioso es como un embudo en el cual uno entra por la parte ancha y luego al continuar, se hace cada vez más estrecho hasta que finalmente conduce a la muerte. Pero, estimado oyente, usted puede entrar por el camino angosto por Cristo, quien es el camino, la verdad, y la vida. A medida que usted continúe por ese camino, éste se hace cada vez más ancho, y es el camino que conduce a la vida. En Juan 10:10 el Señor Jesucristo dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. ¡Qué hermoso cuadro de una persona feliz se presenta en este primer Salmo! Estimado oyente, estimada oyente, si usted permite que Dios transforme su vida al creer en la obra de Cristo a favor suyo, usted puede ser esa persona.

Septiembre 18

SALMO 2:1 al 12

Una de las características notables de los Salmos es que están ordenados sistemáticamente. En el primer Salmo tenemos en realidad al hombre perfecto, el hombre feliz. Y creemos que representa al Señor Jesucristo como el último Adán. Ahora, en contraste con el hombre perfecto, el hombre dichoso del Salmo 1, vemos al hombre rebelde en el Salmo 2. Llamamos a ésta sección, la sección correspondiente al Génesis en el libro de los Salmos y el paralelismo es sorprendente. Génesis comienza con el hombre perfecto, el hombre feliz, en el jardín del Edén. Pero él se convirtió en el hombre rebelde que se apartó de Dios, y ya no buscaba su compañía, y no tenía una capacidad para relacionarse con Él. Aquí en el Salmo 2, encontramos a los descendientes de Adán, es decir, a la humanidad.

El Salmo 2 ha sido llamado el drama de los siglos. Contiene una declaración decisiva en cuanto al desenlace de los eventos y las fuerzas que operan actualmente en el mundo. Este Salmo está dividido más como un programa de televisión que como una obra de teatro. Está presentado como si hubiera una cámara en la tierra y otra en el cielo. En nuestros días hemos experimentado algo parecido cuando se nos han ofrecido reportajes de exploraciones espaciales con una cámara instalada en algún planeta. Es un espectáculo emocionante y dramático.

Aquí en el Salmo 2 tenemos entonces un programa realizado por el Espíritu Santo en el cual Él usa dos cámaras de una manera dramática que supera la imaginación humana. En primer lugar, comienza a funcionar la cámara que opera en la tierra y entonces escuchamos la voz de las multitudes. Tenemos a este hombre insignificante desempeñando su pequeña parte, desempeñando su papel, como dijo Shakespeare: “Un actor deficiente que se pavonea y apura su actuación en el escenario de la vida”. Una vez que el hombre realiza su pequeña representación, la cámara de televisión en la tierra se desconecta y se pone en funcionamiento y escuchamos hablar a Dios el Padre. Después de su intervención la cámara se dirige hacia su lado derecho y Dios el Hijo tiene algo que decir. Luego, la cámara del cielo se apaga y la cámara de la tierra comienza a funcionar nuevamente y Dios el Espíritu Santo tiene la última palabra. En primer lugar tenemos entonces

La cámara enfocada en la humanidad

Y dispongámonos a presenciar este programa de televisión que comienza con la cámara situada en la tierra enfocando a los seres humanos. La presentación comienza con una pregunta que vemos en el versículo 1, y es la siguiente:

“¿Por qué se amotinan las gentes y los pueblos piensan cosas vanas?”

Las naciones aparecen alborotadas, sublevadas, y los pueblos conspirando y haciendo planes sin sentido. La palabra “vanas” significa “vacías”. Significa que aquello que ha enfurecido a las naciones paganas y las ha reunido en un gran movimiento de masas, un movimiento de protesta, nunca se cumplirá, no logrará sus objetivos. Así que se han reunido para un plan de inútil realización. Ahora, ¿cuál es ese plan? Leamos el versículo 2 de este segundo Salmo:

“Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes conspirarán contra el Señor y contra su ungido, diciendo”

Aquí vemos a un grupo variado que incluye a los gobernantes y a los líderes religiosos. No solo vemos a las multitudes implicadas en este movimiento de protesta sino también a la clase dirigente que se ha unido a la rebelión. Así que los que detentan el poder político y religioso se han unido en esta empresa.

Ahora, ¿Por qué están protestando? ¿Contra quién se han puesto? La respuesta es: contra el Señor y contra su ungido. La palabra “ungido” aquí en hebreo corresponde a “Mesías”. Esta palabra llevada al Nuevo Testamento corresponde a “Cristo”. O sea que aquí vemos un gran movimiento mundial contra Dios y contra Cristo.

¿Cuándo comenzó este movimiento? Las Sagradas Escrituras nos informan al respecto. En el libro de los Hechos, en el capítulo 4, cuando estalló la persecución contra la iglesia, se nos dice que los apóstoles Pedro y Juan, después de haber sido amenazados, regresaron a la iglesia para informar sobre la situación. En el versículo 4:24 vemos la reacción de los cristianos: 24Ellos, al oírlo, alzaron unánimes la voz a Dios y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios…

Aquí debemos hacer una pausa porque ésta es una de las cosas de las cuales la iglesia aún no está segura en la actualidad, y nos referimos a la frase: Señor, tu eres el Dios. Muchos no están seguros de que Él sea Dios. Se lo están pensando. Pero la iglesia primitiva no tenía dudas ni preguntas al respecto.

Y luego aquellos antiguos cristianos continuaron diciendo: que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor y contra su Cristo”. (Hechos 4:24-26). Ahora, en el versículo 27 tenemos la interpretación del Espíritu Santo: Y verdaderamente se unieron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato, con los no judíos y el pueblo de Israel, contra tu santo hijo Jesús, a quién ungiste. Aquí el Espíritu Santo nos dice que este movimiento estaba comenzando allá cuando Pilato se unió con los dirigentes religiosos y Herodes para dar muerte a Jesús. Esta fue un movimiento contra Dios, y contra Cristo, que fue aumentando progresivamente a través de los siglos, y que culminará en una revolución mundial contra Dios y contra Cristo.

Ahora, esto puede parecer increíble y alguien quizá diga: “Yo no creo realmente que el mundo se esté moviendo en esa dirección, ¿no le parece?” Bueno, debo decirle que así lo creo. ¿Podemos decir que el mundo está mejorando? Creo que así es. ¿Y no es cierto que se puede afirmar que está empeorando? Sí, es evidente que sí. Entonces, dirán algunos, ¿en qué quedamos? ¿Es que estamos tratando de quedar bien con dos opciones opuestas? Pues no, el caso es que ambas son ciertas. Es lo mismo que el Señor Jesús dijo en la parábola de la cizaña (Mateo 13:24-39). El Señor dijo que Él mismo era el sembrador y que Él estaba sembrando la semilla en el mundo. Y también dijo que vino un enemigo a sembrar cizaña entre el trigo. Los siervos quisieron ir a arrancar la cizaña. También en nuestra época algunos han considerado que debían dedicarse a la tarea de arrancar la cizaña. Un conocido maestro Bíblico nos contó que cuando comenzó su ministerio cristiano pensó que esa debía ser su tarea primordial y comenzó a hacerlo con verdadera dedicación. Pero pronto descubrió que no había sido llamado al ministerio cristiano para enderezar o corregir a nadie, ni a resolver ninguna situación ambigua. Dijo tener suficiente trabajo con corregirse a sí mismo, como para preocuparse de los demás. Es que el Señor mismo se encargará de clarificar la situación. En la parábola dijo que el trigo, es decir la buena semilla, que representaba a los hijos del reino, estaba creciendo, y que la cizaña, es decir, la mala semilla, que representaba a los hijos del malo, también estaba creciendo. Así que ambas semillas estaban creciendo juntas. Pero el Señor se ocupará de ello y a su tiempo, procederá a separarlas.

En la actualidad existe un crecimiento del bien. ¿Sabía usted que hay más enseñanza Bíblica hoy que en cualquier período de la historia del mundo? Por todo el mundo hay emisoras que están difundiendo por las ondas la Palabra de Dios. Los avances de la tecnología de los satélites permiten enviar la señal a las regiones más remotas de la tierra. Así que las Sagradas Escrituras se propagan hoy por una gran variedad de medios de difusión que eran inimaginables en otras épocas. Por ello decimos que el trigo, la buena semilla está creciendo. Pero debemos destacar igualmente que la mala semilla, la cizaña, también está creciendo y difundiéndose como nunca antes. El mal está aumentando rápidamente. Hay tanta oposición contra Dios y la persona de Cristo, que resulta increíble a los extremos que puede llegar. Todos nos hemos encontrado con diversas formas de oposición al mensaje de Cristo; hay formas más violentas, y otras más sutiles, que pasan casi desapercibidas.

En el siglo pasado hemos visto surgir naciones cuya filosofía y desarrollo político estaba basado en el ateísmo. Y esa situación no se había registrado en el pasado. En ese entonces, iban en la dirección opuesta. Ninguna nación en el mundo antiguo, el gran mundo pagano del pasado, era atea. Eran politeístas, es decir, que había naciones que creían en la existencia de muchos dioses y el culto de esa adoración impregnaba todos los aspectos de su vida política y social. Claro que aquella gente estaba demasiado cerca del origen de la revelación divina. El patriarca Noé conoció a alguien que había conocido a Adán. Cuando uno está cerca de la revelación de un Dios, no puede negar su existencia. En la época de Noé el mundo estaba lleno de violencia, pero el ateísmo no existía. No había ateos. Cuando Dios entregó los Diez Mandamientos, ninguno de ellos se dirigió contra el ateísmo, aunque sí se incluyeron dos contra el politeísmo, como vimos en Éxodo 20:3-4, que dice: 3»No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4»No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. Ahora con el paso de los siglos llegamos a la época del rey David, en la que al parecer debió haber muchos ateos. David se refirió a ellos en el Salmo 14:1, cuando escribió; Dijo el necio en su corazón; “no hay Dios”. Aunque los ateos puedan tener una gran preparación intelectual y títulos académicos, ya vemos que la Biblia les califica de otra manera.

¿Y qué diremos de la oposición a Jesucristo? Al parecer, mucha gente habla de Jesús y le admira. Entonces, ¿hay oposición o no? Lo que sucede es que se trata de una imagen de Jesús adaptada a las preferencias del ser humano actual. Es un Jesús que nunca existió. Es un hombre desconocido para las páginas de la Biblia. Por ejemplo, muchos no aceptan el nacimiento virginal de Jesús y creemos que deberían decirlo sin rodeos; porque muchas veces, para no causar una mala impresión, evitan referirse a su nacimiento. De la misma manera, niegan sus milagros y su muerte en la cruz por los pecados del mundo. La Biblia nos presenta a un Jesús que murió una muerte sustitutiva, vicaria por el pecado del hombre. Y se niega también Su resurrección corporal, física. Evidentemente, este Jesús que muchos aceptarían hoy no tiene nada que ver con el Jesús de las Sagradas Escrituras. Sin embargo, el Jesús que nosotros predicamos, estimado oyente, tiene un sólido apoyo documental en las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, el que acepta y cree en la descripción Bíblica de Jesús no tiene por qué ser calificado despectivamente como retrógrado, o fundamentalista. Porque, sinceramente hablando, ¿quiénes serían los retrógrados?

Pero es hacia este Jesús que describe e identifica la Biblia, hacia quien existe una creciente oposición que seguirá aumentando hasta una culminación futura.

Ahora, ¿cómo se manifiesta esa oposición, cómo se expresa? Pues exactamente como el Señor dijo que ocurriría. Regresemos al Salmo 2 y escuchemos el clamor de esa oposición leyendo el versículo 3:

“Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas”

¿Cuáles son las ataduras que Dios ha colocado sobre la familia humana? El matrimonio es una de ellas. Dios lo ha establecido para el bienestar de la humanidad, más allá de que implique a personas cristianas o no. Pero en la actualidad las personas no solo quieren liberarse de esa ligadura sino que lo están haciendo. Así que Dios es el responsable de la existencia de esa institución y quien proveyó esa hermosa relación de amor a este mundo. Pero en la actualidad, los hombres quieren evadir el carácter permanente de dicha relación, y sobre todo de las responsabilidades que ella implica.

Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas, dicen. Y esto nos recuerda a los Diez Mandamientos. No nos salvamos por cumplirlos, porque de todas formas, no podríamos hacerlo por nuestras propias fuerzas. Pero ahí están, para proteger la vida humana a nivel individual y la convivencia en sociedad. Pero entre los seres humanos prevalece la filosofía de liberarse de esta atadura, para poder ser supuestamente libres y que cada uno actúa como desee. Dios ha dicho que de esa manera, no funciona la vida personal, ni familiar, ni social. Porque tenemos una naturaleza física controlada por la maldad y las pasiones, y esa naturaleza necesita estar controlada. Pero la humanidad tiende a desatarse de toda restricción y control.

Y así resulta inquietante ver la situación en que se encuentra nuestro mundo. En el ambiente político vemos confusión y corrupción. En la esfera espiritual, vemos transigencia e indiferencia. Y en el ámbito social, un consumismo insaciable que conduce a un endeudamiento creciente, una lucha intensa por sobrevivir y una tendencia a la comodidad. La sociedad de la abundancia quiere tener las cosas disfrutando cada vez más de facilidades e invirtiendo el menos esfuerzo posible. Y si fuera posible, sin ningún esfuerzo. Realmente, es como para preocuparse. Pero prosigamos observando los escenarios del Salmo 2 y veamos en el versículo 4:

La cámara enfocando a Dios el Padre

Y surge la pregunta: ¿Cómo se siente Dios el Padre ante esta situación?

“Él que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos”.

Esa risa de Dios no es una risa de humor. La situación no tiene nada de divertida. ¿Entonces qué clase de risa es? Bien, mirémoslo desde el punto de vista de Dios, y vemos al hombre en su pequeñez, como una miniatura, presentándose amenazadoramente delante de Él, agitando su puño y desafiándole. Imaginemos a Dios contemplando esta escena ridícula. ¡Cómo no reír ante esta patética demostración! Esa escena no durará mucho tiempo. ¡Cuántos tiranos han desafiado a Dios, como quien desempeña un brevísimo papel en el escenario de la vida y en un momento, su actuación llegó a su fin, y la historia los ha arrinconado en el olvido! Leamos el versículo 5:

“Luego les hablará en su furor, y los turbará con su ira”

Aquí el salmista se refiere al juicio que vendrá sobre la tierra. ¿Qué efecto tendrá la oposición del hombre sobre el programa de Dios? Dios se está moviendo hacia el cumplimiento de Su propósito. Lo que el hombre en su insignificancia haga no le disuadirá de diferir el proceso. Él tiene un propósito doble en el mundo: tiene un propósito celestial y un propósito terrenal. Ahora mismo está llevando a cabo su propósito celestial: el escritor a los Hebreos lo expresó así en el versículo 2:10: llevar muchos hijos a la gloria. Dios está llamando de este mundo a un pueblo que invoque Su nombre, Este es su propósito actual. Sin embargo tiene el segundo propósito, que está definido en el versículo 6, que dice:

“Yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte”.

Dios se está moviendo y avanzando directa y constantemente, sin vacilar e inflexiblemente hacia el establecimiento del trono en que Jesucristo se sentará en esta tierra. Él no está demorando Su venida y vendrá según el calendario que Él ha previsto y no según las previsiones humanas. Porque desconocemos el tiempo de Su venida. Y ahora veremos

La cámara enfocando a Dios el Hijo

Aquellos que me están escuchando en este momento, y que están familiarizados con la teología, saben que el Señor Jesucristo es quien ejecuta todos los decretos de Dios. Y entonces el Hijo habla, diciendo lo que leemos en el versículo 7:

“Yo publicaré el decreto; El Señor me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy”.

Este versículo no se refiere al nacimiento del Señor Jesucristo. Y podemos ver fácilmente como lo interpreta el Espíritu de Dios en el Nuevo Testamento. Fue citado por el apóstol Pablo cuando predicó en Antioquia de Pisidia, Este fue uno de sus sermones más importantes: estaba hablando de la resurrección de Cristo y dijo, en Hechos 13:33, 33la cual Dios nos ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy”. La referencia al Salmo 2 no se refería al nacimiento de Jesús. EL nunca fue engendrado en el sentido de tener un principio. Esta fue más bien una referencia a Su resurrección. Cristo fue engendrado al salir de la tumba. Porque Él es el hijo eterno de Dios y Dios es el Padre eterno. Uno no puede tener un Padre eterno sin tener un Hijo eterno. Y ellos estuvieron en esa relación por toda la eternidad. Es su posición en la Trinidad. No tiene nada que ver con alguien naciendo, sino con alguien siendo engendrado de entre los muertos, o sea, con la resurrección. Y volviendo ahora al Salmo 2, leemos en el versículo 8, que el Padre continuó hablando:

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra”.

El cetro de este universo será sostenido por un Hombre con manos que tienen la señal de los clavos. Él es el que aun ha de reinar. Esto no se refiere al programa misionero. ¿Cómo tomará Él posesión de las naciones del mundo? ¿Predicando el evangelio? No. Escuchemos lo que dice aquí el versículo 9:

“Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás”.

Este pasaje no se refiere a la primera venida de Cristo a la tierra, sino a Su segunda venida, cuando regrese para juzgar a la tierra, para aplastar la rebelión. Quizás a muchos no les agrade esta perspectiva pero usted puede leerla en Apocalipsis 19. Leamos ahora los versículos 10 y 11, porque

La cámara enfoca al Espíritu Santo

“Ahora, pues, reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid al Señor con temor y alegraos con temblor”.

Dios, en la historia del mundo, siempre y sin excepción ha dirigido Sus mensajes a los gobernantes de este mundo. Al comienzo, con Faraón en Egipto; cuando José era su Primer Ministro; Daniel fue el Primer Ministro de Nabucodonosor en Babilonia, y más tarde lo fue de Ciro, rey de Persia. Dios presentó Sus mensajes a través de ellos a estos gobernantes. En el versículo 12 podemos leer lo siguiente:

“Honrad al Hijo, para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues se inflama de pronto su ira. ¡Bienaventurados todos los que en él confían!”

Un profesor de un Seminario teológico, el Dr. George Gill, acostumbraba a decir que ésta era la forma del Antiguo Testamento de decir: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, y eso es lo que el Espíritu de Dios está diciendo al hombre en la actualidad. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. Recordemos, en Mateo 26:50, lo que el Señor Jesús le dijo a Judas después que éste, al traicionarle, le besó: “Amigo, ¿a qué vienes?”. ¿Por qué le dijo eso? ¿No sabía por qué Judas le había besado? ¿Por supuesto que sí? ¿Entonces por qué le llamó amigo? ¿Qué le quiso decir? Sugiero lo siguiente: “Me acabas de besar, lo cual ha cumplido la profecía. Ahora eres libre para volverte a mí, y para transformar ese beso de traición en uno de aceptación. Eres un agente moral libre”. En el Salmo 2 el Espíritu Santo dijo: Honrad al Hijo, es decir, creed en el Señor Jesucristo y seréis salvos. Creed en el Señor Jesucristo, antes de que sea demasiado tarde. Y este es el mismo mensaje que el Espíritu Santo está comunicando hoy a la humanidad. Algún día el vendrá a establecer su reino sobre la tierra. Aplastará toda rebelión y reinará trayendo paz y armonía a esta tierra.

El mundo se parece hoy a la escena que observamos en los momentos previos al comienzo de un concierto, La orquesta se encuentra en el escenario y cada uno de los intérpretes se encuentra afinando su instrumento, concentrándose en sí mismo y olvidando a los demás. El sonido que se oye no puede expresar una mayor confusión. Pero llega el momento en que entra el director, y después de unos aplausos de bienvenida se hace produce un silencio total. Entonces levanta la batuta, y a su señal, todos los instrumentos comienzan a tocar en orden, en armonía, y la suma de todos interpretando su parte y todos juntos bajo la guía del director, producen un sonido hermoso, perfecto. Cuando el Señor Jesucristo venga y entre en la escena, todo aquel que no esté afinado con Él, será removido. Y entonces Él alzará su cetro, y todo el universo resonará en una armonía universal. Pero mientras ese día no llega, para mí como cristiano, es un privilegio inclinarme ante Él, llevando el pequeño instrumento de mi cuerpo y mi vida, afinado con Él, reconociéndole como mi Salvador y Señor. Estimado oyente, le invito cordialmente a hacer lo mismo.

Septiembre 19

Salmos 3 Y 4

Nuestro estudio hoy nos lleva al Salmo 3. En nuestro programa anterior terminamos el Salmo 2 y dedicamos bastante tiempo, tanto a éste como al Salmo 1. En el primer Salmo vimos al hombre perfecto, mientras que en el segundo vimos al hombre en rebelión, la rebelión de la humanidad contra el Dios Todopoderoso, y cómo todo llegará a su fin con el retorno de Cristo a este mundo. Ahora, desde el Salmo 2 hasta el próximo Salmo mesiánico que es el ocho, tenemos una verdadera escalera; y esta es la sección, como lo es el resto de los Salmos, que revela que en este libro hay una organización notable. Es decir, que la característica más destacable en cuanto a los Salmos es su arreglo sistemático. Usted puede ver esto al leerlos en continuidad. Así es que, desde el Salmo 3, hasta el Salmo 8, tenemos una especie de puente. Nos gusta pensar en esta sucesión de canciones como una escalera; uno sencillamente sigue ascendiendo hasta encontrar la pausa siguiente que es el Salmo Mesiánico, o sea el Salmo ocho.

Vimos en el Salmo 2, en forma profética por supuesto, el rechazo del Ungido de Dios y el Mesías. Y nosotros sabemos algo de eso en la actualidad. Después de más de 2000 años, Él aún es rechazado por el mundo. En el Salmo 8 que es el siguiente Salmo Mesiánico, vamos a ver la profecía de cuando Él, que es el Hijo del hombre, pondrá todas las cosas bajo Su control en Su victoria final sobre el hombre. Ahora, estos cinco Salmos que tenemos ante nosotros proveen el ligamento que une a estos dos Salmos mesiánicos, el 2 y el 8. Describen principalmente al remanente piadoso de Israel durante el tiempo de la ausencia del Mesías de la tierra. Y en especial, durante ese fin de las edades que conocemos como el período de la Gran Tribulación; así lo llamó el Señor Jesús mismo: el período de la Gran Tribulación. Tenemos aquí el registro de todas las penas, los dolores y sufrimientos, las confusiones y los problemas y sus pecados. Todo está aquí. También podemos ver aquí la confianza en Dios y las promesas de Dios, así como las oraciones que se elevan solicitando liberación, salvación, de parte del remanente piadoso.

Encontramos también aquí que todos los santos de Dios comparten en este mundo las mismas aflicciones, los mismos sufrimientos, indiferentemente de quienes sean, dónde vivan o en qué período de la historia hayan vivido; el consuelo que estos Salmos proporcionan es para todos los hijos de Dios. Hay varias maneras de considerar a estos salmos. En primer lugar la interpretación principal concierne a la experiencia personal de David. Después tenemos la aplicación directa, y creemos que es una aplicación directa a la nación de Israel, y al remanente piadoso en la gran tribulación. Pero también tenemos una aplicación para el pueblo de Dios en todas partes, en cualquier época de la historia del mundo. Así es que cuando nosotros observamos los Salmos desde ese punto de vista, en realidad se convierten en algo que tiene mucho mayor significado para nosotros.

Tenemos ahora ante nosotros el Salmo 3. Se le llamó un Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo. (El relato histórico lo encontramos en 2 Samuel 15 al 18) Este título nos dice mucho acerca de este Salmo. Esto es lo que David pensaba cuando huía de la ciudad de Jerusalén cuando su propio hijo se había rebelado contra él. Por tanto, esto hace de este Salmo algo muy real, porque es producto de la experiencia personal de David. Usted se da cuenta que este hombre estaba en una posición bastante difícil; era un proscrito, un fugitivo de su propia ciudad, que se llamaba la ciudad de David, Jerusalén, y de su pueblo que él gobernaba, porque su hijo Absalón se había rebelado contra él y estaba tratando de quitarle la vida. Uno no puede sino sentir simpatía por David durante esta experiencia desgarradora.

Recordemos que cuando estudiamos la sección histórica de la Biblia, David estaba huyendo y el enemigo lo estaba maldiciendo y uno de sus propios capitanes, Joab le dijo: “déjame que vaya y le clave mi lanza”, pero David se negó. David sabía que lo que le estaba ocurriendo en su vida era aquello que el profeta Natán había profetizado y formaba parte del castigo de Dios por su pecado (2 Samuel 12:11). El profeta le había dicho a David de parte de Dios: “Yo haré que de tu misma casa se alce el mal contra ti. Tomaré a tus mujeres delante de tus ojos y las entregaré a tu prójimo. Recordemos que David no se saldría con la suya en cuanto a sus pecados. ¿Por qué sucedería esta desgracia? Porque David había pecado gravemente. Pero Dios lo había perdonado a él por medio de Su gracia, y lo había restaurado; pero él tenía que cosechar el fruto, de su pecado, y estas consecuencias le llegaron por medio de la rebelión de su propio hijo Absalón. Sus enemigos habían aumentado en gran manera porque las simpatías de los hombres de Israel estaban con Absalón. En realidad eso es lo que dice la Escritura, que los corazones de los hombres iban detrás de Absalón. Él era un hombre joven, atractivo, y por supuesto era un político bueno e inteligente, y era capaz de prometer a la gente muchas cosas que en realidad no podría cumplir.

Y durante esa época de la rebelión de Absalón hubo muchos que se levantaron contra David. Y él tuvo que salir de Jerusalén descalzo y llorando. Y así, lamentándose, cruzó la corriente de Cedrón; y pareció que no habría ninguna clase de ayuda para él. Bueno, con estos antecedentes históricos, entonces escuchemos lo que David dijo. Tenemos el primer versículo del

Salmo 3

“¡Señor, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí”

Este fue el clamor que salió del corazón de David cuando tuvo que abandonar Jerusalén y dijo entonces en el versículo 2:

“Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Selah”

Muchos decían que Dios lo había desamparado, que no podría esperar alguna ayuda de Él. Pero Dios no le había abandonado. Cuando alguien dice: “yo no puedo comprender cómo Dios pudo aguantar a un hombre como David” nos sentimos inclinados a decirle: “Bueno, si Dios soportó a David de tal manera, eso quiere decir que Él puede aguantarnos a usted y a mí”. Sintámonos agradecidos por tener un Dios como Él. Él soportó al rey David y perdonará a cualquier persona que se acerque a Él con una actitud de arrepentimiento. Pero eso no quiere decir que David no tuvo que sufrir las consecuencias de su pecado.

Al final del versículo 2 encontramos la palabra “Selah”. Ha habido mucha discusión acerca del significado de la palabra “Selah”. Se menciona 71 veces en los Salmos. Creemos que los Salmos fueron preparados especialmente para la música, para ser acompañados por una orquesta, y para ser cantados por coros. Sin duda que Jerusalén llegó a ser famosa por todo el mundo y mucha gente llegaba a la ciudad desde cerca y de muy lejos para escuchar la música y el canto de estos Salmos. Creemos que esta palabra indicaba un descanso, una pausa musical. Creemos que para una persona que no entienda mucho de música, este término debe entenderse como una invitación a detenerse, mirar y escuchar, como algunas señales que encontramos en la carretera para el tráfico, para poner mayor atención, mirar, o detenerse. Es que cuando nos acercamos a estos hermosos Salmos deberíamos detenernos, mirar y escuchar en silencio para meditar. Así que la palabra “Selah” nos recuerda esto. Es lo que debemos hacer al aproximarnos a la Palabra de Dios. La palabra Selah probablemente indicaba el final de la primera estrofa de este salmo. Ahora en el versículo 3 dijo:

“Mas tú, Señor, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.

David expresó aquí su profunda confianza en Dios. Él sabía que a pesar de las circunstancias, a pesar del peligro que le acechaba, Dios estaba alrededor de él, cuidándole y protegiéndole como un escudo. Y dijo entonces, en el versículo 4:

“Con mi voz clamé al Señor y él me respondió desde su monte santo. Selah”

Una vez más, David expresó aquí la certeza que Dios le había respondido, que Dios estaba atento a su clamor. Él había clamado y había recibido respuesta de Dios, y por eso dijo: Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde Su monte santo. Y una vez más tenemos esta palabra Selah que marcaba probablemente el fin de la segunda estrofa. )

Ahora en los versículos 5 y 6 el salmista dijo:

“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sustentaba. No temeré ni a una gran multitud que ponga sitio contra mí”.

A este Salmo se le ha llamado “el Salmo de la mañana”. Es un Salmo muy bueno para dar comienzo al día. A pesar de todos los problemas y dificultades que David tenía, confió en el Señor. Él podía dormir al llegar la noche sin necesidad de tomar algo parecido a lo que nosotros podemos tomar en la actualidad para ayudarnos a dormir. Él simplemente confiaba en el Señor, apoyaba su cabeza confiadamente sobre las promesas de Dios, y así podía dormir y descansar.

Luego dijo: y desperté, porque el Señor me sustentaba. Y además pudo decir que no sentiría miedo aunque un ejército enorme le acosara. Aun si todo el mundo estuviera en contra suya, no tendría temor.

Cromwell fue considerado un hombre muy valiente. Alguien le preguntó en cierta ocasión: ¿Cómo explica usted su gran valentía? Y Cromwell respondió: “Es que yo temo a Dios y es por eso que no le temo a ningún hombre”. Martín Lutero también asumió la misma actitud. Si hubiera más temor a Dios en la actualidad, estimado oyente, habría menos miedo a expresar las convicciones propias y, por supuesto, con la debida prudencia y respeto por las opiniones de los demás. Y David sintió ese valor debido a su temor reverente de Dios. Escuche lo que dijo a continuación en el versículo 7:

“¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío! Tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos rompiste”.

Realmente se siente dolor al ser herido en la mejilla. Cuando lo golpean a uno en la mejilla, lo pueden hacer perder el conocimiento. Y David probablemente lo había experimentado. Y dijo también que Dios había quebrado los dientes de los malvados, de manera que ya no le podrían morder más. Escuchemos lo que dijo en el versículo 8:

“La salvación es de Jehová. ¡Sobre tu pueblo sea tu bendición! Selah”

Esta fue una gran declaración. Lo que quiere decir aquí es que el Señor es el autor de la salvación. David nunca pensó que la salvación fuera como una moneda que uno podía poner en su bolsillo y luego perderla. Él nunca pensó que la salvación fuera algo en lo cual él tenía que trabajar para obtenerla. La salvación era un don, un regalo de Dios.

Y luego esa maravillosa palabra nuevamente, “Selah” que nos invita a detenernos, escuchar y reflexionar. En este Salmo David pronunció algunas verdades maravillosas acerca de Dios. Por ejemplo, en el versículo 3 dijo, “Mas tú, Señor, eres escudo alrededor de mí”. Como un escudo, Dios cubre a los Suyos para protegerles. En Efesios 6:16 se nos dice que como creyentes debemos tomar el escudo de la fe, y David sabía algo de lo que podía hacer un escudo, pues Él lo usaba con frecuencia. Luego dijo que Dios era también su “gloria”. Es decir, que creía en la presencia de Dios. Recordemos que la nube de gloria cubría a Israel. Era una señal visible de la presencia de Dios en medio de Su pueblo. Hoy nosotros andamos, vivimos por la fe y la gloria de Dios está con nosotros, estimado oyente. Él se convierte en una realidad en aquellos que le aman. Y David también lo identificó como el que levantaba su cabeza. Ahora, ¿qué quiso decir con esto? Él le había prometido a David una casa, le dio a él una bendición, una gloria y un reino, y David dijo aquí: “Él va a levantar mi cabeza”. Y hoy, estimado oyente, quizás nos sintamos caídos, pero Él nos puede levantar. Este es un salmo maravilloso, ¿no le parece?

Tenemos ahora el siguiente salmo, el

Salmo 4

que continúa con la misma idea. También le hemos dado un título a este Salmo. El Salmo 3 era el “hombre perfecto rechazado”, y ahora aquí tenemos el “conflicto entre la mujer y la serpiente”. Eso es lo que está ocurriendo en el mundo en la actualidad. Este Salmo también fue llamado un Salmo vespertino, ya veremos por qué. Las divisiones de éste breve Salmo son las siguientes: En los primeros tres versículos tenemos un lamento; tenemos luego una corrección en los dos versículos 4 y 5; y después, para finalizar, tenemos la confianza en los versículos 6 al 8.

Este Salmo tiene una inscripción musical. Su título dice: “Al músico principal; sobre Neginot, Salmo de David”. Ahora, ¿Qué es esto de Neginot? Bien, aparentemente tuvo que ser algún tipo de instrumento, y la creencia general es que se refería a un instrumento de cuerdas. Así que probablemente este Salmo era acompañado por instrumentos de cuerdas.

Como dijimos, el Salmo comienza con un gran lamento. El gran refugio del pueblo de Dios en tiempos de dificultades es siempre la oración. Y Dios es su escudo; como ya hemos visto. Escuchemos lo que dice aquí el primer versículo de este Salmo 4:

“¡Respóndeme cuando clamo, Dios, justicia mía! Cuando estaba en angustia, tú me diste alivio. Ten misericordia de mí y oye mi oración”.

Esta angustia aquí se refiere a las presiones que sufrimos en esta vida y que son bastante grandes. Nos enfrentamos a grandes presiones en la actualidad y necesitamos el aliento, el estímulo que encontramos en la Palabra de Dios. Y tenemos la seguridad que se nos da en el Salmo 145, versículo 18, donde leemos: “Cercano está el Señor a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras”. Tenemos también una maravillosa promesa de Dios en el Salmo 50, versículo 15, donde dice: “Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás”. Y en Isaías 65, versículo 24 Dios nos dice “Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído”. Y luego el Salmo 18, versículo 6, es muy personal, pues dice: En mi angustia invoqué al Señor y clamé a mi Dios. ÉL oyó mi voz desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos. También tenemos algo en el Salmo 55, versículo 16, donde dice: “En cuanto a mí, a Dios clamaré y el Señor me salvará”. Así también podemos leer en el Salmo 86, versículo 7: “En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes”. Finalmente en el Salmo 91, versículo 15 dice: “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré”. La Biblia está llena de estas maravillosas promesas, y ese es el clamor del salmista, que Dios esté con él. Luego dijo en los versículos 2 y 3, de este Salmo 4:

“Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? Selah. Sabed, pues, que el Señor ha escogido al piadoso para sí; El Señor oirá cuando yo a él clame”.

¡Esto es maravilloso! Dios oirá nuestra oración. Luego en los dos versículos siguientes tenemos la corrección, que es una clase de advertencia. En el versículo 4, de este Salmo 4, leemos:

“¡Temblad y no pequéis! Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah”

Hay que destacar que en la actualidad no observamos este tipo de temblor ante la presencia del pecado. Luego dijo en el versículo 5:

“Ofreced sacrificios de justicia y confiad en el Señor”.

El apóstol Pablo expresó este pensamiento en Efesios 4:26; “Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Ahora llega a la confianza, la seguridad de la fe, como vemos en el versículo 6:

“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?. Alza sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro”.

Muchas personas están diciendo: “Pues bien, las cosas van de mal en peor. Nada sale bien en estos días”. ¡Cómo necesitamos que sobre nosotros brille la luz del rostro del Señor! Luego, en el versículo 7, dijo:

“Tú diste alegría a mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”.

David era como nosotros. Su corazón fracasó en medio de los problemas. Alrededor de él se encontraban los incrédulos, su propio pueblo, que se burlaban de él diciendo: “Dios no va a hacer nada por él”. Pero Dios sí que hizo algo por David. Escuchemos nuevamente el versículo 7: 7Tú diste alegría a mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. David fue consciente de que Dios era bueno con él. Y estimado oyente, Dios también es bueno con nosotros.

Y ahora veamos como concluye este Salmo vespertino. Leamos versículo 8, de este Salmo 4:

“En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado”.

Estimado oyente, ¿necesita usted un tranquilizante para dormir? ¿Ha probado alguna vez este Salmo 4? Es mucho mejor que cualquier recurso humano que uno pudiera utilizar. Qué maravillosos son estos Salmos para todos nosotros en la actualidad, y qué significado profundo tienen para el pueblo de Dios en el día de la aflicción. Si alguna noche, estimado oyente, si usted no puede dormir porque está afligido o agobiado por algún problema, levántese y lea este Salmo 4; medite en estas palabras y pregúntese si tiene usted una relación con Dios que le permita dirigirse a Él de esta manera, con esa confianza, con esa seguridad que Él le está escuchando. Y es inevitable recordar aquí las palabras de Jesús, pronunciadas en Mateo 11:28: Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Septiembre 20

Salmos 5, 6 y 7

Llegamos hoy, estimado oyente, al Salmo 5, que se encuentra en esta sección que forma una especie de escalera entre el primer Salmo Mesiánico, el Salmo 2, y el segundo Salmo Mesiánico que es el Salmo 8. En realidad, estos Salmos 3 al 7 nos cuentan una historia. En primer lugar, estos representan la experiencia personal del rey David. En segundo lugar, revelan proféticamente el cuadro de la nación de Israel durante el período de la gran tribulación. También tienen una aplicación muy real para nosotros en la actualidad, por los grandes principios que son mencionados aquí. Tienen un mensaje para el pueblo de Dios de todas las edades y todos los tiempos.

Ahora, al llegar al Salmo 5, nosotros lo titulamos como “El hombre perfecto en medio de sus enemigos”. Este es un Salmo que fue escrito por David, y tiene la siguiente inscripción: “Al director musical; sobre Nehilot”. El Salmo 4, que vimos en nuestro programa anterior, decía Neginot, que se refería a un instrumento de cuerdas. En este Salmo 5, “Nehilot” se cree generalmente que se refiere a un instrumento de viento, concretamente flautas. Como usted ya sabe, David, era el dulce salmista de Israel, preparó la mayoría de estos Salmos para la música. Este Salmo probablemente fue cantado por un coro, y acompañado por flautas. Tratando de definir el tono y el carácter de este Salmo, Pridham, un estudioso de la Biblia dijo: “Es una oración de fe, que surge de un corazón en el cual el discernimiento de Dios como un escudo y galardonador de aquellos que le buscan, aparece expresado junto con un profundo sentido de la maldad y perversidad que se presenta diariamente ante la contemplación de los fieles. El disgusto del alma a causa de la abundancia de la iniquidad, es una característica importante en su expresión general”. Pridham también pronunció esta interesante declaración: “Por lo tanto, la paciencia se ha forjado en la tribulación, y la alegría abunda en la esperanza segura de libertad, que es solamente diferida por los consejos de un amor infalible”. Creemos que estas palabras resumen adecuadamente el contenido de este magnífico Salmo. Se le ha llamado “Salmo de la mañana” y observemos como comienza leyendo los primeros tres versículos:

“Escucha, Señor, mis palabras; considera mi gemir. Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré”.

Es una oración matutina, en la cual el salmista eleva su voz a Dios al despertar. La mañana es un momento muy apropiado para que el corazón se dirija a Dios en oración.

Observemos ahora lo que dice este Salmo, en los versículos 4 hasta el 7:

“Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad, el malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará el Señor. Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu Casa; adoraré con reverencia hacia tu santo Templo”.

Este es el consuelo que puede disfrutar las personas piadosas. Y cuando usted observa alrededor suyo hoy, puede sentirse como nosotros abatido al ver como predomina el mal. Es algo que hace sentir una profunda tristeza interior. Pues bien, ¿cuál es el consuelo de las personas fieles a Dios en días como estos? Bueno, el salmista nos lo dirá. El odio que él siente en su propio corazón hacia el mal revela que él está de parte de Dios. Dios también detesta ese mal al mirar a este mundo controlado por la maldad. Esa maldad que no agrada a Dios ni a aquellos que conocen a Dios. El mal no tiene cabida en él. Como dijo Juan en su primera carta, en el capítulo 1, versículo 5: “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él”. Por su parte el profeta Habacuc, cuando Dios le dijo que los caldeos iban a invadir la tierra de Dios, lo expresó de manera parecida y dijo en el capítulo 1, versículo 13: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio”. La maldad puede prosperar por un tiempo, pero se acerca implacablemente el día que traerá destrucción y vergüenza eternas a aquellos que practican las mentiras y la iniquidad. Dios ha expuesto eso con mucha, pero con mucha claridad; que se acerca un día de juicio y que el mal de hoy no prevalecerá. Dios lo ha comunicado en el libro de Apocalipsis, capítulo 21, versículo 8, que dice así: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. No somos nosotros sino la misma Biblia la que anuncia que el juicio de Dios vendrá sobre la tierra.

Ahora, en los versículos 8 y 9, de este Salmo 5, leemos lo siguiente:

“Guíame, Señor, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino. En la boca de ellos no hay sinceridad; su interior está lleno de maldad, sepulcro abierto es su garganta, su lengua es mentirosa”.

Lo que él estaba diciendo aquí era que los enemigos lo estaban observando. Ellos querían que él tropezara y cayera, pero él quería glorificar y honrar a Dios. Por tanto él estaba orando a Dios que no le dejara tropezar y caer, que lo guiara y oró con estas palabras: “Endereza delante de mí tu camino, en la boca de ellos no hay sinceridad; su interior está lleno de maldad, sepulcro abierto es su garganta”. Por cierto, estas palabras fueron citadas en Romanos 3:13 por el apóstol Pablo de la siguiente manera: “Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan”. No son sinceros, no parecen conocer cuál es la verdad porque no la dicen.

Ahora, los versículos 10 al 12, dicen:

“¡Castígalos, Dios! ¡Caigan por sus mismas intrigas! Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, porque se rebelaron contra ti. Pero alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre. Tú, Señor, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor”.

La oración es el recurso del ser humano cuando ve la maldad que le rodea. Ora pidiendo aquella guía que le capacitará para vivir de una manera tal que no traiga descrédito o desprestigio al nombre de Dios.

En el versículo 10 el Salmista le pidió al Señor que destruyese al enemigo. Esta es la primera oración imprecatoria registrada en los Salmos, es decir, una oración en la que se expresa un vivo deseo de que alguien sufra un mal. Más adelante tendremos oportunidad de desarrollar este tema. Hay ciertas oraciones que David pronunció en las que pidió a Dios justicia; le pidió que interviniera y que trajese juicio. Algunas de ellas fueron muy duras. El profeta Isaías oró de la misma manera en 64:1-2, diciendo: ¡Si rasgaras los cielos y descendieras y ante tu presencia se derritieran los montes,

“Como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas! Así harías notorio tu nombre a tus enemigos y las naciones temblarían ante tu presencia. Es que la justicia tiene que caer algún día sobre los transgresores. Las Sagradas Escrituras dejan bien en claro que Dios tomará venganza sobre los que practican el mal”.

Recordemos que el Señor Jesucristo, en Lucas 18:3-8, mencionó una parábola sobre una mujer que presentó su caso ante un juez, rogándole: que oraba diciendo: “Hazme justicia de mi adversario”. 4Él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: “Aunque ni temo a Dios ni tengo respeto a hombre, 5sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo me agote la paciencia”». 6Y dijo el Señor: «Oíd lo que dijo el juez injusto. 7¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8Os digo que pronto les hará justicia. Y así fue que David, en su día, oró por venganza.

Debemos decir que si un creyente hace una oración de esta clase en esta época, está cometiendo un pecado. Aquí es donde creemos que una interpretación adecuada de las Escrituras es esencial. Hay muchas personas que quisieran quitar esta porción de la palabra de Dios. Hay incluso gente que dice que no es una parte de la Biblia porque esta no es una expresión propia de un cristiano. En realidad, nadie dijo que lo fuera. Esta clase de oración será para el pueblo de Dios en la gran tribulación. En aquel día la gente que se encuentre bajo la ley pronunciará este tipo de oración, tal como lo hicieron en el pasado cuando estaban bajo la ley. Y Dios tiene toda la intención de oírlos y de traer venganza sobre sus enemigos. Pero en nuestra época, nosotros tenemos que actuar de forma diferente. Para nosotros la regla se encuentra en Mateo 5:44, donde Jesús dijo: 44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen. Y esto es algo difícil de hacer, pero eso mismo es lo que el Señor nos pidió que hiciéramos. Y San Pablo en Romanos 12:19 escribió: 19No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor». Dios estaba diciendo que Él se haría cargo de las represalias. Cuando alguien nos da un golpe, nuestra naturaleza humana nos impulsa a devolver el golpe. Pero cuando tomamos el asunto en nuestras propias manos, no estamos viviendo cerca de Él y por la fe. Dios quiere que confiemos en que Él se hará cargo de nuestros enemigos.

Recordemos que cuando Él estuvo en este mundo, fue tratado de una forma brutal, pero Él no devolvió los golpes recibidos. Y Él quiere que aquellos que son suyos y que forman parte de la iglesia en la actualidad, adopten la misma actitud. No debemos olvidar aquella declaración en la que Dios dijo: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Dios tiene la intención de hacerse cargo de esa situación en un día futuro.

Este es también un hermoso Salmo, que será de gran consuelo al pueblo de Dios en tiempos de severa persecución.

Y así llegamos al

Salmo 6

Ahora, el Salmo 6 lo hemos titulado: “El hombre perfecto en medio de la disciplina”. Algunos lo han descrito como un clamor por misericordia. Bien, la razón es que este hombre ha mirado a su alrededor y ha visto toda la maldad que lo rodea. También ha mirado a su propio corazón y reconocido que de ninguna manera es perfecto ante Dios. Si los Salmos anteriores han tenido que ver con la mañana y el atardecer, este Salmo tiene que ver con la noche más oscura. Este Salmo está dirigido al director musical, en Neginot, sobre Seminit. Se nos presenta aquí un término nuevo, Seminit, que quiere decir “sobre la octava”. Algunos creen que debía ser cantado por voces masculinas y otros, que debía ser acompañado con instrumentos de ocho cuerdas. El Salmo 5, como dijimos, era un Salmo imprecatorio y el Salmo 6, es un Salmo penitencial, un clamor de arrepentimiento, un pedido de clemencia, de gracia. Escuchemos lo que dicen los cuatro primeros versículos:

“Señor, no me reprendas en tu enojo ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, Señor, porque estoy enfermo; sáname, Señor, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Señor, ¿hasta cuándo? Vuélvete, Señor, libra mi alma. ¡Sálvame por tu misericordia!”

Usted puede ver aquí que el autor fue consciente de su propia necesidad. Y al hacerlo, surge un gran clamor de arrepentimiento. Y a continuación, tenemos su confesión, que podemos leer ahora en los versículos 5 al 7 de este Salmo 6:

“Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el sepulcro, ¿quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores”.

Creemos que tenemos aquí un cuadro de David, y un cuadro del Señor Jesucristo. Tenemos también un cuadro de Israel en los últimos días, y un cuadro de los cristianos de esta misma época en la que vivimos usted y yo. Es un Salmo hermoso. Es un clamor por misericordia que surge de las profundidades de la desesperación. Y sólo la misericordia nos puede salvar. En el Nuevo Testamento se nos dice una y otra vez que Dios es rico en misericordia, en compasión. Él tuvo la compasión para usted y para mí, estimado oyente. Él tiene mucha compasión y ciertamente la necesitamos, En Isaías 52:14 el profeta dijo del Señor Jesús: “Como se asombraron de ti muchos (pues de tal manera estaba desfigurada su apariencia, que su aspecto no parecía el de un ser humano”. En el Salmo 69, versículo 3 el Señor dijo: “Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios”. Y nuevamente, en el Salmo 42, versículo 3 dijo también el Señor: “Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días; ¿dónde está tu Dios?” Y luego el Salmo 38, versículo 10 dijo: “Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me falta ya”. Y por último, en el Salmo 88, versículo 9 dijo el Señor: “Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; te he llamado, Señor, cada día; he extendido a ti mis manos.

En todas estas expresiones, y sólo hemos mencionados algunas, el Espíritu de Cristo habla proféticamente de Su propio sufrimiento, por el cual Él pasaría en los días de Su humillación.

Y su pueblo, la nación de Israel, ese remanente en la Gran Tribulación, también tendrá que pasar por el sufrimiento. En la actualidad, muchos de los creyentes en Cristo están soportando sufrimientos. Pero el consuelo es saber que Él ya ha pasado por el sufrimiento. Y lo ha soportado. No importa lo que usted esté pasando hoy; Cristo mismo ya lo ha soportado y Él puede consolarle. ¡Qué maravilloso es tener un Salvador como el Señor Jesucristo! El salmista dijo entonces en el versículo 8, de este Salmo 6:

“¡Apartaos de mí, todos los hacedores de maldad, porque el Señor ha oído la voz de mi lloro!”

Y aquí tenemos la respuesta a la oración; Como dice el versículo 9:

“El Señor ha oído mi ruego; ha recibido el Señor mi oración”.

Y en cuanto al Señor Jesucristo, se nos dice en la epístola a los Hebreos, capítulo 5, versículo 7: “Y Cristo, en los días de su vida terrena, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, y fue oído a causa de su temor reverente”. Y esa es nuestra confianza hoy. Dios oirá y contestará la oración cuando estemos en medio de grandes problemas. ¿No es acaso un consuelo para usted, estimado oyente? Puede que usted se encuentre en este mismo momento en una situación muy difícil. Si así es, este Salmo es para usted.

Llegamos ahora al

Salmo 7

Alguien ha dicho que sobre este Salmo debería haberse escrito lo siguiente: “El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”

Antes del Salmo figura la inscripción: “Sigaión de David, que cantó al Señor acerca de las palabras de Cus hijo de Benjamín”. Aunque no podemos ser dogmáticos sobre el significado de “Sigaion”, se ha pensado que podría significar “gritar”. Aquí tenemos entonces a David clamando en una canción. ¡Quién hubiera podido escucharle! Este Salmo es un lamento en voz alta. Creemos que revela proféticamente la persecución y sufrimientos finales del remanente de Israel que temerá a Dios durante el período de la gran tribulación. Es un clamor contra quién la Biblia llama “el hombre de maldad”, tema que continúa en el Salmo siguiente. Observemos la confianza de David en la oración. Leamos los versículos 1 y 2 de este Salmo 7:

“Señor, Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león y me destrocen sin que haya quien me libre”.

¿Quién es ese león? Es Satanás, de quién San Pedro dijo que estaba merodeando. Por ello dijo en su primera carta, 5:8, “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Luego el salmista habló de una persecución injusta; leamos los versículos 3 y 4:

“Señor, Dios mío, si de algo soy culpable, si hay en mis manos injusticia, si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo o he despojado al que sin causa era mi adversario”

El sufrimiento injusto del inocente en este mundo es algo que no comprendo. Y no propongo entenderlo pero quisiera decirle lo siguiente, estimado oyente. Yo sé que hay Alguien que sí lo comprende, y que Él nos lo explicará algún día. Hay cosas en mi vida, y estoy seguro que hay cosas en su vida también que ni usted ni yo comprendemos. Yo no puedo explicar su problema, porque yo ni siquiera saber por qué he tenido que pasar por ciertas cosas. Pero el Señor nos las va a explicar algún día.

Ahora llegamos a una hermosa parte. Esta no es la oscuridad de la noche que vimos en el Salmo 6, sino que es la luz de la mañana. Leamos el versículo 6:

“¡Levántate, Señor, en tu ira! ¡Álzate en contra de la furia de mis angustiadores y despierta en favor mío el juicio que mandaste!”

Aquí el autor pidió que Dios le vengase. Y continuó diciendo en el versículo 11:

“Dios es juez justo; y Dios está airado contra el impío todos los días”.

Por más que nosotros podamos ver la inmoralidad en estos días, y que la gente la considere normal, Dios no la aprueba. Él no está cambiando sus normas para acomodarlas al pensamiento contemporáneo. Por todo ello podemos cantar junto con David, las siguientes palabras del versículo 17 de este Salmo 7

“Alabaré al Señor conforme a su justicia y cantaré al nombre del Señor, el Altísimo”.

Si, es cierto Él fue llamado el Altísimo. Como dijo el profeta Isaías, Él vive en el lugar alto y sagrado, pero también está con el humilde y el afligido para darle ánimo y aliento. Estimado oyente, usted puede dirigirse a Él con sus propias palabras y Él se acercará para darle el consuelo y la paz que le dio al autor de este Salmo

Septiembre 21

Salmo 8

Estimado oyente, en el día de hoy llegamos al Salmo 8. Llegamos al segundo de los grandes Salmos Mesiánicos. El Salmo 2 fue el primero, y este, el Salmo 8 es el segundo Salmo Mesiánico. Estos se llaman Salmos Mesiánicos porque son citados en el Nuevo Testamento y hacen referencia directa al Señor Jesucristo. Ahora, este Salmo 8 es citado tres veces en el Nuevo Testamento. El Señor Jesucristo mismo hizo mención de este Salmo. Recordemos que Mateo 21 registró lo que se llama la entrada triunfal en Jerusalén; en el versículo 9 se dice que los jóvenes clamaban en el templo “Hosanna al Hijo de David”, y los principales sacerdotes y los escribas le dijeron al Señor Jesucristo: “¿Oyes lo que éstos dicen?” Y Jesús les dijo: “Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que aún maman fundaste la fortaleza?” Eso se encuentra en el evangelio según San Mateo, capítulo 21, versículo 16. Y Él está citando el Salmo 8:2 que hoy tenemos ante nosotros. Cuando Él hacía mención de este pasaje de la Escritura, el Señor Jesucristo les estaba diciendo a ellos que sería una buena idea si ellos leyeran la Escritura y entendieran lo que allí se estaba indicando.

La segunda cita se encuentra en la Primera Epístola del apóstol San Pablo a los Corintios, capítulo 15, versículo 27, en lo que nosotros llamamos el “Capítulo de la Resurrección”. De allí se tomó esta cita: “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies”. Pues bien, era muy obvio que esta cita salió de este Salmo y que no se refería a nuestro tiempo, como el apóstol Pablo en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículo 28, dijo: “Pero luego que todas las cosas le estén sujetas,..”.

En la actualidad no vemos que todas las cosas le han sido sometidas y ello, con toda seguridad. Sin embargo, la cita más completa se encuentra en la epístola a los Hebreos, capítulo 2, y allí está muy claro que el Salmo 8 se estaba refiriendo al Señor Jesucristo. Permítanos leer los versículos 5 al 8, de este capítulo 2, de la epístola a los Hebreos, donde dice: “Dios no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando: Al contrario, alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo del hombre, para que le visites? Todo lo sujetaste bajo sus pies. En cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no le sea sujeto; aunque todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. Nuevamente nos llama la atención hacia el hecho de que nosotros, usted y yo, estimado oyente, vivimos en un día en que todas las cosas no están sujetas bajo Su control. Así es que obviamente este Salmo 8 mira hacia el futuro.

En la carta a los Hebreos, capítulo 2, versículo 9, seguimos leyendo; Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentase la muerte por todos. Aquí se ve claramente que el Salmo 8 hace una referencia directa al Señor Jesús.

Podemos ver cómo comienza este segundo gran Salmo Mesiánico, que dice “Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” Y termina también diciendo: “¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”

Ahora, eso no es una referencia a la hora presente, en la cual estamos viviendo. El nombre de Dios no es considerado hoy muy grande y honrado en todo el mundo. Uno puede escuchar a personas de todas las edades y condiciones usando el nombre de Dios en vano, de forma despectiva o para maldecir. La verdad es que la gente no está hablando mucho de Dios. Y lo que se dice, no contribuye precisamente a su honra ni engrandecimiento.

Hace algún tiempo hubo un programa documental por la televisión sobre ciertos hombres que habían escalado el monte Everest. Ellos decían que cuando lograron alcanzar la cima de la montaña, los vientos eran terribles y que parecía que la montaña estuviera hablando y diciéndoles que el hombre en realidad no era nada. Pero no hicieron ninguna mención de Dios. Nunca hemos tenido oportunidad de escalar una montaña como el Everest, pero es como cualquier otra montaña en el mundo. Debemos decir que todas las montañas son sencillamente una acumulación de piedras, tierra, rocas, y en algunos lugares árboles. Pero las montañas no hablan, no se enojan, no hacen que el hombre se sienta pequeño, es Dios quien hace eso, Y fue Dios, quien en la cima de esa montaña hizo que esos hombres se sintiesen tan insignificantes. Pero ellos no se dieron cuenta de lo grande que Dios era y simplemente hablaban de la naturaleza. El nombre de Dios, estimado oyente, no es honrado en el mundo en la actualidad.

El primer versículo del Salmo 8 constituye una profecía que mira hacia el futuro, un futuro glorioso. Es un Salmo Mesiánico en el que vemos al hombre de Dios. Enfatiza la humanidad de Cristo y su victoria final como hombre. Es un gran Salmo. En el Salmo 2 vimos el rechazo y la rebelión del hombre contra Dios, pero aquí en el Salmo 8 vemos que el hombre finalmente logra el control de este mundo y que llegará el día cuando el nombre de Dios será honrado en toda la tierra.

El Salmo está dirigido al músico principal sobre Gitit, Salmo de David. Esto se menciona también en los Salmos 81 y 84. ¿Pero qué significa? El término Gitit por lo general se interpreta como una referencia a un instrumento musical. Era una clase de instrumento de cuerda, como una lira. Fue en realidad el erudito judío Raschi quien dijo que esta palabra provenía de Gat. Era un instrumento conocido en la zona de Gat, y recordemos que allí encontró refugio David cuando estaba huyendo del rey Saúl. Allí probablemente aprendió a interpretar música en ese instrumento, y más tarde lo introdujo en Israel. En la Vulgata y la Septuaginta se tradujo esta palabra como “Lagar”, que es un recipiente donde se pisa la uva para obtener el mosto. Y opinamos que este nombre tiene un significado especial. Este es el Salmo que revela el lagar del sufrimiento por el que el Señor Jesús tuvo que pasar por usted y por mí. Como hombre, experimentó la muerte por todos los seres humanos; tuvo que sentir el sabor de la amargura del lagar. Más tarde, Isaías 63:3, presentaría al Señor Jesús viniendo de Edom, con sus vestidos rojos como los del que pisa las uvas en el lagar. El jugo de las uvas en sus ropas no era su propia sangre sino la de sus enemigos. Si la sangre de Cristo no significa nada para usted, y usted no es salvo, entonces tendrá que ser juzgado. Es la sangre de Cristo, o la suya, estimado oyente. Esa es hoy la posición ante la cual se enfrenta el ser humano en este mundo.

Ahora, este es un Salmo de David. Y hay quienes tratan de ver en este Salmo la muerte del hijo, pensando que éste es un Salmo escrito por David cuando murió el hijo de Betsabé, y aun otros dicen que se refiere a cuando murió el gigante Goliat. Pues bien, mencionamos estas teorías porque este es un Salmo que aparentemente tiene un significado muy grande y profundo. Un profesor de un seminario le dio un título a este Salmo; lo llamó: “El Salmo de las estrellas y de los lactantes, es decir los que maman”, porque el Salmo recorre todo el camino desde los cielos? la luna y las estrellas? hasta los niños que maman. Y este es un Salmo que también puede considerarse junto con el Salmo 19, que habla de la naturaleza, que habla sobre las Escrituras y el sol. Pero el sol no fue mencionado en absoluta aquí en el Salmo 8. Veamos ahora al entrar de lleno en este Salmo 8, lo que dicen los versículos 1 y 2:

“¡Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos! De la boca de los niños y de los que aún maman, fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo”.

Creemos que es muy interesante que el Señor Jesucristo aclaró bien la verdad de este versículo cuando estuvo en la tierra y dijo, en Mateo 18:3: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños no entraréis en el reino de los cielos. Y fueron niños los que gritaron “Hosanna al hijo de David” durante la llamada entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Ahora, nosotros no la consideramos una entrada triunfal. Tenemos que esperar hasta que Él regrese nuevamente a la tierra, y entonces ¡sí que será una entrada triunfal! Esto fue simplemente un pequeño cuadro anticipado, un vislumbre del hecho de que Él regresará nuevamente a este mundo, y que cuando lo haga, establecerá Su reino. Mientras tanto, tenemos que convertirnos y volvernos como niños. Y como tales, debemos dejar de lado toda nuestra jactancia y venir al Señor con una fe sencilla. ¡Cuán grande es la fe de un niño!

En este Salmo vemos al Señor, como el Creador. Tenemos la naturaleza, la creación, al hombre, a la criatura. Y aquí tenemos una relación. Ahora en el versículo 3, de este Salmo 8, leemos:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste”

Observemos la frase “que tú formaste”. A veces, en una noche clara, sin nubes, hemos observado la luna y alguna estrella más brillante que las demás. Y nos hemos preguntado por qué están situadas en determinados lugares. Al ser humano podría parecerle que los astros están situados en el espacio de una forma aleatoria, en la que los dejó un prolongadísimo proceso hecho realidad en un tiempo y condiciones desconocidas. Lo único que sabemos, por el testimonio de la Biblia, es que el Creador, por algún motivo que desconocemos, quiso que estuvieran donde se encuentran actualmente. De la misma manera que nosotros, en nuestro despacho o lugar de trabajo situamos ciertos objetos en ciertos lugares que a otras personas puede parecerles una ubicación arbitraria, pero nosotros sabemos que los hemos colocado allí con un propósito específico. Así también el Creador dispuso y ordenó el universo de acuerdo con un plan coherente y lógico.

Así que, de acuerdo con este relato Bíblico, los cielos y lo que en ellos se encuentra son el resultado de las manos del Creador. Es interesante que cuando la Palabra de Dios habla de salvación en Isaías 53:1, dice: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio y sobre quién se ha manifestado el brazo del Señor?” Pero cuando la Palabra habla sobre la creación de los cielos y la tierra, la describe como la obra de sus dedos, como la labor minuciosa de una mujer cosiendo de manera minuciosa y artística.

De la misma manera, Dios expresó Su gloria en la Creación. Una creación que supera en mucho nuestra comprensión y despierta nuestra admiración. Pero nosotros no adoramos a la creación. A quién adoramos es al Creador. La admirable obra de Sus dedos nos permite ver Su gloria y Su poder. Luego dice en el versículo 4, de este Salmo 8, continuamos leyendo:

“Digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?”.

Hay algunos que todavía están trabajando en esta cuestión. ¿Qué es el hombre? El hombre es una criatura muy compleja. Él es un ser humano, pertenece a la raza humana, y hay algunos que aún están tratando de averiguar cómo es que llegó aquí. La Biblia dice que Dios nos creó y nos colocó sobre la tierra. Y luego el hombre se rebeló, se apartó por su propio camino, ya no creyó en Dios y desobedeció. Y ¿por qué tiene Dios se acuerda de él, piensa en él y le tiene en cuenta? ¿Por qué no le quitó de en medio y se libró de él?

El ser humano en la historia y en la actualidad ha resultado ser un fracaso. Usted sabe que a nosotros no nos agrada escuchar esa evaluación de nuestra propia especie. Más bien preferimos hablar de éxito y del progreso de la humanidad. El Dr. McGee, autor de estos estudios, cree que una de las profesiones más difíciles de desarrollar es ser un médico especialista en cáncer. Desde que comenzó a sufrir de esa enfermedad, se sintió unido a ese mundo, en el cual la gente tiende a ser pesimista, y realmente no tiene muchas historias de éxito que contar. Y utilizó esa forma de pensar y sentir para concluir que el ser humano, en otros órdenes, tampoco tiene una trayectoria de éxitos en al ámbito moral o espiritual, tanto a nivel personal como en el plano de la convivencia social. En ese aspecto, ha resultado un miserable fracaso. Ha convertido a este mundo en un desorden. Y en este contexto, el salmista se pregunta: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Hace más de 2000 años Él visitó al ser humano en esta tierra y en ese viaje, murió en una cruz para hacernos saber que Él nos amaba. No nos salvó únicamente por ese amor, nos salvó por Su gracia, porque nosotros no teníamos nada para ofrecerle. Nosotros no éramos dignos de ser salvos. Sin embargo, Dios vino a esta tierra. No sabemos si hay otros planetas que están habitados, y si en ese caso, Él habrá visitado algún otro planeta. Pero lo que sí sabemos es que Él vino a nuestro mundo para morir en la cruz con el propósito de hacer posible nuestra salvación. Luego, el salmista dijo en el versículo 5:

“Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra”.

Cuando el Señor Jesús aparecía en el Antiguo Testamento se presentaba como el Ángel del Señor, pero cuando llegó a Belén Él lo hizo de una manera mucho más inferior, más humilde. Y dice el versículo 6:

“Lo entronizaste sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”

Al hombre se le entregó el dominio sobre lo creado por Dios, pero el hombre lo perdió y ya no tiene hoy el control sobre el universo. La ciencia pensó que tenía las cosas bajo su control porque contribuyó al progreso material de la humanidad, pero ahora vemos que la ciencia ha contaminado la tierra y a veces parece que la tierra fuera a convertirse en un gigantesco cubo de basura. Los seres humanos han utilizado la ciencia de manera tan incontrolada que son responsables de la contaminación de la tierra y de la atmósfera. El ser humano que se ha encumbrado a sí mismo utilizando a la ciencia tendrá que recurrir a Dios, que es el único que puede ayudarle para no ser destruido por los residuos de basura que le contaminan y destruyen el medio ambiente.

Y ese dominio y autoridad del Señor sobre las obras de Dios no se hará efectivo hasta que Él regrese a la tierra.

Continuemos con los versículos 7 y 8:

“Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar; ¡todo cuanto pasa por los senderos del mar!”

Dios lo hizo todo. Él es el Creador. En Romanos 1:20, Pablo dijo: 20Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa, Podemos ver la obra de Dios simplemente mirando a nuestro alrededor. Leamos ahora el versículo 9:

“¡Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”

No en la actualidad, pero algún día el nombre del Señor será reconocido y engrandecido por toda la tierra. En nuestra época y como dijo San Pablo en Romanos 8:22, la creación se queja y sufre como una mujer con dolores de parto, y nosotros también sufrimos con ella, esperando el momento en que Dios nos adopte como hijos, con lo cual nuestros cuerpos serán redimidos, liberados. Pero Dios está sobre toda la creación. Él ha desplegado Su gloria sobre los cielos. Y allí en aquella esfera celestial se encuentra hoy ese hombre que hace más de dos mil años vino aquí a este mundo para nacer en Belén. Él está sentado a la derecha de Dios. Y solamente por la fe podremos verle.

“Por tanto, ? como dijo el apóstol Pablo en su Segunda carta a los Corintios, capítulo 3, versículo 18: ? nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor. Y también, el apóstol Juan en su primera epístola, capítulo 3, versículo 2, refuerza nuestra esperanza con estas palabras: 2Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. ¡Qué perspectiva gloriosa para el hijo de Dios!

Una vez más deseamos recordarle que este es un Salmo Mesiánico. Enfatiza la humanidad de Cristo y su victoria final como hombre. Hemos estado, pues, en la periferia de este hermoso Salmo que canta alabanzas a nuestro Salvador. Es que el Creador, estimado oyente, quiere ser su Salvador, El panorama que predomina hoy nos ofrece en la hora presente la imagen del aparente triunfo de las fuerzas del mal, en un mundo que mantiene de forma precaria un equilibrio que se esfuerza por mantener las apariencias de la paz, Pero gracias a Su muerte en la cruz y a Su resurrección, la historia se encamina hacia el triunfo definitivo de Cristo sobre el mal. O sea, que hay un futuro venturoso, glorioso, para los hijos de Dios. Pero en estos momentos nos preocupa también el presente, la paz interior, la lucha por la subsistencia, la calidad de vida, y una vida con un significado, con un propósito, con metas, con ilusiones; en otras palabras, una vida que merezca la pena ser vivida. Dijimos que el Señor de los cielos quiere ser su Salvador. Y a pesar de los millones de personas que han pasado por esta tierra y los que viven actualmente en ella, usted no es simplemente uno más, una más, un número, una cifra. Usted tiene un nombre que Él conoce. Usted es alguien mucho más importante que todas las obras de la creación. Usted ha sido creado con un propósito eterno. Y aunque el pecado ha contaminado a la totalidad de la creación, y todos somos pecadores, usted es alguien por quien el Salvador murió. Para que acercándose a Él por la fe, creyendo en Él, usted le reciba en su vida y se convierta en un hijo de Dios. Entonces, por su Espíritu, Él comenzará a transformar su vida. Estimado oyente, le deseamos esa feliz experiencia.

Septiembre 22

Salmos 9 y 10

Amigo oyente, en nuestro estudio, regresamos hoy al libro de los Salmos y vamos a considerar el Salmo 9. Dijimos que el recorrido entre estos dos Salmos Mesiánicos, desde el Salmo 1 hasta el Salmo 8 fue como haber estado subiendo por una escalera de la ladera de una montaña, llegando a la parte más alta en el Salmo 8. Y a partir del Salmo 9 será como si estuviéramos descendiendo por el otro lado de la montaña. El descenso se efectuará por siete Salmos que relatan una historia profética. En esta sección estamos percibiendo un vislumbre del remanente judío en los tiempos finales, y también una vista fugaz del llamado “hombre de maldad”, una persona sin ley que aún aparecerá sobre la tierra.

El Salmo 9 y el que le sigue, el Salmo 10, están unidos estrechamente. Hay cierta estructura alfabética aquí, y también un acróstico que no se puede notar en nuestra traducción, pero que puede verse en el idioma original hebreo. Por lo tanto el lector puede notar que en versiones como la Septuaginta y la Vulgata se ponen estos dos Salmos juntos, considerándolos como uno solo. Y aquí se nos dice en el título del Salmo que está dirigido “Al director musical; sobre Mut-labén, Salmo de David”. Ahora, ¿Qué quiere decir esta palabra? Bueno, su significado es “muerte del hijo”, un tema que muchos autores identifican con el Salmo 8, como ya indicamos anteriormente. Creemos que generalmente se acepta que este término forma parte del título de este Salmo 9. Y vemos que el Salmo es atribuido a David, el llamado dulce cantor de Israel. Algunos ven en este Salmo la muerte de Goliat. Otros lo identifican con la muerte del hijo de Betsabé. Pero su significado es: “muerte del hijo, del primogénito”. Opinamos que se refiere a lo que ocurrió en la tierra de Egipto cuando el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud por medio de la muerte de los hijos mayores de cada familia de Egipto.

El Salmo comienza con una nota de alabanza. Leamos los dos primeros versículos de este Salmo 9:

“Te alabaré, Señor, con todo mi corazón. Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, Altísimo”.

Y este Salmo comienza con una alabanza, de la misma manera en que lo hizo el Salmo 7. Tal como en ese Salmo 7, en este Salmo 9 la alabanza es una anticipación a la victoria inminente tan maravillosamente predicha en el Salmo 8, que llegará cuando todas las cosas serán puestas bajo el control de Aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles. En realidad la primera sección del Salmo es un pronóstico profético cuáles serán las condiciones en el mundo cuando el Hijo del hombre haya recibido el trono en justicia y en paz. En vista de la liberación futura, tenemos esta gran canción de alabanza, a la cual se unirá la población de la tierra en aquel día. Tenemos un cuadro de esta escena en el libro del Apocalipsis, cuando una gran multitud de la nación de Israel, la iglesia, y los veinticuatro ancianos participarán juntos de un tiempo de alabanza a Dios.

Escuchemos lo que dicen los versículos 3 y 4, de este Salmo 9:

“Mis enemigos se volvieron atrás; cayeron y perecieron delante de ti. Has mantenido mi derecho y mi causa; te has sentado en el trono juzgando con justicia”.

Una vez más nos trasladamos a la época del reino mencionada en el Salmo 8, cuando todas las cosas son colocadas bajo el control del Señor. Martín Lutero lo expresó de la siguiente manera: “uno con Dios constituye una mayoría”. Y él no estaba tan preocupado de que Dios estuviera de su lado, sino que quería asegurarse de que él estaba en el lado de Dios. Para David lo importante era que su causa fuera la correcta. Estimado oyente, debiéramos asegurarnos de que estamos del lado de Dios.

Entonces el salmista habló sobre el futuro juicio. Veamos ahora los versículos 5 y 6:

“Reprendiste a las naciones, destruiste al malo; ¡borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre! Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas”.

Esta es una declaración muy severa del juicio que se aproxima. Y a veces nos preguntamos “¿Es que no se predica sobre juicio en la actualidad?” Pues bien, lo diríamos de esta manera? que se ha predicado lo suficiente de cierta clase de juicio. Pero, debemos notar dos cosas: una, es que hay muy pocos mensajes basados en el tema del infierno. La mayoría de los sermones que se escucha en la actualidad, son de consuelo para el pueblo de Dios. En realidad, hay muchos sermones que están siendo dirigidos hacia aquellos que parecen tener cierta clase de complejos, o que están buscando a alguien para poder desahogarse. Sin embargo, hay algunos que consideran el tema del infierno, pero se nota demasiada dureza, demasiada severidad en el predicador; y pensamos que antes de predicar sobre el infierno, uno debería analizar su propio corazón, para asegurarse de que el tema le afecta realmente, es decir, que su corazón esté sensibilizado y se conmueva porque muchos seres humanos están perdidos.

Ahora, el salmista dejó bien en claro aquí que los enemigos de Israel iban a ser conquistados. Sería la victoria de Dios para el remanente que estaría a favor Suyo. Creemos que tenemos aquí “la muerte del hijo”, del primogénito o hijo mayor en Egipto. Creemos que esto nos lleva al mismo lugar donde nació el anti-semitismo, que comenzó allá en la tierra de Egipto. Un nuevo rey en ese país esclavizó a la nación elegida por Dios y trató de exterminar a toda la raza. Lo cual habría frustrado la gracia y el propósito de Dios para la redención. Fue a partir de aquella época que las naciones han sido enemigas de Israel. Y continuarán odiando a ese pueblo hasta que llegue el día de su liberación. En la hora actual, existe un sentimiento de odio hacia los judíos.

En el siguiente pasaje, el reino, el trono de justicia es establecido. Leamos los versículos 7 y 8 de este Salmo 9:

“Pero el Señor permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio. Él juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud”.

Frente a aquellos que juzguen con mayor o menor acierto, la justicia humana siempre ofrecerá altibajos. Aquel que es justo, y Aquel que hace las cosas con justicia infalible es Dios. Lo justo no es lo que usted y yo apreciemos o consideremos. Después de todo fue Dios quien separó la luz de la oscuridad. Él es el que declara lo que es verdaderamente justo. Es que alguien tenía que hacer las normas y Dios fue el que las estableció para todo el universo y Él es quien lo dirige. Opinamos que Él tiene esa prerrogativa en la actualidad.

Vamos a omitir la lectura de algunos versículos y entonces veremos un cuadro de las condiciones existentes antes de que Cristo venga a establecer Su reino. Leamos el versículo 13:

“Ten misericordia de mí, Señor; mira la aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen, tú, que me levantas de las puertas de la muerte”

Todos necesitamos la misericordia, la compasión de Dios. Hemos dicho que habrá justicia cuando Él venga. Pero es que la justicia ya ha sido establecida en la persona del Señor Jesucristo cuando Él llevó sobre sí mismo la carga, la culpa de nuestros pecados y nos ha atribuido Su justicia. Así que la misericordia, la compasión nos ha sido otorgada en la persona de Jesucristo. Leamos ahora los versículos 14 y 15:

“Para que cuente todas tus alabanzas a las puertas de Sión, y me goce en tu salvación. Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron; en la red que escondieron fue atrapado su pie”.

Miremos a las naciones del mundo en la historia, grandes imperios que parecían invulnerables, y como se han hundido irremisiblemente. Y otras, en la actualidad, parecen haber emprendido una decadencia irreversible. Leamos los versículos 16 y 17:

“El Señor se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. Higaión. Selah. Los malos serán trasladados al seol, todas las naciones que se olvidan de Dios”.

Aquí tenemos un importante principio que Dios ha establecido. Continuemos leyendo el versículo 18:

“El necesitado no para siempre será olvidado, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente”.

Dice aquí que los pobres no siempre serán olvidados. Sin embargo, así sucede en la actualidad. Por supuesto que hay programas sociales para aliviar la pobreza en el mundo. Pero en muchos casos la codicia humana y la corrupción han desviado los fondos y en otras ocasiones, la ayuda resulta insuficiente debido al hambre que asola extensas regiones del tercer mundo. Pero los necesitados recibirán la verdadera justicia cuando el Señor Jesús venga. Cuando Cristo vino a la tierra por primera vez, se sujetó a la voluntad de Dios. Pero ya que Él es Dios, cuando venga otra vez va a hacer Su propia voluntad. Estimado oyente, los necesitados están esperando mucho de los seres humanos y, en realidad, teniendo en cuenta su situación crítica, no les queda una opción humana mejor. Pero la verdad es que solo Dios satisfará no sólo su necesidad física, sino también su necesidad espiritual. Y dice el versículo 19 de este Salmo 9:

“Levántate, Señor; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti”.

Y las naciones serán aun juzgadas, de acuerdo con lo que nuestro Señor dijo en Mateo 25:31-46; En el versículo 32 de ese capítulo dice: y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Continuemos leyendo el versículo 20:

“Infunde, Señor, tu temor en ellos; ¡conozcan las naciones que no son sino hombres!”

Y hay algunos que piensan en el presente que ellos están actuando en el lugar de Dios. Recordemos que la inscripción colocada en el principio de este Salmo es Mut-labén, que quiere decir “la muerte del hijo”. Si usted cree que el hijo es Goliat o Faraón, o ambos, ellos son como pequeñas figuras del Anticristo que aun ha de venir. Él será el hombre de Satanás y se colocará en la posición de Dios. Pero Dios finalmente le vencerá.

Ahora llegamos al

Salmo 10

en el cual veremos al hombre de Satanás, el hombre de la tierra, y este tema identifica estrechamente al Salmo 10 con el Salmo 9.

Y vamos a destacar algunos puntos sobresalientes de este Salmo 10. Observemos como se describe a ese malvado. Leamos los versículos 1 al 3:

“¿Por qué estás lejos, Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación? Con arrogancia, el malo persigue al pobre; será atrapado en las trampas que ha preparado. El malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso y desprecia al Señor”

Hay dos cosas que caracterizan al malo en estos versículos: el orgullo y la jactancia. La primera es el orgullo. Cuando uno mira a su alrededor aquí en este mundo, uno querría saber quiénes son los malos. Muchos de los poderosos de este mundo están llenos de orgullo y no tienen ningún lugar para Dios en sus vidas. En segundo lugar, en ellos se destaca de una manera especial la jactancia, que es una alabanza propia desordenada y presuntuosa. Se jactan de ser capaces de resolver los problemas de este mundo. Pero estos problemas los superan, causan su caída y son reemplazados por otros que vuelven a prometer lo mismo, y así se va repitiendo el ciclo. Aquí, pues, tenemos un cuadro de los malvados en general y, concretamente, en este Salmo se identifica al malvado conocido en la Biblia como el Anticristo, que será como un falso Mesías. El desmedido orgullo le pondrá en evidencia. En el versículo 4, de este Salmo 10, leemos:

“El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos”.

De estas palabras podría deducirse que el Anticristo, en realidad, será un ateo.

En los días del rey David comenzaron a surgir por primera vez en la historia los ateos. En los tiempos más antiguos no había ateos porque los seres humanos se encontraban demasiado cerca de los orígenes de la revelación. Después de todo, Noé conoció a alguien que a su vez había conocido a Adán. Al estar las personas tan próximas a los tiempos de la creación, no presentaban tendencias a dudar de la existencia de Dios. Cuando se entregaron los Diez Mandamientos, no hubo ninguna de esas leyes que se refiriera al ateísmo. Sin embargo hubo dos mandamientos contra el politeísmo: el primero y el segundo, que se encuentran en Éxodo 20:3 y 4. El primero decía: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Y el segundo, prohibía hacer ídolos ni figuras de lo que hay en el cielo o en la tierra. Y no hubo mandamientos contra el ateísmo porque no había ateos. Sin embargo, David se refirió al ateísmo en varias ocasiones.

En resumen, el Anticristo se caracterizará por el ateísmo que profese, y por estar lleno de orgullo y jactancia. Leamos ahora los versículos 5 y 6:

“Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: No caeré jamás; nunca me alcanzará la desgracia”.

Estas reflexiones también caracterizan al hombre de nuestro tiempo: la jactancia de su prosperidad y su autosuficiencia. Por lo tanto, no siente ninguna necesidad de Dios.

Observemos algo más que caracterizará al Anticristo. Leamos el versículo 13:

“¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no habrás de pedir cuentas”.

No solo no creerá en Dios, sino que también le despreciará. Claro que es contradictorio despreciar a alguien que no existe: aparentemente, Él tiene que existir, para generar esta clase de amargura y odio.

Al decir «Tú no habrás de pedir cuentas» estaba afirmando que no habría un juicio. Hay muchísimas personas que, como una expresión más de nuestra cultura contemporánea están diciendo que no hay Dios, o que si en realidad existe, se encuentra demasiado lejos como para preocuparse por ellos. Por lo tanto, confían en que no habrá un juicio. Pero, estimado oyente, las leyes de Dios han sido quebrantadas y la humanidad ya está soportando las consecuencias de esa ruptura. Por ello, y como afirma la Biblia, el juicio de Dios sobre la tierra es inevitable. Y cuanto más nos acercamos a él, menos cree el ser humano que vendrá.

Dios es probablemente la persona más impopular del mundo en el día de hoy. ¿Por qué? Porque los malvados poseen más poder que nunca. Nos estamos moviendo hacia el momento en que la maldad del hombre conducirá a la aparición del “hombre de maldad”, el Anticristo final. Concluyamos este Salmo 10 leyendo los versículos 16 al 18:

“El Señor es Rey eternamente y para siempre; de su tierra desaparecerán las naciones. El deseo de los humildes oíste, Señor; tú los animas y les prestas atención. Tú haces justicia al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”.

Aquí el hombre de la tierra sería el Anticristo. Y así llegamos al final de este Salmo 10. Estos Salmos son notables porque amplían muchas verdades que encontramos histórica y proféticamente en otras partes de las Sagradas Escrituras.

Y estas últimas palabras que nos recuerdan la sensibilidad de Dios hacia los más débiles miembros de la sociedad humana, como son los desfavorecidos, los oprimidos y los que viven en soledad por la pérdida de sus seres queridos, nos recuerdan las palabras del Señor Jesucristo, en el relato de Lucas 4, cuando se presentó en un lugar de culto religioso y manifestó que el Espíritu del Señor le había ungido para anunciar buenas noticias para los pobres, para proclamar libertad a los cautivos, dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, y para anunciar el año favorable del Señor. Estimado oyente, un Dios que fue capaz de entregar a Su Hijo para morir en una cruz por sus pecados, para poder redimirle, liberarle y transformarle, es sensible a su situación actual. Le sugerimos que se dirija a Él en oración, con la confianza de que Él le oye, la seguridad que Él atenderá su ruego, y la certeza de que satisfará la necesidad de su alma.

Septiembre 23

Salmos 11 y 12

Estimado oyente, llegamos al Salmo 11. Y como ya hemos indicado anteriormente, nos encontramos en una serie de Salmos que comenzó con el Salmo 9, y finaliza con el Salmo 15. El remanente judío durante el tiempo de la Gran Tribulación es presentado ante nosotros. Pensamos que es la interpretación fundamental de esta sección. Tiene un significado y un mensaje para el pueblo de Dios de todas las épocas, y esta aplicación práctica de estos Salmos es para usted, tanto como para mí, Estos Salmos pueden hablar a nuestros corazones, y esperamos que así sea en el día de hoy.

Debemos decir que los Salmos 9 y 10 son dos Salmos que se pertenecen entre sí. Hemos visto que en ambos se presenta al hombre de Satanás, aquel que hará su aparición durante el período de la Gran Tribulación, llamado el anticristo. Tenemos aquí un cuadro tremendo de este personaje. Una de las cosas que lo va a caracterizar es por supuesto, como vimos en nuestro programa anterior en el versículo 4, del Salmo 10, es que: El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. El orgullo es lo que lo identificará y será un ateo.

En los días del rey David comenzaron a surgir por primera vez en la historia los ateos. En los tiempos más antiguos no había ateos porque los seres humanos se encontraban demasiado cerca de los orígenes de la revelación. Después de todo, Noé conoció a alguien que a su vez había conocido a Adán. Al estar las personas tan próximas a los tiempos de la creación, no presentaban tendencias a dudar de la existencia de Dios. Cuando se entregaron los Diez Mandamientos, no hubo ninguna de esas leyes que se refiriera al ateísmo. Sin embargo hubo dos mandamientos contra el politeísmo: el primero y el segundo, que se encuentran en Éxodo 20:3 y 4. El primero decía: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Y el segundo, prohibía hacer ídolos ni figuras de lo que hay en el cielo o en la tierra. Y no hubo mandamientos contra el ateísmo porque no había ateos. Sin embargo, David se refirió al ateísmo en varias ocasiones. En resumen, el Anticristo se caracterizará por el ateísmo que profese, y por estar lleno de orgullo y jactancia.

Recordemos que en el Salmo 10:13, destacamos que aquel hombre malvado no solo no creerá en Dios, sino que también le despreciará. Claro que es contradictorio despreciar a alguien que no existe: aparentemente, Él tiene que existir, para generar esta clase de amargura y odio.

Y decía también en el Salmo 10:13, «Tú no habrás de pedir cuentas» estaba afirmando que no habría un juicio. Hay muchísimas personas que, como una expresión más de nuestra cultura contemporánea están diciendo que no hay Dios, o que si en realidad existe, se encuentra demasiado lejos como para preocuparse por ellos. Por lo tanto, confían en que no habrá un juicio. Pero, estimado oyente, las leyes de Dios han sido quebrantadas y la humanidad ya está soportando las consecuencias de esa ruptura. Por ello, y como afirma la Biblia, el juicio de Dios sobre la tierra es inevitable. Y cuanto más nos acercamos a él, menos cree el ser humano que vendrá.

Dios es probablemente la persona más impopular del mundo en el día de hoy. ¿Por qué? Porque los malvados detentan más poder que nunca. Nos estamos moviendo hacia el momento en que la maldad del hombre conducirá a la aparición del “hombre de maldad”, el Anticristo final.

Estos Salmos son notables porque amplían muchas verdades que encontramos histórica y proféticamente en otras partes de las Sagradas Escrituras.

Bien, esto nos lleva ahora a entrar al Salmo 11 que es un Salmo sobresaliente. ¿Cuándo escribió David este Salmo? Se presenta como un Salmo de David dirigido al director musical. No se nos dice en qué circunstancias fue escrito pero obviamente surgió en una época en que David estaba sufriendo todo el peso de la persecución y problemas. Vamos a transcribir una cita de Stewart Perowne al respecto.

“El cantor está en peligro, y consejeros tímidos y cobardes, pretenden convencerle de que buscara refugio huyendo. Pero él lleno de una fe inconmovible en Dios rechaza su consejo, creyendo que Jehová, el Rey justo, aun cuando prueba a Sus siervos, no los abandona. Los justos no necesitan temer, pero sí los malvados. El Salmo es tan corto y tan general en su carácter que no es fácil decir a cuáles circunstancias en la vida de David se está refiriendo. Sin embargo, la elección debería recaer entre la persecución de parte de Saúl, y la rebelión de su hijo Absalón. Delitzsch se decide por lo última opción y opina que el consejo del versículo 1 de escapar al monte, proviene de amigos que están ansiosos de persuadir al rey a que se traslade, como lo había hecho antes cuando era perseguido por Saúl, a las rocas que usaban los animales silvestres (1 Samuel 24:2). La expresión que encontramos en el versículo 3, donde se hace mención de la destrucción de los fundamentos, hasta cierto punto, favorece esa opinión que señala a la época cuando la autoridad legal estaba subvertida”. Bien, hasta aquí, la interpretación de Perowne.

Estamos de acuerdo con esta opinión, en el sentido que este Salmo se refiere a la época en que David huía de su hijo Absalón. Aquí una vez más, tenemos una expresión que sale de lo profundo del corazón de este gran rey David. Veamos lo que dice aquí en el versículo 1, de este Salmo 11:

“En el Señor he confiado; ¿cómo decís a mi alma que escape al monte cual ave?”

Este es el consejo que algunos suelen dar a otros en el día de hoy, de salir a algún lugar para cambiar de ambiente, viajar, para alejarse de la gente, de las circunstancias familiares y profesionales y de los problemas. Aparte del lógico descanso físico y emocional, esa actitud no resuelve el fondo de la cuestión. No importa donde uno vaya, uno nunca podrá huir de sí mismo. Por eso, el consejo que le dieron a David no resolvería sus problemas.

En nuestra sociedad tan mecanizada y nuestra cultura tan monótona, y para huir de todo lo que nos rodea, nos podemos sentar en un automóvil para conducir por una autopista durante varias horas, y aparte del cansancio físico, puede resultar monótono. El volar en un avión es hoy una buena experiencia, pero si usted ha viajado por mucho tiempo a varios lugares en un país o alrededor del mundo, puede que al verse en el aire sin nada que ver o hacer se convierta en algo monótono. En realidad, creemos que es bueno y relajante alejarse de la vida ajetreada y ruidosa de la ciudad y el tráfico y pasar un tiempo en un lugar tranquilo. Pero si usted está tratando de huir de sus problemas o de una situación que hay que enfrentar, este no sería un buen consejo, Uno podría alejarse por un tiempo para poder ver de lejos una determinada situación, pero no huir de ella impulsado por el temor. En nuestro relato, muchos que estaban aconsejando a David que huyese saliendo del país temían por su vida, porque Absalón, el hijo del rey, estaba tratando de matarle. Leamos ahora el versículo 2:

“Porque los malos tensan el arco, disponen sus flechas sobre la cuerda, para lanzarlas en oculto a los rectos de corazón”.

En otras palabras, aquellos que estaban siguiendo a Absalón estaban dispuestos a matar a David, apenas tuvieran la oportunidad. Había mucho encono, mucho resentimiento en ambas partes. Y finalmente, cuando Absalón se enfrentó en batalla contra su padre David, éste no abandonó su tierra. David se retiró a reconocer el terreno y luego, con su ejército se presentó a luchar contra su hijo, y contra aquellos rebeldes que se le habían unido. Y David les dio instrucciones específicas a sus tres capitanes, para que trataran bien a Absalón y no le causaran ningún daño. Absalón había cometido una gran equivocación al luchar contra su padre David ya que éste tenía de su lado a soldados veteranos, y David mismo era un guerrero de mucha experiencia, y conocía bien las estrategias militares de su época. Sabía cómo luchar en los bosques y montañas. Y Absalón y los suyos no tenían tanta experiencia, y perdieron la batalla. Ya hemos dicho que no solo había resentimiento en el bando de Absalón, sino también en el de David, aunque no en el corazón de David. Pero Joab, uno de los capitanes de David, cuando se le presentó la ocasión, clavó un dardo en Absalón y le mató.

La muerte de su hijo quebrantó el corazón de David. Creemos que David nunca se recuperó de esa tragedia. Cuando Absalón había tomado el control del país y David huyó de Jerusalén, había desaparecido la ley y el orden. Ya no se llevaba a cabo la adoración del Dios vivo y verdadero. Así que toda la vida de la nación quedó afectada. Volviendo a nuestro pasaje, leamos el versículo 3, de este Salmo 11:

“Si son destruidos los fundamentos, ¿qué puede hacer el justo?”

Y aún hoy en día esa es una buena pregunta. Es una buena pregunta para el presente cuando la autoridad de la Palabra de Dios está siendo puesta en tela de juicio por todas partes. Ante la relatividad de la moralidad actual, vemos que la Biblia condena el pecado. Entonces, cuando las bases mismas se vienen abajo, ¿qué puede hacer la persona honrada? Escuchemos al salmista en el versículo 4:

“El Señor está en su santo Templo; El Señor tiene en el cielo su trono; sus ojos observan, sus párpados examinan a los hijos de los hombres”.

Dios está observando todo lo que ocurre en la actualidad. Él nos está probando. Y al único lugar donde uno puede dirigirse, es a Él. Cuando son destruidos los fundamentos en los que nos apoyamos, uno tiene que aferrarse a Dios.

Abraham alcanzó esa posición, Cuando se dice que Abraham creyó a Dios, simplemente quiere decir que él puso sus brazos alrededor de Dios y resistió. Y estos son días en los que podemos creer en Dios y asirnos a Él, Es una hora en la que aunque no podamos cantar, podemos alabarle y pronunciar un Aleluya, por lo que Él es para nosotros. Ahora, en el versículo 5, leemos:

“El Señor prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, los repudia su alma”.

El Señor prueba al justo. Dios sabe quiénes le pertenecen y Él prueba a Sus hijos. Él me prueba a mí, y lo puede estar probando a usted, estimado oyente. Y no lo hace para molestarnos, sino que lo hace para nuestro propio bien y para Su gloria.

Pero al malo y al que ama la violencia, los repudia su alma. Dios detesta a los malvados que se aferran a su maldad. No pensamos que Dios ame al diablo. Pensamos que lo detesta y también a todos los que no tienen ninguna intención de volverse a Él. Sinceramente, habría que matizar la frase que escuchamos a veces, y que expresa que “Dios ama al pecador pero aborrece al pecado”. Dios le ha amado tanto que entregó a Su Hijo a morir por usted. Pero si usted persiste en continuar practicando su pecado, se convierte en un enemigo de Dios. Y entonces, Dios será su enemigo. Pero recuerde que Dios quiere salvarle y le salvará si usted se vuelve a Él y abandona su maldad. Luego el salmista continuó diciendo aquí en el versículo 6:

“Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador serán la porción de su copa”.

La copa de la maldad se está hoy llenando y Dios está permitiendo que se llene, No está haciendo nada para estorbarlo ni impedirlo. Es evidente que los malos están progresando. Él permite que la lluvia caiga sobre justos e injustos. En realidad, a veces parecería que sobre los injustos cayera más lluvia que sobre los demás. Pero, recordemos que ésta es su época. Leamos ahora el versículo 7:

“Porque el Señor es justo y ama la justicia, el hombre recto verá su rostro”.

Es bueno pensar en que el Señor ama la justicia, En tiempos de dificultades, cuando los fundamentos son quitados, desde aquí, desde la tierra, podemos mirar al cielo, porque los que han sido declarados por Dios justos contemplarán su rostro, le verán cara a cara. Realmente, tenemos aquí un hermoso cuadro.

Y ahora llegamos al

Salmo 12

Ahora, pensamos que este Salmo es profético, como los anteriores. En última instancia, alcanzará su cumplimiento final en los días de la tribulación que llegará sobre el remanente piadoso de Israel, y sobre los no judíos piadosos de aquellos tiempos.

En los primeros versículos de este Salmo encontramos una descripción de la apostasía que existirá en esos días. Es que habrá una apostasía en Israel como nación así como en la Iglesia. Escuchemos lo que dice el primer versículo de este Salmo 12:

“Salva, Señor, porque se acabaron los piadosos, porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres”.

Es muy fácil en la actualidad el llegar a tener el mismo complejo que tuvo Elías. Él pensar que uno es la única persona que queda, que es la única persona que se mantiene fiel a Dios en el presente. Hay muchas personas que desarrollan un complejo como ese. Por supuesto tal apreciación de esas personas no es cierta, pero puede darse el caso en algunos cristianos cuando ven la influencia del pecado y la maldad por todas partes. Leamos el versículo 2 de este Salmo 12:

“Habla mentira cada cual con su prójimo; adulan con los labios, pero con doblez de corazón”.

Este es un día en que los creyentes necesitan decir la verdad. Es decir que nosotros no debemos decir una cosa frente a cierta persona, y luego decir algo diferente a sus espaldas. Eso es hipocresía. Luego, en los versículos 3 y 4 leemos:

“El Señor destruirá todos los labios aduladores, y la lengua que habla con jactancia; a los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos, nuestros labios son nuestros, ¿quién es señor de nosotros?”

El salmista se estaba dirigiendo contra los orgullosos en este Salmo. Ellos estaban diciendo: “Nosotros diremos lo que nos dé la gana”, y en la apostasía de la Iglesia se nota un orgullo como éste. Y eso habla mucho de lo que está ocurriendo. Judas, en su epístola, versículo 16, la segunda parte, predijo la apostasía que vendría a la Iglesia, y dijo: 16Estos son murmuradores, quejumbrosos, que andan tras sus propias pasiones, hablan con arrogancia, adulando a la gente para obtener beneficio. En otras palabras, en tiempos de apostasía habrá muchos mentirosos.

Pero ahora veremos a los que pertenezcan a Dios. Leamos el versículo 5:

“Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados, ahora me levantaré, dice el Señor, pondré a salvo al que por ello suspira”.

El Señor pondrá en un lugar que sea tan seguro como la hendidura de una roca, a aquellos que se sienten acosados: les dará la ayuda que tanto anhelan. Y el versículo 6 dice:

“Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de barro, purificada siete veces”.

Cuando los malvados se enorgullecen y usan halagos, nadie les puede creer. Pero las palabras del Señor son puras. Es por esa razón que necesitamos pasar más tiempo estudiando la Biblia. Esta es la fortaleza en la cual Dios nos quiere colocar. Y luego, en los dos últimos versículos de este Salmo 12, el 7 y el 8 leemos:

“Tú, Señor, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre. Rondando andan los malos cuando la infamia es enaltecida entre los hijos de los hombres”.

Nosotros estamos viviendo en días como esos, estimado oyente. Y este estado de cosas será una realidad especialmente en la Gran Tribulación. Escuchemos al profeta Isaías en 66:5, aquí, y lo que se dijo a aquellos en Jerusalén, como menciona Isaías en el capítulo 66, de su libro, versículo 5: Oíd palabra del Señor, vosotros los que tembláis a su palabra: “Vuestros hermanos que os aborrecen y os echan fuera por causa de mi nombre, dijeron: ¡Sea el Señor glorificado (dijeron burlándose) y veamos nosotros vuestra alegría! Pero ellos serán avergonzados. Debemos decir que aquí se nos muestra un cuadro hermoso que describe la adoración en el templo de Jerusalén durante lo que pensamos que serán los últimos tiempos, Recordemos lo que el Señor dijo en Su día cuando sus enemigos se acercaron a arrestarle, (como vemos en Lucas 22:53): ” Esta es vuestra hora, cuando reinan las tinieblas”. Pasamos por tiempos en los que el enemigo de Dios tiene el dominio, pero Dios no permitirá que le ocurra nada a los suyos, a menos que logre un propósito en sus vidas que merezca la pena. Y aunque sea una hora en la cual brille el poderío y la ciencia humana en todo su esplendor, es al mismo tiempo un tiempo de oscuridad espiritual. Por eso, estimado oyente, le invitamos a dar entrada en su vida al Salvador, al Señor Jesucristo, a aquel que dijo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida.

Septiembre 24

Salmos 13, 14 y 15

Continuamos nuestro estudio en este libro de los Salmos y vamos hoy a meditar en el Salmo 13. Esta es una sección bastante triste y lúgubre del Libro de los Salmos. Como dijimos, los Salmos 9 al 15 se refieren a los futuros días difíciles de la Gran Tribulación y a las personas que vivirán en esa época: el Anticristo, y el remanente judío fiel a Dios. Será un tiempo de mucha prueba.

David escribió este Salmo de su propia y difícil experiencia, pero tiene una interpretación contemporánea. También tiene una interpretación profética o cronológica, que se dirige hacia el mismo final de los tiempos, después que la Iglesia sea removida de esta tierra.

Al escribir este Salmo, David estaba siendo perseguido, probablemente por el rey Saúl, y escondido en la cueva de Adulam, mientras los filisteos se habían reunido para tratar de encontrarlo. Perseguido día tras día se encontraba en una situación desesperada. Y en medio del cansancio del cuerpo y el resentimiento clamó a Dios, tal como vemos en el versículo 1, que dice:

“¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”

David habló aquí en un tono extremadamente pesimista. Pensó que Dios le había abandonado y que se había quedado solo. Lo que expresó en estas palabras fue, como lo describió el profesor Delitzsch, “un suspiro largo y profundo que sale finalmente de un pecho aliviado, por medio de una oración ya mucho más tierna y calmada”. Veamos pues, lo que dice el versículo 2, de este Salmo 13:

“¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma, con angustias en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”

O sea, que David se estaba preguntando: ¿Hasta cuándo va a durar esta situación? En esta ocasión vemos a David como un hombre muy cansado. Entonces, se vuelve a Dios en oración. Este era su recurso, su medio para pedir ayuda. En el versículo 3, leemos:

“Mira, respóndeme, Señor, Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma el sueño de la muerte”

David se encontraba en grave peligro cuando escribió estas palabras. Tenía miedo de dormirse por temor a que su enemigo le matase al encontrarle dormido. Sin embargo, necesitaba muchísimo descansar. Así que le pidió al Señor que lo protegiera y le permitiera descansar. Y en el versículo 4, dijo:

“Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo”.

El enemigo se alegraría si pudiera llegar hasta él y vencerle. Y la alegría del enemigo no se expresaría solo contra David, sino también contra Dios. Así que oró para que el enemigo no llegase a tener dominio sobre él. Después de haber dejado escapar ese gran suspiro de aflicción, continuó orando y finalmente se calmó y depositó nuevamente su fe y confianza en Dios. Este es un Salmo muy hermoso. Escuchemos lo que dice aquí el versículo 5:

“Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación”.

David no se consideraba lo suficientemente inteligente como para librarse de este aprieto por sus propios medios. Él tomó las precauciones necesarias, por supuesto, pero él sabía que sólo Dios lo podría librar. Porque Dios era su salvación. Y en el versículo 6, dijo:

“Cantaré al Señor porque me ha hecho bien”.

Estimado oyente, en el día de hoy, dondequiera que esté, y quienquiera que usted sea, puede elevar alabanzas a Dios. Había un hombre que ignoró a Dios por mucho tiempo, y luego enfermó de cáncer. Pero después de un tiempo escuchó el programa de radio y volvió al Señor, aceptándole como su Salvador. Aunque se vio en una triste condición, alguien que le visitó nos dijo que visitar a ese hombre le había alegrado el corazón dándole una lección de humildad, al ver que en medio del sufrimiento el enfermo hablaba de lo bueno que había sido Dios con él, como le había salvado, y que maravilloso le resultaba. Realmente, cuando uno puede alabar a Dios en una situación crítica como esta, quiere decir que ha alcanzado un nivel espiritual muy elevado.

Y así, en este Salmo hemos visto la situación difícil de David, que refleja la situación difícil del pueblo de Dios en la Gran Tribulación. Llegamos ahora al

Salmo 14

El tema de este Salmo es la depravación del hombre en los últimos tiempos, expresada en su ateísmo, su impureza y su rebelión. El Salmo 14, está unido a otros Salmos, y de una manera especial al Salmo 12. En aquel Salmo, usted recordará que vimos la corrupción de los últimos días. El hombre piadoso había pasado a un segundo plano y parecía que el hombre sin Dios estaba en control de la situación. La corrupción, la maldad, y la anarquía estaban a la orden del día. Y usted puede pensar que es una imagen del presente, pero en los últimos tiempos será mucho peor. Y esperemos que usted no viva esa situación, porque los que pertenecen a Dios, es decir aquellos que pertenecen al cuerpo de los creyentes que es la Iglesia de Dios, no pasarán por esa gran tribulación. En el libro de Apocalipsis 3:10, el Señor dijo a la iglesia Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra. La iglesia, es decir, los verdaderos creyentes, se irán antes de esos días. Y este Salmo ciertamente nos muestra la corrupción y la maldad de los últimos días, de los últimos tiempos.

Observemos la maravillosa disposición de este Salmo hecha por el obispo Horne. Él dividió el Salmo en tres partes: la corrupción del mundo, la enemistad contra el pueblo de Dios, y el deseo y oración por la salvación. Este es la imagen del Salmo 14, un Salmo breve, pero muy importante.

Leamos entonces el versículo 1 de este Salmo, para entrar en la primera parte titulada:

La corrupción del mundo

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras despreciables, no hay quien haga lo bueno”.

La palabra en hebreo para “necio” es “nabal”. Esto quizá le trae a la memoria a un hombre que fue llamado Nabal; él tenía como esposa a una mujer hermosa que se llamaba Abigail. La historia está narrada en 1 Samuel 25. El nombre del marido verdaderamente lo describía, porque actuó como un necio. Actuaba como tal, porque quería luchar contra David, lo cual habría sido una gran equivocación. Y después que Nabal murió, Abigail llegó a ser la esposa de David, y pensamos que ella fue la mejor esposa que él tuvo. Ahora, esta palabra se puede traducir a varias palabras en nuestro idioma tales como: simple, simplón, necio, tonto o loco.

Sabiendo lo que sabemos hoy sobre el universo, solo una persona insensata diría que Dios no existe. El ser humano ha comprobado que el universo funciona con mayor exactitud que cualquier reloj que se haya construido. Y no hay ningún reloj funcionando en el mundo del cual pueda decirse que simplemente surgió o comenzó a existir. Porque un relojero tiene que haberlo fabricado. Y ese universo que está sincronizado mejor que un reloj nos dice que hay un creador que lo ha diseñado. Aquí en este Salmo, el necio que dice que no hay Dios, aparece en la escena. Ya hemos tenido un anticipo en el Salmo 10:4, donde decía que no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Ese personaje del Salmo 10 exhibía lo más profundo de la depravación humana. Ahora, una persona puede tener una mentalidad brillante desde un punto de vista humano, así como una preparación académica notable. Pero ello no significa necesariamente que al ver la maravilla del universo, puede percibir detrás de todas las cosas creadas la mano de un Creador inteligente. La preparación intelectual no necesariamente indica una percepción espiritual con respecto a Dios y a Su Palabra.

Bien, veamos ahora lo que nos dice el versículo 2 de este Salmo 14:

“El Señor miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios”.

Y, ¿qué fue lo que encontró? Bueno, leamos el versículo 3:

“Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

El apóstol Pablo citó este versículo en Romanos 3:12. Él no sólo estaba hablando de los que no creen en Dios, sino de todos en general. Y ésa es la imagen mía y suya, estimado oyente. Porque todos somos pecadores. No hacemos el bien. La condición natural del ser humano es corrupta, y en los tres primeros versículos el salmista nos ha dicho cuáles son las profundidades a las que el hombre puede llegar.

Leamos ahora los versículos 4 al 6, que constituyen la segunda parte de este Salmo y nos hablan sobre

La enemistad contra el pueblo de Dios

“¿No tienen discernimiento todos los que cometen maldad, que devoran a mi pueblo como si comieran pan y no invocan al Señor? Ellos temblarán de espanto, porque Dios está con la generación de los justos. De los planes del pobre se han burlado, pero el Señor es su esperanza”.

Hay mucho fingimiento, mucha simulación por parte de muchos poderosos de este mundo que explotan a sus semejantes. Por un lado parecen tener una mentalidad abierta, comprensiva, pero por otra parte, muestran un desconocimiento total sobre la situación y necesidades de los seres humanos menos favorecidos y con pocos recursos. Son como aquel rico del cual se nos cuenta en Lucas 18:20 y 21, que dejaba caer algunas migajas de su mesa bien provista, para que el pobre que allí se encontraba pudiera saciar momentáneamente su hambre. No es muy común encontrar personas adineradas en la actualidad que se preocupen por ayudar a los pobres. Debiéramos considerar que de todo lo que acumulamos en esta vida tendremos que pagar impuestos hasta el fin de nuestra vida. Sin embargo, muchos que tienen los más abundantes recursos evaden el pago de impuestos. Dios conoce verdaderamente la naturaleza humana y en estos versículos encontramos una descripción de la insensibilidad humana, del egoísmo y de la explotación despiadada de las personas con menores oportunidades de trabajo y recursos. Aquí encontramos pues una descripción breve, pero dura de esa situación de injusticia social que se ha manifestado, de diversas maneras y en diferentes contextos socioeconómicos, pero de forma permanente en todas las etapas de la historia. Ahora, en el versículo 7, tenemos una nota de triunfo y vemos la tercera y última parte de este Salmo, titulada

El deseo y la oración por la salvación

“¡Ah, si de Sion viniera la salvación de Israel! Cuando el Señor haga volver a los cautivos de su pueblo, se gozará Jacob, se alegrará Israel”.

Este versículo mira hacia el futuro, como una anticipación a ese glorioso día cuando de Sion vendrá la salvación de Dios para Israel. En aquel día, se alegrarán los descendientes de Jacob, todo el pueblo de Israel. Este versículo debe interpretarse de forma literal, natural, sin pretenderle asignarle otro significado ajeno al contexto histórico y a las referencias históricas que se encuentran por todo el libro de los Salmos. Es evidente que no se puede decir que Dios no tiene un propósito futuro para Israel. No se pueden ignorar tampoco lo que ha sido afirmado con claridad en otros pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. No se puede ignorar que el clamor gozoso del corazón del salmista expresaba la esperanza en un futuro en el cual Dios establecería un reino sobre la tierra.

Llegamos ahora, al

Salmo 15

Este Salmo nos da la descripción de aquellos que van a estar en la presencia del Señor. Y este es otro Salmo bastante breve, que concluye la sección de Salmos que comenzó con el Salmo 9. Si usted repasa esos Salmos comprobará que al avanzar en la lectura de los mismos, existe un indudable desarrollo. Los Salmos 9 y 10 describían al hombre inspirado e impulsado por Satanás, que se caracterizará por el orgullo, la jactancia y la autosuficiencia. El Salmo 11 trataba el tema de las pruebas por las que tendrán que pasar los justos, En el Salmo 12 vimos a las personas fieles a Dios en medio de la impiedad y maldad que predominarán en la Gran Tribulación. El Salmo 13 refleja los aprietos por los que pasará el pueblo de Dios en la Gran Tribulación. El Salmo 14 nos muestra la depravación del ser humano en los últimos tiempos, que resultará evidente en su actitud de negar la existencia de Dios, en su conducta de impureza moral y espiritual y en su actitud de rebelión. Y ahora, el Salmo 15 nos habla de aquellos que entrarán al reino. Nos describe a los que van a estar en la presencia del Señor. Veamos cómo comienza este Salmo, leamos el primer versículo:

“Señor, ¿quién habitará en tu Tabernáculo?, ¿quién morará en tu monte santo?”

Hay sólo un monte santo; la Biblia lo llama Sion, y según se nos dice, está situado en la tierra de Israel. El salmista está hablando de aquellos que entrarán en el reino, el reino que Cristo establecerá sobre la tierra. Continuemos ahora leyendo los versículos 2 hasta el 4, de este Salmo 15:

“El que anda en integridad y hace justicia; el que habla verdad en su corazón; el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prójimo ni admite reproche alguno contra su vecino; aquel a cuyos ojos el indigno es menospreciado, pero honra a los que temen al Señor; el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia”

En el versículo 4 se habla de aquel a cuyos ojos el indigno es menospreciado, o sea que está hablando de aquel que desprecia al indigno, al perverso, quien Dios reprueba. En nuestra cultura contemporánea, con frecuencia, se cumple lo opuesto, es decir, que la persona vil es honrada y la persona recta y fiel a Dios es despreciada.

En el mismo versículo 14, vemos también que la frase, el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia significa que declarará públicamente la verdad y no cambiará su versión para protegerse a sí mismo, aunque resulte perjudicado por ello.

Leamos ahora el último versículo de este Salmo 15, el versículo 5:

“Quien su dinero no dio a usura ni contra el inocente admitió soborno. El que hace estas cosas, no resbalará jamás”.

En realidad lo que David estaba diciendo aquí era exactamente lo que dijo el apóstol Santiago en su epístola, capítulo 2, versículo 18: Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Juan Calvino lo expresó de esta manera: “La fe sola salva, pero la fe que salva, no está sola”. La gran pregunta formulada al principio del Salmo era: ¿Quién va a estar ante la presencia de Dios? Y la respuesta es: aquellos que han tenido una fe en Dios que ha producido una vida de justicia. Hay cristianos que hablan mucho sobre la venida del Señor. Sin embargo no apreciamos muchos cambios en las vidas de las personas que dicen estar esperando al Señor. Estimado oyente: si usted realmente cree que Jesús va a venir pronto, o incluso si usted cree que estará algún día ante la presencia del Señor para dar cuenta de su vida, tendrá que asegurarse de vivir su vida de tal manera que ésta tenga valor para Dios. Esta será la verdadera prueba que demostrará si usted le ama y espera el regreso del Señor Jesucristo.

Septiembre 25

Salmo 16

En este día, amigo oyente, llegamos al Salmo 16. Los Salmos 16 al 24 forman otro grupo de Salmos afines, que pueden ser agrupados en una sección. El tema de estos Salmos es la profecía sobre Cristo unida a la profecía del remanente fiel a Dios.

Este gran Salmo que tenemos ante nosotros nos presenta un canto de resurrección. Es el tercer Salmo Mesiánico. En el podemos ver la vida de Cristo (v. 8), la muerte de Cristo (v. 9), la resurrección de Cristo (v. 10), y la ascensión de Cristo (v. 11). En el Nuevo Testamento se cita este Salmo en tres lugares diferentes al hablar de la resurrección del Mesías.

Los que siguen la lectura del Salmo en sus Biblias, pueden notar que se llama “Mictam de David”. Este es el primer Salmo Mictam. La palabra Mictam tiene un origen incierto, (y vamos a llegar a otros Salmos que también se llaman Mictam, por ejemplo los Salmos 56 al 60.) Martín Lutero tradujo la palabra Mictam, a “Joya dorada o de oro”, y creemos que esta traducción es cercana a su significado real.

Opinamos que el significado Mesiánico está establecido plenamente por el testimonio del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, como veremos oportunamente.

Esto quiere decir que este es el tercer Salmo mesiánico que hemos visto. Primero vimos el Salmo 2, donde observamos el rechazo del Rey y el propósito final de Dios de ponerlo en el trono, lo cual mira anticipadamente hacia la segunda venida. Luego tenemos el Salmo 8, Su humanidad se presenta en ese Salmo; es decir, la encarnación, y eso se cita también en la epístola a los Hebreos, capítulo 2.

Podríamos llamar a este Salmo “La Joya de Oro de David”, porque él estaba mirando hacia Aquel que vendría de su linaje, a Aquel de quien podía decir: “Ésta es toda mi salvación”. Comencemos entonces, leyendo el primer versículo de este Salmo 16, que dice:

“Guárdame, Dios, porque en ti he confiado”.

Esto revela la voz maravillosa del Señor Jesucristo cuando Él dijo que había venido a hacer la voluntad del Padre. Él se había puesto totalmente en manos del Padre (Juan 5:30). Él ocupó deliberadamente un lugar de sujeción aquí en la tierra, cuando asumió nuestra humanidad. Este hombre pequeño, y todos los somos, se enorgullece y trata de elevarse cada vez más. Siempre habrá algunos que, ocupando altas posiciones, como por ejemplo, políticos, estadistas, científicos y educadores, casi parece que quisieran ocupar el lugar de Dios. Permítanos decirle, que en el contexto del universo, el ser humano es insignificante. Ha sido creado un poco menor que los ángeles (Hebreos 2:6-7). Yo tengo que asumir esa posición, pero Cristo no tenía por qué haberlo hecho. Pero Él voluntariamente se hizo hombre, Me alegro de pertenecer a la humanidad, pero también necesito reconocer lo que el ser humano es en realidad. Luego, me alegro por lo que Dios va a hacer por mí, conmigo y por todos aquellos que creen en Él. David dijo: Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. ¡Qué cuadro tenemos aquí del Señor Jesucristo! También era un cuadro de David, por supuesto y, estimado oyente, confío que será un cuadro que le represente a usted y a mí. Luego continuó diciendo en el versículo 2:

“Alma mía, dijiste al Señor: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti”.

Quizá usted tiene la oportunidad de viajar por carretera, de caminar por la ladera de una montaña, o de andar por la orilla del mar, y al hacerlo elevar su rostro al cielo y decir: “Tú eres mi Señor: El Creador y El Redentor”. ¿Le ha dicho esto alguna vez? Yo tengo un Padre Celestial que nos hizo a Su imagen, y quiere que nos acerquemos a Él y que le digamos: “Tú eres mi Señor”. ¿Se lo ha dicho usted últimamente, estimado oyente? No sea usted como los orgullosos de quienes Jesús habló en Mateo 7:22-23, diciendo: 22Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. 23Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!”. Aquellas personas le llamaban “Señor” y ni siquiera le conocían. Cuando yo le llame “Señor” quiero hacerlo en serio, es decir, que realmente signifique que Él es mi Señor. Bien, continuemos ahora, con este Salmo 16; leamos el versículo 3:

“Para los santos que están en la tierra y para los íntegros es toda mi complacencia”.

Es que para los que le son fieles aquí en la tierra, Él es el Señor. Como el versículo mismo lo indica, ese privilegio no pertenece a todas las personas, como puede verse en el versículo 4:

“Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre ni en mis labios tomaré sus nombres”.

Hay solamente un Dios, pero algunos están siguiendo a otro a quien ellos erróneamente consideran un dios.

¡Qué cuadro el que tenemos ante nosotros! Los paganos tenían a aquellos que ellos llamaban dioses; en los días de David eran Dagón y Baal. Y luego hay aquellos otros que nos sorprenden un poco porque dicen: “Yo no tengo ningún credo”. En realidad, esa también es una manera de tener un credo. Nadie puede evitar el tener un credo.

En una gran ciudad existía una Iglesia cuyas grandes paredes se apreciaban del lado de la calle, y sobre esa gran pared se había pintado un cartel que decía: “Ningún credo, sino Cristo”. Pues bien, ese era su credo. Ellos tenían un credo y era muy bueno por cierto. Pero creemos que eso es simplificar demasiado las cosas, y uno no está diciendo toda la verdad cuando hace una declaración como esa. Escuchemos ahora lo que dicen en los versículos 5 y 6 de este Salmo 16:

“El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa; tú aseguras mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado”.

¡Esta frase es de grandes alcances, estimado oyente! El Señor es la porción de mi herencia. Él fue quien descendió aquí a este mundo y ocupó ese lugar, andando en un mundo de pecado y de dolor; Fue un perfecto extraño aquí. David se alegró por estar unido al Señor; hubo paz y gozo en su vida. Y dijo además: El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa. Pues bien, ¿cuál es la diferencia? Mi porción es lo que a mí me pertenece; sea que lo disfrute o no, es mío. Y mi copa es aquello de lo cual yo me apropio, y lo hago mío, propio.

Por ejemplo, imaginemos un niño muy pequeño sentado a la mesa. Ante él colocamos un plato con su porción de comida. Pero la verdad es que él lo desparrama alrededor y no lo come todo. Solo se apropia de una parte. En principio se le da una porción, pero él niño solo se apropia de aquello que en realidad comerá, que es lo que en este pasaje llamamos “la copa”.

Pues bien, hay muchas personas en el mundo que han sido bendecidas por Dios con toda clase de bendiciones espirituales pero no las disfrutan. Su copa no está rebosando. No tienen mucho en ellas. Dios quiere que disfrutemos de la vida, estimado oyente, Jesús mismo dijo (Juan 10:10) que vino para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia, y además, (Juan 15:11) dijo que había venido para que tuviéramos Su gozo, y para que nuestra gozo fuera completo. Esa es una experiencia de plenitud, que debe llenar toda la vida y no, como muchas veces sucede, que solo disfrutamos de las bendiciones de Dios unas pocas veces, ocasionalmente.

En cuanto al versículo 6, que dice: Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado, se refiere a la costumbre de dividir la tierra echando suertes y marcando las divisiones con cuerdas. En otras palabras, el escritor comparó las bendiciones de Dios con la mejor herencia que una persona podía recibir.

Escuchemos ahora lo que dice el versículo 7, de este Salmo 16:

“Bendeciré al Señor que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia”.

¿En qué piensa usted, estimado oyente, en la noche cuando no puede dormir? Bueno, aquí vemos que el salmista pensaba en el Señor.

Y llegamos ahora a una porción que es citada en el Nuevo Testamento. Leamos los versículos 8 al 10, de este Salmo 16:

“Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi carne también descansará confiadamente, porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”.

Este es el Salmo de la resurrección del Señor Jesucristo. Este fue el núcleo central del mensaje del apóstol Pedro en el día de Pentecostés, que podemos leer en el capítulo 2, del libro de los Hechos de los apóstoles. Dice allí lo siguiente: Pues David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi derecha, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró y se gozó mi lengua, y aun mi cuerpo descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. El infierno o Seol, era la palabra hebrea para David y su pueblo en el Antiguo Testamento, y aquí en el Nuevo testamento es Hades, para referirse al mundo invisible, que podía ser la tumba. Y continuó citando Pedro: Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepultura está con nosotros hasta el día de hoy. Bien, desde el lugar de donde hablaba Simón Pedro, el atrio del templo, él podía señalar el lugar donde se encontraba la tumba de David, y él entonces podía decir: “David está enterrado allí”. Y continuó Pedro diciendo: Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su cuerpo vio corrupción. O sea, que Pedro dijo claramente que el Salmo 16, versículos del 8 al 10 se hablaba de la resurrección de Cristo. Ahora, varios expositores críticos dicen que este pasaje no contiene ninguna referencia a la resurrección de Cristo. Cuando escucho semejantes opiniones, tengo que considerar sencillamente lo que Pedro dijo. Cuando Pedro predicó en el día de Pentecostés, varios miles de personas se volvieron hacia Cristo y fueron salvas, lo cual causó un gran impacto en el imperio romano. Y sentimos que tenemos que preguntar a tales críticos: “¿Cuántos están viniendo al Señor a través del ministerio que están llevando a cabo?” Esa es la prueba verdadera. Pedro dijo que el Salmo 16 se refería a la resurrección de Jesucristo y estamos tomando la declaración de Simón Pedro en serio.

Pero Pedro dijo más en el día de Pentecostés. En los versículos 32 al 36 del capítulo 2 de Hechos, continúa diciendo: A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la derecha de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

El apóstol Pablo también citó de este Salmo 16. En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 13, versículo 35 al 37 leemos: 35Por eso dice también en otro Salmo: “No permitirás que tu Santo vea corrupción”. 36Y a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. 37Pero aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Así que podemos ver que Pablo también consideró a este Salmo como el de la resurrección de Jesús.

Realmente el contenido de esta Salmo es notable. En el versículo 8 tenemos algo referente a la vida de Cristo. Leámoslo:

“Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi derecha, no seré conmovido”.

Este, estimado oyente, fue el camino que Cristo siguió aquí en la tierra, y es el camino que yo quiero seguir. Luego, en el versículo 9, el salmista nos habla de la muerte de Cristo, leámoslo:

“Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi cuerpo también descansará confiadamente”

Y Él murió sobre la cruz, sabiendo que Dios lo iba a levantar de los muertos. ¿Qué es lo que usted siente en la actualidad acerca de esto, estimado oyente? ¿Cree que Dios lo va levantar a usted de entre los muertos? Luego, tenemos la resurrección de Jesucristo en el versículo 10:

“Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”.

Cuando dice Seol aquí, se refiere a la tumba. Luego tenemos la ascensión de Cristo en el versículo 11, que dice lo siguiente:

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu derecha para siempre”.

Como podemos ver, este es un hermoso Salmo en el que se profetizó la resurrección del Señor Jesucristo y en ese carácter fue citado en el Nuevo Testamento, como hemos visto por las citas de los apóstoles San Pedro y San Pablo, que reforzaron su presentación del mensaje del Evangelio con el testimonio del rey David en el Antiguo Testamento. Siempre hemos destacado que ese fue el mensaje de la primera iglesia cristiana desde el principio, incluyendo la muerte y la resurrección corporal del Señor Jesucristo. San Pablo lo resumió en su primera carta a los Corintios declarando específicamente que esa era una revelación que él había recibido y la comunicaba a la iglesia de Corinto y a la iglesia universal. Dijo entonces en el capítulo 15 versículos 3 y 4 de esa carta: 3Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.

Como ya hemos indicado, estos Salmos hablan primordialmente de nuestro Señor Jesucristo. Pero nos describen también la experiencia de David y ello nos ayuda a sentirnos identificados con sus experiencias al sentirse acosado y cerca de la muerte, al experimentar el perdón de Dios después de haber pecado, y al sufrir graves problemas familiares.

Pero la experiencia límite en la vida de los seres humanos es la muerte. Y David aprendería al fin que la muerte no representaría una amenaza fatal, trágica e irreversible para él porque, como revelan estos Salmos que estamos considerando, él había disfrutado de grandes bendiciones, de privilegios y una verdadera relación de compañerismo con el Señor. Por lo tanto, Dios no permitiría que la muerte, escenificada con la fría realidad de una tumba, interrumpiese esa relación vital y permanente. Y de esta misma manera, y en un sentido más amplio, más pleno, más rico en significado, esa será también la verdadera experiencia de los creyentes de todos los tiempos. Ellos y nosotros podemos decir que teniendo en la Biblia una revelación completa de la doctrina de la resurrección, pueden decir que incluso cuando mueran, Dios no permitirá que la muerte destruya esa relación plena y completa de compañerismo que tienen con el Señor. San Pablo mismo declaró enfáticamente y con confianza en 2 Corintios 5:8 que cuando los cristianos se ausenten de este cuerpo, estarán con el Señor. Incluso, como les declaró a los cristianos de Filipos en su carta, 1:23, a veces no sabía si era mejor permanecer en esta tierra sirviendo al Señor, porque también tenía deseos de partir de este mundo y estar con Cristo lo cual, como él mismo dijo, era muchísimo mejor.

Estimado oyente, esta expresión de fe es posible porque Cristo conquistó a la muerte y como también afirmó San Pablo en su primera carta a los Corintios 15:23, Cristo resucitó en primer lugar como primicias, es decir, como el primer fruto de la cosecha y después, en el momento en que Cristo vuelva, resucitarán aquellos que le pertenecen. Por ello, el apóstol dejó a los creyentes las palabras de consuelo de su primera carta a los Tesalonicenses capítulo 4 versículos 16 al 18, que dicen: 16El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. 17Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18Por tanto, animaos los unos a los otros con estas palabras. Estimado oyente, ¿tiene usted esta esperanza? ¿está seguro de que esa será su experiencia? Si así es, sin duda experimentará un gran consuelo, una gran paz. Y si no tiene la seguridad de que esta será su experiencia, le invitamos a confiar en el Señor Jesucristo como su Salvador.

Septiembre 26

Salmos 17 y 18

Continuamos nuestro estudio hoy en el libro de los Salmos y llegamos al Salmo 17. Tenemos aquí, una oración de David cuando éste se encontraba en gran peligro. La pregunta que surge aquí es: ¿cuándo fue escrita? Parece ser una oración que surgió de una experiencia en el desierto. Probablemente se refiere a los días en que Saúl y sus hombres lo tenían acorralado y casi logran capturarlo. Este Salmo nos revela la misma confianza de David en Dios que vimos en el Salmo anterior. Pero en un análisis final, habla primordialmente de nuestro Señor Jesucristo. Este Salmo puede también ser una oración para nosotros en la actualidad, cuando nos encontramos en situaciones similares de pruebas, ansiedad, y peligro.

Antes de leer el primer versículo, permítanos recordarle, amigo oyente, una vez más, que estamos aquí en una nueva serie de Salmos. Estos Salmos se nos presentan en series, y ésta comienza con el Salmo 16, ese tan destacado Salmo mesiánico, que consideramos en nuestro programa anterior, y continúa hasta llegar al Salmo 24. En esta sección que tenemos ante nosotros, vamos a encontrar a Cristo en la profecía. Ahora, usted puede notar al entrar en este Salmo, que este es un Salmo maravilloso. En el primer versículo de este Salmo 17, leemos:

“Oye, Señor, una causa justa; atiende a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño”.

Tenemos entonces ante nosotros una oración de David quien, al ser perseguido por el rey Saúl se encontraba en un grave peligro. Esta oración surgió del fondo del alma de un hombre que dijo lo que realmente estaba sintiendo. En una situación como ésta, él no iba a fingir, diciendo una cosa por otra. Aquí mencionó a sus labios sin engaño para recalcar que no había falta de sinceridad en lo que estaba diciendo. Y dijo en el versículo 2, de este Salmo 17:

“De tu presencia proceda mi defensa; vean tus ojos la rectitud”.

Aquí el declaró su integridad ante Dios, sometiéndose al examen divino, para que Él le hiciera justicia, Yo no sé qué pediría usted, estimado oyente, pero yo no pediría a Dios justicia, sino compasión, misericordia. Luego en el versículo 3, dijo:

“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba y nada malo hallaste. He resuelto que mi boca no cometa delito”.

Lo interesante es que cuando el Señor probó a David, Él sí que encontró algo; y cuando Él me probó a mí, también encontró algo. Y me imagino, estimado oyente, que cuando Él lo prueba a usted, bueno, también encontrará algo. Estas palabras deben ser aplicadas en primer lugar a Cristo.

Cuando el salmista habló en el versículo 1 de que su oración no salió de “labios engañosos”, vemos en esas palabras una imagen perfecta del Señor, pues él sí que es perfecto. Hablando de Él, el apóstol Pedro dijo en su primera carta 2:22, Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Y Pedro continuó diciendo en el versículo 23 de este mismo pasaje: Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente. (Muchos de nosotros hubiéramos deseado haber puesto un candado en nuestras bocas, y no haber dicho tal y cual cosa. Pues bien, aquí tenemos a alguien que nunca dijo algo que estuviera mal. Y la gente se maravillaba de las palabras que salían de Su boca.) Escuchemos ahora al Salmista con el versículo 4, en este Salmo 17:

“En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos”.

Ahora, “Las sendas de los violentos”, por supuesto, se refiere a Satanás. Debido a su presencia en el mundo, todo hijo de Dios debería permanecer alerta. David estaba en territorio enemigo, y fue consciente de ello cuando se estaba escondiendo del rey Saúl. De la misma manera, nosotros también nos encontramos en territorio enemigo, bajo la jurisdicción del enemigo de Dios. Recordemos que en el libro de Apocalipsis capítulo2:13, el Señor Jesucristo dijo, refiriéndose a la iglesia de Pérgamo: Yo conozco tus obras y donde habitas: donde está el trono de Satanás. (Pero Él elogió a esa iglesia por haber sido fiel al nombre del Señor y no haber negado su fe.) Yo no sé donde está usted en la actualidad, estimado oyente, pero recuerde que se encuentra en ese territorio enemigo que acabamos de mencionar, y no lejos de lo que la Biblia llama el trono de Satanás.

El Señor no cayó en la trampa de Satanás, como muchos de nosotros con frecuencia caemos. Leamos ahora los versículos 5 y 6 de este Salmo 17, donde David continuó diciendo:

“Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado por cuanto tú, Dios, me oirás; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra”.

David evidentemente supo que su oración había sido oída. El Señor Jesucristo se identificó con los Suyos. Cuando Él oró, Dios le escuchó. Podemos estar seguros, estimado oyente, que Él oye y contesta nuestras oraciones cuando estamos pasando por problemas. Y continuó orando David, lo que leemos en los versículos 7 y 8:

“Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu derecha, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas”

Recordemos que años antes, Dios había usado una expresión similar cuando le dijo a Israel, en el libro de Éxodo capítulo 19: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí”. Qué cuadro el que tenemos del lugar donde hemos sido colocados: “bajo la sombra de sus alas”. Como vemos en Mateo 23:37, muchos años más tarde el Señor Jesucristo dijo de Jerusalén, ¡Jerusalén, Jerusalén, tú que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste!, Observemos que quiso juntarlos debajo de sus alas. Ese es también el cuadro que tenemos aquí. Leamos ahora, los versículos 9 al 12, de este Salmo 17:

“De la vista de los malos que me oprimen, de mis enemigos que buscan mi vida. Envueltos están en su gordura; con su boca hablan arrogantemente. Han cercado ahora nuestros pasos; tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra. Son como león que ansía agarrar su presa y como leoncillo que está en su escondite”.

En estos versículos David continuó clamando a Dios con la confianza de que Él había escuchado su oración. Para finalizar este Salmo leamos ahora, los versículos 13 al 15:

“Levántate, Señor; sal a su encuentro, derríbalos; libra mi vida de los malos con tu espada, de los hombres, con tu mano, Señor, de los hombres de este mundo, para quienes lo mejor es esta vida, y cuyo vientre está lleno de tus bienes. Sacian a sus hijos y aun les sobra para sus pequeños. En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”.

Aquí tenemos a David escondido en una cueva, y él clamó a Dios para que Él lo librara. Él sabía que iba a ser librado por Dios, y sabía también que un día él estaría en Su presencia. Pero en ese momento, el enemigo parecía ser fuerte y poderoso.

Esta es la posición del hijo de Dios en la actualidad pero tenemos la ayuda de recurrir a nuestro Padre celestial. Y esto es lo que el Señor hizo cuando estaba en esta tierra. Así lo hizo David cuando se estaba enfrentando a graves peligros.

¡Qué Salmo este para ayudar a aquellos que se encuentran hoy en problemas!, y especialmente, cuando somos conscientes de tener enemigos. La mayoría de nosotros, que estamos del lado de Dios tenemos enemigos. Ellos parecen ser una parte normal de nuestra vida cristiana.

Salmo 18

Este fue otro gran Salmo escrito por David. Citaremos nuevamente la opinión del especialista Bíblico Perowne:

“En este magnífico himno el poeta real explica algunos bocetos grandiosos de la historia de su vida; el relato de su maravillosa liberación y las victorias que el Señor le dio. Un registro también, de su propio corazón, la verdad de su afecto hacia Dios, y la integridad de propósito, por medio del cual él siempre había sido influenciado. A través de esa vida tan accidentada, perseguido como lo había sido por Saúl antes de llegar al trono, y constantemente acosado después de haberse convertido en rey por rivales que disputaban su autoridad y que procuraban robar el corazón de su pueblo, obligado a huir para proteger su vida a causa de su propio hijo, y ocupado después en largas y feroces guerras contra naciones extranjeras, una cosa nunca lo había abandonado, y fue el amor y la presencia del Señor. Por su ayuda, subyugó a todos los enemigos, y ahora en su vejez, echando una mirada retrospectiva al pasado con agradecimiento devoto, él cantó este gran himno de alabanza al Dios de su vida”. Hasta aquí, las palabras del teólogo Perowne.

Ahora, todo esto fue verdad. Esa es, creemos nosotros, la interpretación local, contemporánea del Salmo. Este Salmo es en realidad un duplicado del Segundo libro de Samuel, capítulo 22. Y cuando estudiamos ese libro pasamos rápidamente por algunos detalles pero ahora trataremos el contenido más detenidamente.

En este Salmo hay un contenido más profundo que el que el citado expositor nos ha dado. Algunas de las expresiones que se llaman figuras poéticas son más que figuras retóricas. Estas expresiones hablan del Hijo de Dios, del Ungido de Dios, de Cristo nuestro Salvador en Sus sufrimientos. Y algunos han llamado a este Salmo: “de las fauces de la muerte al trono de Jehová”.

Estamos viviendo en una época en la que se está diciendo mucho acerca del amor. Y muchos piensan que el tema del amor es ajeno al Antiguo Testamento. Pero observemos como comienza este Salmo 18 en el versículo 1:

“Te amo, Señor, fortaleza mía”.

¿Cuándo fue la última vez que usted le dijo a Dios que le amaba? Creemos que una de las cosas más maravillosas que usted puede hacer es decirle que le ama. La alabanza a Dios comienza porque Él nos ama y nos ha provisto la salvación. Él nos protege, y hoy por Su providencia, nos está cuidando. Observemos que Él es llamado “fortaleza mía”. Leamos el versículo 2:

“Señor, roca mía y castillo mío, mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”.

Él llamó al Señor su fortaleza, su roca, su castillo y su libertador. En todos estos aspectos Él era su Salvador. Después dijo nuevamente que Él era su fortaleza y añadió que era su escudo, la fuerza de su salvación y su alto refugio. La frase “la fuerza de mis salvación” debería traducirse en realidad “el cuerno de mi salvación”. Es interesante recordar que asiéndose a los cuernos del altar una persona estaría a salvo de quienes la atacaran. Y así es como nosotros debemos asirnos hoy a nuestro Dios. El Señor, nuestro Salvador es como nuestro cuerno de refugio. Y es una torre inexpugnable. Una torre alta es un buen lugar para protegerse, y para tener una visión y una perspectiva de la vida. Muchos de nosotros deberíamos subir a esa torre alta. Realmente, este versículo contiene nombres excelentes para describir a Dios.

Pero lo que nos interesa mucho aquí es el adjetivo posesivo mí, y el pronombre mío. David dijo, “oh Señor, Roca mía y castillo mío, mi libertador. Dios mío, fortaleza mía. Una cosa es hablar sobre los atributos de Dios y decir que Él es omnipotente. Pero lo importante es poder decir que Él es mi fortaleza. Una cosa es decir que Dios es un pastor, y David podía haber dicho, el Señor es un pastor, y lo era. Pero es completamente diferente decir: El Señor es mi pastor.

Cuando usted se dirige a la estación del ferrocarril, y allí espera a un ser querido, digamos a su hijo, llega a ese lugar y encuentra que hay mucha gente esperando el mismo tren. Puede haber muchos jóvenes en el lugar y personas que los esperan. Todos son seres queridos que sonríen y se saludan unos a los otros. Pero de pronto usted ve a uno. Él es diferente, ¿Y sabe por qué es diferente? Porque él es su hijo. Puede haber muchos padres allí, y ante esa escena entrañable uno no puede menos que sonreír. Pero entonces de repente aparece uno que es diferente de todos los demás. ¿Y qué lo hace diferente? Es que es su hijo y usted puede utilizar ese adjetivo, mi hijo, o el pronombre posesivo, es mío.

Estimado oyente, ¿puede usted decir hoy, EL Señor es Mi pastor? ¿Puede usted decir: Él es Mi alto refugio o Mi torre, Él es Mi fortaleza, Él es Mi escudo, Él es Mi castillo, Mi libertador, Mi roca, la fuerza de Mi salvación y Mi Dios? Después, el salmista dijo en el versículo 3 de este Salmo 18:

“Invocaré al Señor, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos”.

La alabanza es algo que se da a alguien que es digno de recibirla. El salmista clamó a Dios porque Él era digno de ser alabado. Y dijo en el versículo 4:

“Me rodearon los lazos de la muerte y los torrentes de la destrucción me atemorizaron”.

Una vez más el Salmo parece extenderse y tocar la persona del Señor Jesucristo. El Obispo Horne dijo en un comentario: “Supongamos que el rey Mesías, al igual que Su antiguo progenitor, está sentado sobre el trono. Desde allí imaginémonos que Él está echando una mirada retrospectiva a los sufrimientos que había padecido, las batallas en las cuales había luchado, las victorias que había logrado. Y recordando esto, nosotros podremos en alguna medida imaginar la fuerza de las palabras “Con todas las ansias de mi cariño te amo, oh Señor, fortaleza mía, por medio de cuya unión he terminado mi obra, y ahora estoy exaltado para alabarte en aquellos que han sido redimidos”. Siempre que cantemos este Salmo pensemos que lo estamos cantando en unión a nuestro Salvador, resucitado de los muertos; una consideración que seguramente nos incitará a hacerlo con la gratitud y devoción apropiadas”. Hasta aquí la cita.

¡Qué cuadro! Y estimado oyente, este es uno de esos Salmos en los que podemos unirnos a Él cantando.

Escuchémosle ahora, al recordar su experiencia. Y creo que aquí se presenta a la vida de David de una forma limitada, y más especialmente, la vida del Señor Jesús, que debió pronunciar las palabras del versículo 4 que leímos antes, Me rodearon los lazos de la muerte y los torrentes de la destrucción me atemorizaron, palabras que podemos unir a los versículos 5 y 6, que dicen:

“Los lazos del sepulcro me han rodeado, me tendieron redes de muerte. En mi angustia invoqué al Señor y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos”.

Observemos nuevamente la expresión mi Dios. ¿Y qué sucedió? Dios respondió. ¿Y qué sucedió cuando el Señor Jesucristo salió de la tumba? Nos lo dice el versículo 7:

“La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes y se estremecieron, porque se indignó él”.

Dios estaba enojado por lo que los pecadores le habían hecho a Su Hijo. Y los Evangelios nos dicen que cuando fue apartada la piedra del sepulcro de Jesús hubo un terremoto. Lo demás que debió ocurrir en el cielo y que se corresponde con los versículos siguientes, no lo sabemos. Leamos los versículos 8 al 11:

“Humo subió de su nariz y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos y descendió, y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín y voló; voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondite, por cortina suya alrededor de sí; oscuridad de aguas, nubes de los cielos”.

Hubo tinieblas cuando el Señor Jesucristo fue crucificado. ¿Y quién hizo todo esto? Bueno, el versículo 13 dice:

“Tronó en los cielos el Señor, el Altísimo dio su voz: granizo y carbones de fuego”.

Este Salmo comenzó usando el pronombre mío. Después en el versículo 7 cambió, y habló de lo que Dios había hecho. Ahora, en el versículo siguiente, se mencionan los pronombres Él y yo. Leamos los versículos 16 y 17:

“Envió desde lo alto y me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo”.

Aquí dice: “Me libró de mi poderoso enemigo”. Estimado oyente, ¡cómo necesitamos usted y yo una relación personal, vital con Dios! Enfrentémonos con Él. Él nos ha librado del enemigo. ¿Necesita usted ayuda hoy? ¿Necesita tener un compañero? Permítanos recomendarle uno. Él nunca lo abandonará, nunca le dejará sólo, nunca le abandonará. Él dijo (en Mateo 28:20): “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Y esa es la razón por la cual yo dependo de Él mucho más de lo que dependo de otras personas. Y ese es también el motivo por el cual usted debería depender de Él, en lugar de depender de cualquier ser humano. El Salmo 118:8 dice: Es mejor confiar en el Señor que depositar la confianza en el hombre. Y avanzando hacia el final del Salmo 18, el versículo 48 dice:

“El que me libra de mis enemigos e incluso me eleva sobre los que se levantan contra mí. Me libraste de hombre violento”.

Pensamos que este “hombre violento” es Satanás. Leamos ahora, los versículos finales de este Salmo 18, los versículos, 49 y 50:

“Por tanto yo te confesaré entre las naciones, Señor, y cantaré a tu nombre. Grandes triunfos da a su rey y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia para siempre”.

Y Dios extiende Su misericordia para con nosotros hoy. Este maravilloso Salmo concluye con una nota de alabanza a Dios. Estimado oyente, que haya alabanza en su boca y en la mía, en su vida y en la mía, en su corazón y en el mío hacia Dios. ¡Alabado sea Dios! El Salmo 107:1-2 dice: 1Alabad al Señor, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.2 Díganlo los redimidos del Señor, los que ha redimido del poder del enemigo. Si los redimidos no dicen que el Señor es bueno, nadie más en el mundo lo dirá. Así que los redimidos tendrían que recordarlo, y decirlo. Estimado oyente, ¿es usted uno de ellos?

Septiembre 27

Salmos 19 y 20

Llegamos hoy, estimado oyente, al Salmo 19. Este es un Salmo que puede llamarse el gran Salmo de la creación. El tema es la revelación de Dios en Su creación, en Sus mandamientos, y en Cristo. Ha sido dividido por muchos eruditos en dos partes: la creación y la revelación del Señor en la ley, es decir, en Su palabra. Nosotros, por nuestra parte, hemos intentado dividir este Salmo en tres partes. En la primera parte, (versículos 1 al 6) tenemos la creación del Cosmos; en segundo lugar tenemos los Mandamientos (y esa sección comienza en el versículo 7, y llega hasta versículo 11.) Y después, en tercer lugar, en los versículos 12, 13 y 14, tenemos a Cristo, y vemos que Él ocupa un lugar especial en el tema de la Redención, la Salvación, y la gracia de Dios. Lo que realmente tenemos aquí es la revelación de Dios en la creación, en Sus mandamientos; y en Cristo, la gracia de Dios. La ley, la gracia y la creación nos dan una revelación completa de Dios. Esto es todo lo que Dios vio como necesario para dar al hombre, y no creemos que Él haya agotado todas las cosas que nos podría decir acerca de Sí mismo.

Este es un Salmo de David, y así fue llamado en el texto inspirado, y necesitamos tener eso en mente al leerlo. Luego, podemos notar que en realidad tenemos aquí una división que está en el mismo texto. La primera parte (vv. 1 al 6) usa el nombre de Dios Él, que significa el Poderoso, y Él es el Poderoso en la creación. “En el principio creó Dios”, es decir Elohim, que es el plural de Él, “los cielos y la tierra”. (Génesis 1:1). Elohim es el nombre del Creador. La segunda división comienza en el versículo 7 donde dice: “La ley del Señor es perfecta”, y aquí su nombre es Jehová, que se usa 7 veces en esta sección y la última vez se añaden 2 nombres, Jehová, Tzuri, Goeli, que significan: Jehová, mi Roca, mi Redentor. La erudición basada en el sentido común no trata de explicar las diferencias en los nombres de Dios alegando que el texto fue escrito por 2 autores diferentes. Si el mismo sentido común se hubiera aplicado al estudio del Pentateuco (es decir a los 5 primeros libros de la Biblia), algunos especialistas Bíblicos no habrían llegado a proponer a los escritores Yahvista y Elohista de su teoría sobre el Pentateuco. Creemos que el mismo escritor lo escribió, usando los 2 nombres de Dios. Los Salmos arrojan luz sobre muchas secciones de la Biblia y confiamos en que bendecirán su corazón y su vida.

Tenemos ahora en los primeros seis versículos a

Dios en la Creación

Este es un Salmo matutino. Habla sobre la creación en los primeros 6 versículos. El Salmo 8 era un Salmo de la Creación, y en él vimos la luna y las estrellas. Ese era un Salmo nocturno. En cambio este Salmo 19 es un Salmo diurno, porque aquí se nos presenta el sol, y tenemos aquí la maravillosa creación de Dios dando testimonio de ello. Leamos, pues, para comenzar, los primeros seis versículos de este Salmo 19:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; y éste, como esposo que sale de su alcoba, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida y su curso hasta el término de ellos. Nada hay que se esconda de su calor”.

Este es un Salmo maravilloso, admirable. “Los cielos cuentan la gloria de Dios”. Esto nos recuerda lo que el apóstol Pablo dijo en su epístola a los Romanos1:20: “Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa”. Es decir, que los cielos proclaman la sabiduría de Dios, el poder de Dios, y también nos cuentan algo del plan y el propósito de Dios. Desde el mismo principio, la creación ha sido el testigo primitivo de Dios al hombre.

En todos los credos de la iglesia, incluyendo el Credo de los Apóstoles, se atribuye la creación exclusivamente a Dios el Padre. Pero cuando uno llega al Nuevo Testamento, donde se encuentra una ampliación del hecho de la creación, encontramos que no es completamente exacto decir que Dios el Padre es el Creador de los cielos y la tierra. Puede alguien decir: ¿No es eso correcto? Sí, lo es, hasta cierto punto, pero la Trinidad se implicó en la creación del mundo. En realidad, la palabra Elohim es una palabra plural del idioma hebreo, y nos habla de la Trinidad. En el Nuevo Testamento se nos dice que el Señor Jesucristo fue el agente de la creación, y que el Espíritu Santo restauró y renovó la creación. Según Génesis 1:2, el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. El Evangelista Juan nos habló de otro principio en 1:1-3; y dijo: “En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios… Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Aquí se estaba hablando del Señor Jesucristo, y en Colosenses, capítulo 1, versículo 16, hablando también del Señor Jesús se dijo: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”. Así es que Jesucristo fue el agente que llevó a cabo la obra de la creación. La epístola a los Efesios, en su primer capítulo, nos dijo que todos los miembros de la Trinidad estuvieron implicados en nuestra redención: Dios el Padre la planeó, el Hijo pagó el precio por ella, y el Espíritu Santo la protege. Y pensamos que lo mismo se aplica también a la creación de Dios: Dios el Padre planeó este universo, que Dios el Hijo fue quien ejecutó o llevó a cabo el plan, y el que lo redimió, lo liberó, (porque toda la creación estaba gimiendo y necesitaba ser redimida) y luego, tenemos a Dios el Espíritu Santo está actuando y protegiendo la creación.

Es interesante observar que el sol es importante y se le compara en el versículo 5, con el novio que sale de la alcoba nupcial. Cuando uno visita la ciudad de Jerusalén puede apreciar a la salida del sol que éste aparece por el monte de las Olivos, y es algo verdaderamente emocionante. Uno puede ver la luz que comienza a iluminar la ciudad de Jerusalén, los muros de la ciudad, los lugares altos primero, el lugar donde se encuentra la tumba de David, sobre el monte Sión, luego las partes altas de los edificios y después el área del templo. Por cierto, es una imagen parecida a la de otro esposo, el Señor Jesucristo, llamado el Sol de Justicia. Algún día Él vendrá en gloria a esta tierra, pero antes, sacará a Su Iglesia de este mundo. Él es la estrella brillante conocida como el Lucero de la mañana, que aparece antes que se eleve el sol en el horizonte. Así que aquí tenemos un cuadro incomparable de la creación. Porque este Salmo representa la creación. Ahora, vemos en los versículos 7 al 11

Dios en sus mandamientos

“La ley del Señor es perfecta: convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel: hace sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos: alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro: alumbra los ojos. El temor del Señor es limpio: permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad: todos justos. Deseables son más que el oro, más que mucho oro refinado; y dulces más que la miel, la que destila del panal. Tu siervo es, además, amonestado con ellos; en guardarlos hay gran recompensa”.

Ahora observemos lo que se dice sobre los Mandamientos.

1. Son perfectos. La ley no puede salvarnos porque es perfecta y nosotros no lo somos. No estamos a su altura, pero no hay nada malo en la Ley. Aun el apóstol Pablo, quien nos presentó la gracia de Dios, dijo de la ley en Romanos 7:12-14: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. Entonces, ¿lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien, el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que el pecado, por medio del mandamiento, llegara a ser extremadamente pecaminoso. Sabemos que la ley es espiritual; pero, yo soy carnal, humano, vendido como esclavo al pecado”. Por ello hemos dicho que no hay nada malo en la ley. pero es una administración de muerte para nosotros, porque hay algo radicalmente malo en nosotros. La ley fue dada para demostrarnos que somos pecadores ante Dios. Y la ley, es perfecta.

2. Dice el versículo 7 que el testimonio del Señor es fiel. Estimado oyente, no cuente usted con que Dios se va a adaptar a nuevos conceptos sobre la moralidad. Dios va a castigar el pecado; Él dijo que lo haría. Por ese motivo dice aquí que el testimonio del Señor es fiel. El juicio vendrá y los mandamientos lo revelan.

3. En el versículo se nos dice que, Los mandamientos del Señor son rectos. Ahora, alguien quizá diga: “Bueno, a mí no me gustan ciertos mandamientos”. Bueno, puede que a usted no le gusten, pero a Dios sí le agradan. Y son rectos. ¿Y qué es lo que los hace rectos? En cierta clase de sociología, hace algunos años, un profesor solía decir: ¿Quién va a determinar lo que es recto? ¿Cómo puede usted saber que es recto? Bien, Dios determina lo que es recto. Este es Su universo. Él lo creó y Él hizo las reglas. Quizá a usted no le agrada la ley de la gravedad, pero le aconsejamos que no la desafíe. Es decir, si usted se sube a la cornisa de un edificio de 10 pisos, no se le ocurra dar un paso en el vacío porque Él no va a suspender esa ley solo por causa suya. Esa ley opera para todos, ¿no le parece?

4. En el versículo 8 se dice que el precepto del Señor es puro. Da luz a los ojos, es decir, que iluminan la vida y nos guía. Nos ennoblece, nos eleva.

5. El versículo 9 nos dice que el temor del Señor es limpio. Se nos ha dicho que la palabra “temor” significa una confianza reverente. Creemos que quiere decir algo más, es decir, un temor reverente. Hacemos bien en temer a Dios. Yo amo a mi padre, pero seguro que también en cierto sentido le temía. Él me enseñó a comportarme de acuerdo con una línea de conducta. Sabía que cuando hiciera algo malo, tendría problemas. Le temía, pero ello no me impedía amarle.

6. El versículo 9 también nos dice que los juicios del Señor son verdad. ¿Quiere usted saber cuál es la verdad? Pilato quiso conocerla y, como vemos en Juan 18:38, le preguntó: ¿Qué es la verdad? Y la verdad se encontraba precisamente frente a él en la persona del Señor Jesucristo.

7. Finalmente, dice en el versículo 9 que los juicios del Señor son justos. Son rectos. Todo lo que Dios hace es bueno y correcto.

Esta es pues una gran sección. Deberíamos aprender a amar la Palabra de Dios, toda la Palabra de Dios. Así que nadie debería oponerse a los Diez Mandamientos, que son muy buenos. A quién nos oponemos es a la naturaleza de los seres humanos, que no puede cumplirlos, como así lo afirma la Palabra de Dios. No podemos hacerlos realidad en nuestra vida por nuestra propia cuenta. Por ello tenemos que acercarnos a Dios como pecadores.

Leamos ahora los versículos 12 al 14, que nos hablan sobre

La gracia de Dios en Cristo

“¿Quién puede discernir sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión. ¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Señor, roca mía y redentor mío!”

Se pregunta el escritor, ¿Quién puede discernir sus propios errores? Y esa es también nuestra pregunta. Algunos somos muy hábiles para emplear subterfugios, para dar excusas artificiosas, pero Dios no las aceptará. Él dice que usted no puede comprender sus errores. Y tiene que aceptar Su Palabra ante la realidad de que usted y yo somos pecadores.

Y dice también el versículo 12: Líbrame de los errores que me son ocultos. Ese es el problema con muchas personas en la actualidad. Ellos tienen secretos para consigo mismos. Piensan que no son pecadores.

Y el versículo 13 dice: Líbrame de las soberbias. . . Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión. ¿Qué era esa gran rebelión? Es el rechazar al Señor Jesucristo, a quien este Salmo nos presenta.

Ahora escuchemos al Salmista. Este es el versículo que con frecuencia se oye en las oraciones de los creyentes. ¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Señor, roca mía y redentor mío!

¿Quién era la roca de David? Cristo. ¿Quién era su Redentor? Cristo. Y es mi fuerza y mi redentor. Y se convierte en ello a través de la gracia de Dios.

Y así llegamos al

Salmo 20

El Salmo 20 es una súplica por el éxito del Mesías. No está clasificado como uno de los Salmos mesiánicos, pero lo hemos considerado un Salmo mesiánico porque es una profecía del Mesías y su obra de redención. Creemos que está unido estrechamente con los otros dos Salmos que le siguen inmediatamente. Creemos que estos Salmos se cantaban en Israel en una forma litúrgica. Algunos opinan que eran cantados por los líderes del servicio de adoración, los levitas, y por los adoradores que se habían reunido, quienes respondían de manera antifonal.

El Obispo Horn dijo lo siguiente de esta gran oración: “La iglesia ora por la prosperidad del rey Mesías, que sale a la batalla como su defensor y libertador; por su aceptación por el Padre, y por el cumplimiento de Su voluntad”. El Obispo Horn habría acertado plenamente si hubiera dicho “el remanente de Israel” en vez de mencionar solo a la “iglesia”. Porque este Salmo realmente trata principalmente sobre Israel.

Este es otro Salmo que nos habla de la gracia de Dios. Leamos entonces el primer versículo de este Salmo 20:

“Señor te escuche en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda”.

Ahora aquí “el día del conflicto” es el día en que queremos que Él nos oiga ¿no es cierto?

Este fue un Salmo de David. ¿Y cómo apareció Jacob aquí? Por la gracia de Dios, estimado oyente, Dios nunca se avergonzó de ser llamado el Dios de Jacob. Yo me hubiera avergonzado de aparecer vinculado a Jacob por algunas de las cosas que hizo. Y quizás muchos otros también habrían sentido esa misma vergüenza, pero Dios no. Dios salvó a Jacob por Su gracia y misericordia. Y vemos en el versículo 2:

“Te envíe ayuda desde el santuario y desde Sión te sostenga”.

¿De qué santuario se habla en este versículo? ¿De la Iglesia? No. Del santuario de Jerusalén, David habló de Sión, que está situado en Israel. Ahora, el versículo 3, de este Salmo 20, dice:

“Traiga a la memoria todas tus ofrendas y acepte tu holocausto (lo que quemas en el altar) Selah”

Observemos que no estaba refiriéndose a nuestras ofrendas, sino a la ofrenda de Cristo. Él ofreció, no solo sus oraciones y lágrimas (Hebreos 5) pero finalmente, ofreció en sacrificio Su propio cuerpo.

Como dijimos en otra ocasión, la palabra “Selah” nos indica que aquí hay algo para meditar, para pensar en ello, en estos días de tantos problemas y conflictos (por los que tendrá que pasar Israel en el futuro, y por cierto la Iglesia de nuestro tiempo, y el creyente individual). Continuemos leyendo los versículos 4 al 6:

“Te dé conforme al deseo de tu corazón y cumpla todos tus planes. Nosotros nos alegraremos en tu salvación y alzaremos bandera en el nombre de nuestro Dios. Conceda el Señor todas tus peticiones. Ahora conozco que el Señor salva a su ungido; lo atenderá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra”.

Él Padre celestial iba a escuchar las oraciones del Señor Jesucristo. Recordemos que Él dijo (en Juan 11:41 y 42): Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo se que siempre me oyes. Cristo es probablemente el único a quien el Padre siempre oye y cuyas oraciones contesta. Leamos ahora los versículos 7 al 9, versículos finales de este Salmo 20:

“Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre del Señor, nuestro Dios, haremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos y resistimos a pie firme. Salva, Señor; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos”.

El “Rey” era para Israel. Para nosotros hoy Él es el Salvador, y nosotros oramos en el nombre de Jesús.

La expresión “Salva Señor” es Hosanna en el idioma hebreo. Este es pues un gran Salmo “Hosanna”. Quiera Dios hacerlo real en nuestros corazones, y en nuestras vidas. Y que usted, estimado oyente, si ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador, puede unirse a esta oración que es suya, y es nuestra, y que de su alma pueda surgir espontáneamente esta misma canción.

Septiembre 28

Salmo 21

Llegamos hoy, estimado oyente, al Salmo 21, y a éste lo hemos titulado como un Salmo Mesiánico cuyo tema es la ascensión de Cristo, aunque no se incluyó en la lista de salmos mesiánicos que dimos al principio, ni fue citado literalmente en el Nuevo Testamento como refiriéndose a Cristo. Sin embargo, no creemos que uno pueda leerlo sin llegar a la conclusión de que se refiere a Él. En realidad, Israel desde el mismo principio dijo que este Salmo hablaba del Mesías. El Tárgum, que es una paráfrasis caldea del Antiguo Testamento, y el Talmud, que es una colección de explicaciones de los textos jurídicos del Pentateuco, enseñan que el Rey mencionado en este Salmo es el Mesías. Y el gran erudito del Talmud, el rabino Salomón Isasi, conocido por el nombre de Rashi, nacido en el año 1040 D.C., apoyó esta interpretación de que este Salmo habla del Mesías, pero sugirió que no se utilizara de esa manera porque los cristianos hacían uso de este Salmo como una evidencia de que Jesús de Nazaret era el Mesías. Y debemos decir que creemos que ese fue un buen testimonio a favor del hecho de que este Salmo habla del Señor Jesucristo.

Es interesante saber que este Salmo es usado por Iglesias litúrgicas que observan ciertos días como, por ejemplo, el día de la Ascensión. Utilizan este Salmo para conmemorar la Ascensión, es decir, el regreso del Señor a la gloria y Su presencia allí como nuestro Sumo Sacerdote. Y no sé por qué nosotros, que tomamos La Palabra de Dios en serio, no hemos prestado más atención a la Ascensión de Cristo. Nosotros celebramos la Navidad, celebramos la llamada Semana Santa y el día de Pentecostés, pero olvidamos la Ascensión de Cristo. Y le veremos como Rey en el cielo, y veremos el juicio que se aproxima sobre aquellos que le han rechazado. Este es otro Salmo de David, de acuerdo con el texto inspirado, e incluye también el próximo reino de Cristo como Rey sobre este mundo. Fue un Salmo utilizado sin duda alguna en la adoración en el templo. El erudito bíblico Perowne ha dicho: “cada monarca judío era solo un débil antecedente del verdadero Rey de Israel, y que todas las esperanzas y aspiraciones de los corazones devotos, aun cuando tuvieran como objeto inmediato al monarca entonces reinante, ya fuera el mismo David o alguno de sus descendientes, aún mirarían más allá de ese tiempo hacia ese rey futuro, quien sería el Señor de David, así como su hijo”. Hasta aquí la cita. De paso debemos decir que este fue un testimonio muy bueno. Leamos ahora lo que dice este Salmo 21 y comencemos con el versículo 1:

“El rey se alegra en tu poder, Señor; y en tu salvación, ¡cómo se goza!”

Aunque David estaba hablando de su experiencia personal, la interpretación principal se refiere al Señor Jesucristo.

Veamos la frase El rey se alegra en tu poder. En la carta a los Hebreos capítulo 12, versículo 2 se dijo del Señor: quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, –y ascendió al cielo– y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Este versículo habla de la alegría del Señor al haber conseguido la salvación para nosotros y Él se regocijó en el poder y la fortaleza que fueron puestos sobre Él. Él ha ascendido al cielo, y los ángeles y los poderes han sido puestos bajo su autoridad. Y hoy Él puede salvar a todos aquellos que se acercan a Dios por medio de Él (Hebreos 7:25). Leamos ahora lo que dice aquí el versículo 2:

“Le has concedido el deseo de su corazón y no le negaste la petición de sus labios, Selah”

Cuando el Señor se le presentó a Dios Su informe final, al dirigirse a Él en Su oración Sacerdotal, en el evangelio según San Juan, capítulo 17:1 dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti. Esta oración, así como todas las otras peticiones que el Señor Jesucristo hizo, han sido y serán contestadas, como podemos ver en esta oración. Esta fue la oración de la Ascensión. Él está ahora a la derecha de Dios. Observemos la frase le has concedido el deseo de su corazón. Cuando estuvo aquí en la tierra el Señor pudo decir (como vemos en Juan 17:24) 24Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo. Esta oración será respondida en el futuro cuando estemos con Él. Él vino a la tierra para hacer esa reunión posible. El Padre no le negó la petición de sus labios. Y aquí dice “Selah”, o sea, que deberíamos meditar en ello. Sigamos adelante y leamos los versículos 4 al 6:

“Vida te demandó y se la diste; largura de días eternamente y para siempre. Grande es su gloria por tu salvación; honra y majestad has puesto sobre él. Lo has bendecido para siempre; lo llenaste de alegría con tu presencia”.

Él vino para dar su vida en rescate por muchos aquí en la tierra. En la tierra le encontramos en su humillación, y le vimos intercediendo en oración una y otra vez. Lo pudimos ver en su agonía en el jardín de Getsemaní. El Salmo 102, versículos 23 y 24, dijo del Señor: Él debilitó mi fuerza en el camino; acortó mis días. Dije: “¡Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días!”; ¡Por generación y generación son tus años!” O sea, que Él pidió vida. Él murió en la flor de su vida, tenía sólo 33 años de edad, y Él oró (Lucas 22:42) pidiendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y en la epístola a los Hebreos, capítulo 5, versículo 7 se no dice: Y Cristo, en los días de su vida terrena, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, y fue oído a causa de su temor reverente. ¿Y cómo fue oído? Bueno, Él murió, pero Dios le resucitó de los muertos. Y ahora vive en su cuerpo humano glorificado para siempre. Él está ahora sentado a la derecha de Dios. Y en el versículo 5 dice: Grande es su gloria por tu salvación. ¡Ah!, la gloria que le corresponde porque lo salvó a usted, estimado oyente, y me salvó a mí. Ahora podemos leer los versículos 7 hasta el 9:

“Por cuanto el rey confía en el Señor, y por la misericordia del Altísimo, no será conmovido. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira; El Señor los deshará en su ira y el fuego los consumirá”.

Él no sólo es el Dios de salvación si no que a causa de Su muerte en la cruz por los pecadores, Él también es un Dios de juicio. Aquellos que le han rechazado son sus enemigos. ¿Usted no cree en el infierno? La Biblia lo enseña. Si usted no cree en que habrá un infierno, está en desacuerdo con la Biblia.

Cierto hombre se acercó a un Pastor y dijo en una oportunidad: “Yo no creo en el infierno”. El Pastor le dijo: “Entonces, usted está en desacuerdo con la Biblia”. Y él contestó: “No me importa, yo no creo en el infierno”. “Pues bien”, le dijo el Pastor? usted se va a enfrentar algún día con la realidad de que ese lugar existe y entonces, será demasiado tarde para creer en él y evitarlo. Por ello le invito a que crea ahora, mientras estamos en el día de la gracia de Dios y bajo la oportunidad de creer en el Salvador”. El infierno no es un tema agradable ¿Quién dijo que lo fuera? Dios no experimenta placer ante los que están perdidos. Dios tiene una obra extraña que se llama juicio. El juicio de Dios ha sido considerado como una obra extraña a Él. Su obra maravillosa es la salvación. Él quiere salvarle. Pero si usted, estimado oyente, no lo acepta a Él en los términos que Él ha establecido, o si usted no desea recibir Su salvación, entonces no habrá para usted otra cosa sino juicio.

Recordemos una vez más el versículo 9, que decía: Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira. El Señor los deshará en su ira y el fuego los consumirá. Este versículo es claro. El fuego es fuego, y el juicio, juicio. Leamos ahora, los versículos 10 hasta el 13:

“Su fruto destruirás de la tierra y su descendencia de entre los hijos de los hombres, porque intentaron el mal contra ti, fraguaron maquinaciones, pero no prevalecerán, pues tú los pondrás en fuga; en tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros. ¡Engrandécete, Señor, en tu poder! ¡Cantaremos y alabaremos tu poderío!”

Este es un Salmo muy especial, estimado oyente. En él vimos la cruz de Cristo y el sufrimiento que Él soportó en ella por el gozo puesto delante de Él. (Como dijo Hebreos 12:2). Sus oraciones fueron contestadas. Ahora el Rey se encuentra en el cielo. Lo vemos coronado de gloria y honor. Está en ese lugar en beneficio de Su pueblo. Él está allí con una alegría inexpresable y esperando el momento de Su manifestación pública y gloriosa como Rey.

Permítanos presentarle hoy, estimado oyente, otra imagen del Señor Jesucristo. La primera vez que Él vino a la tierra, fue un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Alguien dijo: “Cada cuadro que veo de Cristo, lo representa con un semblante serio y solemne”. Aparte su evaluación como obras de arte, no nos preocupan esas pinturas que se han hecho de Él. Lo que sí sabemos es que en la actualidad no tiene ese aspecto. Está a la derecha de Dios y su corazón está lleno de alegría. Y Él quiere comunicarle esa alegría a usted y a mí. ¡Si pudiéramos tener un vislumbre de Él hoy! Cuando el Señor se encontraba en la tierra, sus enemigos conspiraron contra Él, pero Él confió en Dios. En la visión que el apóstol Juan contempló, relatada en Apocalipsis 12, el dragón, que representaba a Satanás, quiso devorar al niño que representaba a Cristo, tan pronto como éste naciera, y que la mujer que representaba a Israel daría a luz. Pero antes de que el dragón pudiera devorar al niño, éste fue arrebatado para Dios y para Su trono. Y allí precisamente es donde se encuentra Él en la actualidad.

Este Salmo también nos ofrece una imagen de juicio, que será ampliada en el libro del Apocalipsis. La figura que se nos presenta aquí es muy seria. El apóstol Pablo la mencionó en su segunda epístola a los Tesalonicenses, capítulo 1, versículos 7 al 10; escuchemos lo que dijo Pablo allí: 7mientras que a vosotros, los que sois atribulados, daros reposo junto con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Aquí tenemos una imagen del Señor Jesucristo viniendo en juicio sobre sus enemigos. Y en el versículo 9 el apóstol continuó diciendo: 9 Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron; y vosotros habéis creído en nuestro testimonio.

Este es un Salmo glorioso, un Salmo de la Ascensión de Cristo. Y por cierto, quisiéramos preguntarle ¿cuál es su relación con Él en este día? Si Él no es su Salvador, si usted no ha confiado en Aquel que vino a este mundo a morir por usted, por mí, y por todos, entonces el juicio vendrá sobre usted en un día futuro. Pero hoy Él se encuentra rebosante de alegría allí a la derecha de la presencia de Dios, porque ha logrado obtener nuestra salvación. Este gran Salmo de la Ascensión expresa con mucha claridad la maravillosa gracia de Dios hecha realidad en el Señor Jesucristo.

En nuestro próximo programa entraremos de lleno a analizar el Salmo 22. probablemente, el Salmo más grande de esta sección. Se trata del Salmo de la crucifixión de Cristo.

Cuando llegamos a este Salmo sentimos como si estuviéramos pisando un lugar sagrado. Ha sido llamado el Salmo de la cruz. Ha sido denominado de esta manera porque describe con mayor exactitud y minuciosidad la crucifixión de Cristo que cualquier otra parte de la Biblia. Equivale a pasajes Bíblicos como Génesis 22 e Isaías 53

Tenemos muchos Salmos Mesiánicos que son figuras de Cristo. El primer Salmo, por ejemplo, es un retrato de Jesucristo en su carácter o personalidad; quién es Él, Su vida y Su conducta. Pero en el Salmo 22 tenemos como una radiografía que penetra en Sus pensamientos y en Su vida interior. Vemos la angustia de Su pasión, y Su alma se presenta completamente desnuda. En los Evangelios usted puede observar los hechos, los acontecimientos históricos de Su muerte, y algunos de los sucesos que tuvieron lugar durante Su crucifixión. Pero solo en este Salmo 22 se revelan Sus pensamientos cuando Él estaba colgado en el madero. Muchos eruditos Bíblicos creen que, de hecho, cuando el Señor Jesús se encontraba colgado en la cruz, citó la totalidad de este Salmo. Y estamos de acuerdo con esa opinión, porque las 7 últimas frases que Él pronunció allí, mencionadas en los Evangelios, aparecen en este Salmo o sino, los antecedentes psicológicos de dichas frases se encuentran aquí en estas páginas.

Por lo general en las reuniones que tienen lugar en las Iglesias en Viernes Santo, la mayoría de las veces, los sermones que se pronuncian en esa ocasión se basan en las siete palabras que Cristo pronunció en la cruz. Y pensamos que han sido muchos los hombres que han hablado sobre estas palabras y han presentado sus meditaciones y reflexiones sobre ellas. Y siempre ha sido una enriquecedora experiencia espiritual el poder escuchar a cada una de estas personas desarrollando este tema, y uno siempre se beneficia al escuchar esos pensamientos que nos traen tanta bendición. Por nuestra parte, intentaremos abarcar las 7 frases de la cruz en un mensaje único. Y en lugar de estar contemplando la cruz desde cerca y observándole a Él, y escucharle desde abajo, en este Salmo nosotros vamos a imaginarnos que estamos clavados en la cruz con Él. Vamos a observar la crucifixión de Cristo desde una nueva posición, desde la misma cruz, (de la misma manera en que Él la observó.) Y vamos a observar desde Su perspectiva, colgado allí en la cruz, hacia abajo, hacia aquellos que allí se encontraban, y ver lo que pasaba por Su propia alma, por Su mente. Veremos que debió experimentar en su alma cuando se convirtió en el sacrificio por los pecados del mundo. Mientras Él estaba suspendido allí entre el cielo y la tierra, se convirtió en una escalera desplegada desde el cielo hasta esta tierra, para que los seres humanos pudieran tener un camino para llegar a Dios.

Así que pensemos que estábamos allí en aquella cruz en la que, a aquel que no cometió pecado alguno, Dios le trató como pecador para que en Él recibiéramos la justicia de Dios, como se nos dice en 2 Corintios 5:21. Estuvimos tan verdaderamente en aquella cruz cuando Él murió, como estamos hoy unidos a Cristo Jesús por la fe. Y el apóstol Pedro lo expresó de la manera siguiente en su primera epístola, capítulo 2, versículo 24: Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos para la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados! Es decir, sanados del pecado.

Aunque las siete frases que Cristo pronunció en la cruz resultarán más o menos familiares a muchos de nuestros oyentes, vamos a recordarlas, ya que la exposición del Salmo 22 en nuestro próximo programa girará alrededor de ellas, a medida que leemos los versículos de este Salmo y examinamos los profundos pensamientos que debieron llenar el corazón del Salvador durante aquellas largas horas en las que estuvo colgado de la cruz.

Las frases, que formarán parte de la estructura de una exposición de los versículos del salmo, son las siguientes: Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado (Mateo 27:46); Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34); Mujer, he ahí tu hijo (Juan 19:26); Tengo sed (Juan 19:28); Padre en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23:46); De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23:43); Consumado es (Juan 19:30);

En la primera parte de este Salmo hasta el versículo 21, tenemos la humillación de Cristo. Desde el versículo 22 hasta el 31, del resto del Salmo, tenemos la exaltación de Cristo. Tenemos, entonces, Su humillación y Su exaltación. Por tanto, al comenzar este Salmo en nuestro próximo encuentro en el momento de la humillación, oiremos un clamor desesperado de aquel hombre perfecto, que se sintió desamparado por Dios. Estimado oyente, al finalizar este programa quisiéramos invitarle a acompañarnos con la imaginación en un viaje a aquel lugar fuera de la ciudad de Jerusalén, donde el Señor Jesucristo fue crucificado. Allí hay colocadas 3 cruces, pero nuestra mirada se dirige hacia la cruz que se encuentra en el centro. ¡Lejos estaban aquellos observadores de imaginar que esa cruz se encontraría pronto emplazada en el centro mismo de la historia!

La imagen del Jesús crucificado, que al tercer día resucitó de los muertos, ha recorrido, a través de los siglos, el mundo entero, habiendo sido contemplada por millones y millones de personas. Muchos de ellas, por la fe, han establecido una relación con Dios por medio del Salvador que venció a la muerte y hoy puede dar vida eterna a todos los que se acercan a Él. Y esta imagen que hoy contemplamos, ha inspirado a artistas de todos los tiempos quienes en el lienzo, en la música y en la poesía, han volcado sus sentimientos y expresado su fe. Y vamos a concluir nuestra consideración del Salmo 21 y nuestra introducción al Salmo 22, con un antiguo himno español, fruto de la pluma del escritor Mariano San León, que intentó expresar las reflexiones de un cristiano que se encontraba al pie de la cruz. Estimado oyente, nos agradaría que usted se considerara incluido en la invitación expresada por estas palabras. Dice así este breve poema:

Venid junto a la cruz
los que buscáis perdón
Hallar podréis la paz, salud
y eterna redención.
Venid al pacto eterno del amor
Y oíd la voz de nuestro Salvador

Venid junto a la cruz
Venid y descansad
El sacrificio de Jesús
expía la maldad
La cruz es el mensaje del amor
que Dios anuncia al pobre pecador

Septiembre 29

Salmo 22

Continuamos hoy, amigo oyente, viajando por el libro de los Salmos y llegamos a este maravilloso Salmo 22. Y en la primera sección encontramos la humillación de Cristo (vv. 1-21). En la última parte del Salmo (vv. 22-31) encontramos la exaltación de Cristo. Este Salmo comienza con un lamento angustioso y lastimero de este Hombre solitario y abandonado por Dios. En el primer versículo de este Salmo 22, leemos:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?”

Lo que aquí tenemos en realidad, y esto queremos enfatizarlo desde el principio, es un relato del sufrimiento humano del Señor Jesucristo. Lo vemos colgado allí como un hombre, pero como dijo el Evangelista Juan, era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Hay un pasaje que vamos a leer, que arroja luz sobre este aspecto. Escuchemos lo que dice el escritor de la epístola a los Hebreos, en el capítulo 2 versículo 9: Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, ? Y ¿por qué? Observemos lo que continúa diciendo el texto: coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentase la muerte por todos. Aquí tenemos al que dejó la gloria del cielo y se convirtió en un hombre para revelarnos a Dios, sí, esto es cierto; pero por encima de todo, para redimir al ser humano. Y como continúa diciendo el versículo 14 de este mismo capítulo 2 de Hebreos: 14Así que, por cuanto los hijos son de carne y hueso, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

Él no podía salvar a nadie por Su vida; fue Su muerte en sacrificio lo que salva. Y en relación con esto podemos continuar leyendo en Hebreos 2, esta vez los versículos 15, 16 y 18, que dicen: 15y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 16Ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. 18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados. Así que vemos al Hombre Cristo Jesús, Ahora, como el Hombre Perfecto, Él aprendió a descansar en Dios. Aprendió a confiar en Él en todo lo que hizo. Él dijo en Juan 8:29: “Yo hago siempre lo que le agrada”. Pero allí en esa hora tan desesperada Él fue abandonado por Dios. No tenía lugar alguno al que acudir, ni en el lado humano ni en el divino. Así que el Hombre Cristo Jesús fue abandonado. Nadie jamás había tenido que pasar por esa experiencia. Nadie. Solo Él. Ahora, ¿Por qué desamparó Dios a Cristo? Bueno, leamos el versículo 3, aquí dice:

“Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel”.

Nos queda pues la pregunta sobre el por qué fue Él abandonado por Dios. Porque en la cruz, en aquellas últimas tres horas, en aquella oscuridad impenetrable, Él fue tratado como un pecador. Él fue abandonado por un breve instante. La paradoja fue que en aquel mismo momento Dios estaba en Cristo estaba reconciliando al mundo consigo mismo. Y el Señor Jesús mismo dijo, según Juan 16:32: La hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado y me dejaréis solo; pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. El Padre estaba con Él cuando se encontraba en la prisión; el Padre estaba con Él cuando estaba siendo azotado, y estaba con Él cuando le clavaron a la cruz. Pero en esas tres últimas horas el presentó Su alma como ofrenda por el pecado, y el Padre quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir (ver Isaías 53:10).

Abandonado. Estimado oyente usted no sabe que significa esa experiencia y yo no sé lo que es estar abandonado por Dios. El hombre más malvado de esta tierra hoy no está abandonado por Dios. Cualquiera puede volverse a Él. Pero cuando Cristo tomó mi pecado sobre Sí mismo, fue abandonado por Dios.

La pregunta “¿Por qué me has abandonado?” no es el ¿por qué? de la impaciencia. No es el ¿por qué? de la desesperación. Es el grito humano de un intenso sufrimiento, agravado por la angustia de Su vida inocente y santa. Aquel fue el grito tremendo y agonizante de la soledad de Su pasión. Él estaba solo. Estaba solo con los pecados del mundo sobre Él.

Decía el versículo 1, ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? ¿Clamor? Si. Durante su juicio Él permaneció en silencio. Como dijo el profeta Isaías (53:7), como oveja, enmudeció ante su trasquilador. Cuando le azotaron, no dijo nada, cuando le clavaron a la cruz, no gimió. Pero cuando Dios le abandonó, gritó como ruge un león. Fue un grito de dolor. ¿Ha estado alguna vez en un bosque cuando los perros atacan a otro animal? ¿Ha escuchado usted el alarido de ese animal? No hay nada tan sobrecogedor como ese grito. Y eso fue lo que el escritor nos estaba tratando de transmitir aquí. Creo que el grito de la cruz debió rajar las rocas, porque había sido Su voz la que las había creado. Y en ese momento, el Creador estaba sufriendo. En esa cruz Él gritó como un animal herido; el Suyo ni siquiera fue un grito humano, sino como el de un león salvaje y rugiente. Fue el grito lastimero y el gemido de la inexpresable aflicción cuando nuestros pecados le oprimieron. Ahora continuamos con nuestra lectura y leemos en el versículo 6, del Salmo 22:

“Pero yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado del pueblo”.

¿Qué quiso decir el referirse a sí mismo como un gusano? Había gritado como un león y después dijo “soy gusano”. Fue porque había alcanzado el lugar más bajo. El profeta Isaías dijo (en 53:3), Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. ¡Qué frase! “Yo soy gusano” El detalle interesante aquí es que la palabra usada para gusano se refiere al gusano “coccus”, que era utilizado por los hebreos para teñir de color rojo escarlata todas las cortinas del tabernáculo. Así que cuando dijo “soy un gusano” quiso decir que había llegado a su nivel más bajo. Fue Él quien había dicho, en el libro de Isaías (1:18), aunque vuestros pecados sean como escarlata, como la nieve serán emblanquecidos; Es que solo Su sangre, estimado oyente, podía borrar la mancha oscura y profunda de su vida.

(Lady Macbeth, paseándose dormida, como sonámbula, andaba frotándose las manos, tratando de limpiarlas, loca por su culpa de asesinato. Y decía: “Todos los perfumes de Arabia no endulzarán esta pequeña mano” Y tenía razón; no podrían. Ella parecía estar continuamente lavándose las manos al frotárselas, y gritaba: ¡Fuera, maldita mancha, fuera! (Cita de la obra Macbeth, Acto V, escena primera).

Estimado oyente, solo hay una cosa que puede quitar de su vida la mancha del pecado y esa es la sangre de Cristo. La sangre del Señor Jesús, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado. Solo Su sangre.

Llegamos ahora a otra frase de Cristo en la cruz;

Padre perdónalos

Miremos a la víctima que se encuentra en la cruz. Su sufrimiento fue aumentado por aquella muchedumbre brutal y los espectadores endurecidos que se encontraban cerca de Él. Miremos a través de Sus ojos y veamos lo que él vio. Leamos los versículos 7 y 8:

“Todos los que me ven se burlan de mí; tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo: Se encomendó al Señor, líbrelo él; sálvelo, puesto que en él se complacía”.

Algunos criminales han sido tan odiados que han sido sacados de la cárcel y linchados por una multitud. Pero mientras el criminal estaba siendo ejecutado, la multitud se dispersaría. Los ánimos se aplacarían y las emociones se calmarían. Pero no en esta multitud. Creo que lo más bajo que jamás se ha dicho sobre la religión, fue dicho de estos fariseos cuando el Señor Jesucristo estaba muriendo: Y sentados le custodiaban allí dice Mateo 27:36. Hay que ser malvado para hacer esto. En realidad, no se puede llegar más bajo. El veneno y la vileza del corazón humano estaban siendo esparcidos como si salieran de una alcantarilla abierta, mientras aquella gente permanecía allí y le ridiculizaba en Su muerte. Después de que una serpiente ha clavado sus colmillos mortales en su víctima e inyectado su veneno, se aleja deslizándose sobre la hierba. Pero no está multitud, no el corazón humano que está en rebelión contra Dios.

En Lucas 23:34 tenemos entonces la frase Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen. Si Él no hubiera dicho esto, la multitud habría cometido el pecado imperdonable. Pero no lo cometieron: Él pidió el perdón para aquel pecado. Sabemos que el centurión romano encargado de la ejecución se salvó; y un grupo de los fariseos se salvaron, incluyendo a Saulo de Tarso que probablemente se encontraba en esa multitud.

Y ahora llegamos a otra frase que Jesús pronunció en la cruz:

Mujer, he ahí tu hijo

Ahora al mirar a la multitud, Él no solo vio miradas de odio y antagonismo, sino también miradas de amor. Vio allí abajo a su madre con Juan, como lo relató Juan 19:25. Al mirarla, ¿quiere usted saber que pasó por su mente? Retrocedió hasta Belén al momento en que nació y entonces le dijo al Padre lo que podemos leer en los versículos 9 y 10:

“Pero tú eres el que me sacó del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba en el regazo de mi madre. A ti fui encomendado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.

¡Qué gran significado encontramos en estas palabras! Mujer, he ahí tu hijo. Recordemos que, en las bodas de Caná, cuando tuvo lugar el primer milagro del Señor, cuando comenzó Su ministerio, Su madre le había pedido que hiciera algo para demostrar que Él era el Mesías, y que ella había dicho la verdad al afirmar que Él había nacido de forma virginal. Ella quería que Él se revelara públicamente en esa boda. Y Su respuesta a ella en esa ocasión, registrada en Juan 2:4 fue: ¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha venido mi hora. Tres años después, colgado allí de una cruz, Él le dijo: Mujer, he ahí tu hijo. ¡Es que Su hora había llegado! El motivo para Su venida al mundo se estaba cumpliendo. Esa era la hora más importante en la historia del mundo.

Después su atención se dirigió nuevamente hacia los que estaban llevando a cabo la crucifixión. Dice el versículo 12:

“Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado”.

Describiendo a estos soldados que le estaban crucificando, dijo que eran como los toros de Basán; pero no se detuvo allí, porque estaba siendo devorado por animales salvajes. Eso es en lo que sus torturadores se habían convertido. Leamos ahora el versículo 13:

“Abrieron contra mí su boca como león rapaz y rugiente”.

En ese momento estaba hablando de Roma, porque los romanos le habían crucificado. Los comparó con un león rugiente, porque el león era una imagen de Roma. Ahora, observemos Su condición. Leamos el versículo 14:

“He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose dentro de mí”.

Esta descripción tan exacta de la crucifixión es notable cuando consideramos que la crucifixión, como forma de ajusticiamiento público, era desconocida cuando este Salmo se escribió. Incluso el Imperio Romano aun no existía, y fue Roma quien instituiría la crucifixión. ¡Sin embargo en este antiguo pasaje tenemos una imagen de un hombre muriendo por crucifixión!

La frase he sido derramado como el agua nos muestra la excesiva transpiración de un hombre muriendo a la intemperie bajo el calor del sol. Y después dijo: todos mis huesos se descoyuntaron. Lo horrible de la crucifixión era que cuando un hombre comenzaba a perder sangre, su fuerza menguaba, y sus huesos se descoyuntaban. Esta experiencia era terriblemente dolorosa.

Y después dijo algo extraño: Mi corazón fue como cera. Él murió a causa de un corazón quebrantado. Algunos médicos han dicho que un corazón roto habría producido los síntomas registrados meticulosamente por Juan. Recordemos que Juan 19:34 dijo que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Este detalle le llamó la atención a Juan y por eso lo registró. Realmente, Jesús murió de un corazón quebrantado.

Y ahora llegamos a la frase en que Jesús dijo:

Tengo sed

Cuando estaba colgando de la cruz a punto de morir, con una transpiración excesiva, sufrió la agonía de la sed. Dice el versículo 15:

“Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar. ¡Me has puesto en el polvo de la muerte!”

Y aquellos que estaban al pie de la cruz le oyeron decir “Tengo sed”. Y el versículo 16 añade:

“Perros me han rodeado; me ha cercado una banda de malignos; horadaron mis manos y mis pies”.

Ahora “perros” era la palabra para referirse a los no judíos. El traspasar Sus manos y pies fue una descripción exacta de la crucifixión. Continuemos leyendo los versículos 17 y 18:

“¡Contar puedo todos mis huesos! Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes”.

Él fue crucificado desnudo. En nuestra época, con los antecedentes del nudismo y la pornografía es difícil comprender la gran humillación que Él sufrió al colgar desnudo en la cruz. Le habían quitado Sus ropas y las habían sorteado entre ellos. Estimado oyente, Él pasó por todo este proceso, fue crucificado desnudo para que usted y yo pudiéramos estar vestidos con la justicia de Cristo, para de esa manera poder estar ante Dios durante el tiempo infinito de la eternidad.

Ahora llegamos a una solemne frase, que fue

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

Leamos los versículos 19 y 20:

“Mas tú, Señor, ¡no te alejes! Fortaleza mía, ¡apresúrate a socorrerme! Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida”.

Recordemos que en Mateo 3:17, en la escena de Su Bautismo, el Padre había dicho de Él: Este es mi hijo amado. En estos momentos de la cruz el dijo, Padre en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23:46). Continuemos con el versículo 21;

“Sálvame de la boca del león y líbrame de los cuernos de los toros salvajes”.

Una de las expresiones más notables fue y líbrame de los cuernos de los toros salvajes. Para expresar intensidad en el idioma hebreo, se usó el plural cuernos de los toros salvajes.

Se trata de un animal agresivo y brutal, con capacidad para matar. La cruz en la cual el Señor Jesucristo fue crucificado probablemente no tenía la forma con que la conocemos hoy, con un madero vertical cruzado en su parte superior por uno más pequeño horizontal. La Biblia no la describe así.

Hay dos palabras griegas que se traducen con la palabra “cruz”.

Una de ellas es la palabra “stauros”. La encontramos, por ejemplo, en el evangelio según San Mateo, capítulo 27, versículo 40, que dice: Tú, el que derribas el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Aquí la palabra cruz es “stauros”, que significa “una pieza”. Resulta interesante ver cuán exacta es la Biblia, pero como la tradición la ha elaborado para nuestra forma de pensar. El apóstol Pablo usó esta palabra cuando dijo en 1 Corintios 1:18: La palabra de la cruz es locura a los que se pierden.

La segunda palabra griega para cruz es “xulon”, que se traduce como cruz o árbol. Significa simplemente un trozo de madera. Pensamos que se trataba de un poste colocado en posición vertical. El apóstol Pablo usó esta palabra en los Hechos 13:29, Y cuando cumplieron todas las cosas que de él estaban escritas, lo bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro. Otra cosa que nos llama la atención es que la palabra “xulon” traducida “árbol” o “cruz” es mencionada en el capítulo 22 del libro de Apocalipsis como el árbol de vida. Creemos que el madero o árbol en el que Cristo murió estará allí, con vida, por el tiempo interminable de la eternidad para recordarnos cuánto costó redimirnos.

Leamos el versículo 22, donde vemos un cambio radical. Hemos visto los sufrimientos de Cristo y ahora veremos la gloria que Él tendría:

“Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré”.

Ya hemos dicho que la totalidad de este Salmo se refiere a la cruz. Él no murió derrotado; porque cuando se acercó al mismo final dijo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Fue como si se hubiera referido al Evangelio que sería proclamado. Podemos recordar a Pedro en medio del Sanedrín, compuesto de fariseos y saduceos, en Hechos 4:12, diciéndoles: no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Aquí podemos ver la similitud con las palabras Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Leamos ahora los versículos 25 y 26, para recordar otra gran frase de Cristo en la cruz:

Hoy estarás conmigo en el paraíso

“De ti será mi alabanza en la gran congregación; mis votos pagaré delante de los que lo temen. Comerán los humildes hasta quedar saciados; alabarán al Señor los que lo buscan; vivirá vuestro corazón para siempre”.

En el relato de Lucas 23:42, vimos que el ladrón de la cruz dijo: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Y el Señor dijo aquí en el salmo 22: mis votos pagaré delante de los que le temen. Y Lucas nos contó que Jesús le respondió al ladrón: Hoy estarás conmigo en el paraíso. En el salmo 22 vemos que los redimidos estarán allí para alabar y, entre ellos, el ladrón que Jesús llevaría con en Él aquel mismo día. Aunque el ladrón no había sido considerado digno de vivir aquí en la tierra, de acuerdo con la ley romana, el Señor Jesús le hizo digno para estar en el cielo por Su muerte en la cruz.

Ahora veamos la séptima, la última que el Señor pronunció, y que fue,

Consumado es

Leamos entonces el último versículo de este Salmo 22, el versículo 31:

“Vendrán y anunciarán su justicia; a pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto”.

Este pueblo no nacido aun nos incluye a usted y a mi estimado oyente. Y ellos anunciarán Su justicia, no su justicia o la mía, porque Dios dijo que esas obras de justicia humana eran ante los ojos divinos como trapos de inmundicia. ¿Y cómo anunciarán Su justicia? Pues, proclamarán que Él hizo esto (como dice aquí), frase identificada con la frase que el pronunció en la cruz, Consumado es, última frase de la cruz, en el relato de Juan 19:30, que puede también traducirse Todo está cumplido. La obra de la redención era algo completo, como un paquete envuelto con todo lo necesario. Él no quiere que usted añada su propio equipo o modelo para armar o montar nada usted mismo. Él no lo necesita. Cuando Él murió en la cruz, proveyó una justicia que satisfaría a un Dios santo. Todo lo que Él le pide a usted es que usted reciba ese paquete, ese regalo de Dios, que es la vida eterna en Cristo Jesús.

Si usted lo rechaza, Dios tendrá que tratarle como trató a Su Hijo cuando gritó ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado? (Marcos 15:34) No sabemos cómo será el infierno, pero será la experiencia de cualquiera que quede desamparado por Dios. Jesús pasó por ese abandono de Dios para que usted nunca tenga que pronunciar ese tremendo clamor.

El Salmo 22 revela el corazón de nuestro Salvador cuando Él se convirtió en una ofrenda por el pecado a favor nuestro. Él completó la operación con triunfo. Y nos ofrece una redención, una liberación terminada. Nunca seremos dignos de ella; no podemos ganarla; no podemos comprarla. Debemos recibirla como un regalo. Porque, estimado oyente, hace más de 2.000 años el Señor Jesucristo hizo todo lo que era necesario hacer para salvarnos.

Septiembre 30

Salmo 23 y 24

Llegamos hoy, amigo oyente, al Salmo 23, y al llegar a este Salmo debemos decir, que el Salmo 23 que es tan popular, tan especial, no tiene en realidad sentido sin el Salmo 22. Eso nos lleva a decir que aquí tenemos una trilogía o un tríptico de los Salmos que se relacionan entre sí. Estos son los Salmos pastorales: el Salmo 22, el Salmo 23, y el Salmo 24. Estos tres Salmos presentan la siguiente imagen del Señor Jesús. En el Salmo 22, vimos al Buen Pastor, el Señor Jesucristo. Usted recordará que Él hizo esa declaración: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas? en el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículo 11. Ahora, en el Salmo 23, Él es el Gran Pastor. Se nos dice que Él es el Gran Pastor de las ovejas. Este título lo podemos leer en la bendición de la conclusión de la epístola a los Hebreos, capítulo 13, versículos 20 y 21, y dice así: Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Si en el Salmo 23 Él era el Gran Pastor, en el Salmo 24 vamos a ver que Él es el Príncipe de los Pastores. Como dijo el apóstol Pedro en su primera epístola, capítulo 5, versículo 4: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Para decirlo de forma concisa, en el Salmo 22, vemos la cruz; en el Salmo 23 vemos el cayado que usa el pastor; y en el Salmo 24, la corona, la corona del Rey. En el Salmo 22, Cristo es el Salvador; en el Salmo 23, Él es quien nos satisface; y en el Salmo 24, Él es el soberano. En el Salmo 22 Él es el fundamento; en el Salmo 23, Él es la manifestación; y en el Salmo 24, Él es la expectativa, la esperanza. Ahora, en el Salmo 22, Él muere; en el Salmo 23, Él está viviendo; y en el Salmo 24, Él está viniendo. El Salmo 22, nos habla del pasado; el Salmo 23, nos habla del presente; mientras que el Salmo 24, nos habla del futuro. En el Salmo 22, Él da Su vida por las ovejas; en el Salmo 23, Él da Su amor por las ovejas; y en el Salmo 24, Él nos dará Su luz cuando regrese. ¡Qué gran imagen de Cristo tenemos en estos tres Salmos!

Concentrémonos ahora en el Salmo 23. Es un Salmo muy conocido. Es probablemente el pasaje más conocido de toda la Biblia. No hay ninguna otra obra que haya sido escrita en ninguna otra época, que haya circulado tanto como este pasaje. Los judíos ortodoxos y reformados conocen este Salmo. Los cristianos de todas las tradiciones están familiarizados con el Salmo 23. El mundo ha podido captar su belleza.

Se ha escrito mucho sobre este Salmo, aunque sus 6 versículos son breves y simples. Alguien ha dicho: “No me interesa cuánto dice una persona, si lo dice en pocas palabras”. Y alguien más dijo: “Si las personas que no tienen nada que decir se callaran la boca, el mundo sería mejor”. Pues, bien, aquí en el Salmo 23 tenemos pocas palabras. Eso es probablemente cierto. (Había un hombre de negocios que tenía un lema en la pared de su oficina, y que podía ser leído por cualquier persona que llegara a su despacho. Allí decía: “Si usted tiene algo importante que decir, dígalo en 5 minutos”.) Bueno, quizá demoraría usted 45 segundos en leer el Salmo 23; es así de sencillo. No tiene el lenguaje de la filosofía y tampoco tiene un lenguaje teológico. No es un documento legal ni científico, es sublimemente sencillo. Y sencillamente sublime.

Hay algunas cosas que deberíamos conocer antes de estudiar este Salmo 23. Se ha acordado que David fue el autor, pero siempre ha persistido la pregunta: ¿fue escrito cuando era un joven pastor, o cuando ya era un rey anciano? Es importante conocer la respuesta. El Dr. Frank Morgan llamó a este Salmo 23: “La canción de un pastor anciano”. Ese título nos agrada, estamos de acuerdo con él. El rey David nunca se olvidó de David, el joven pastor. No tenemos aquí las meditaciones de un joven sin experiencia, sino las deliberaciones bien pensadas, producto de una experiencia madura. Es que David, cuando llegó al final de su vida, pudo echar una mirada retrospectiva a una trayectoria llena de altibajos. Y fue entonces cuando escribió este Salmo. Y este anciano rey sentado en el trono recordó al joven pastor. Usted sabe que la vida había golpeado, maltratado y desconcertado a este hombre. Él era un soldado endurecido, un veterano que conocía la victoria, las privaciones, y las dificultades. Conoció la vida en sus canciones y en sus sombras. Él había sido probado y tentado. Por lo tanto, en este Salmo 23 no tenemos teorías juveniles que fueran el resultado de la inmadurez, sino el fruto y el juicio ya maduro que nace de una larga vida.

El Salmo comienza diciendo El Señor es mi pastor. ¿Con qué autoridad dice usted mi pastor? ¿Es este Salmo para cualquier persona? Bueno, no creemos que sea así. Teniendo en cuenta que los Salmos 22, 23, y 24 van juntos y cuentan una sola historia, usted tiene que conocer al Señor Jesucristo como el Buen Pastor que dio Su vida por las ovejas, antes de poder conocerlo como el Gran Pastor. Usted tiene que conocer al Pastor del Salmo 22, antes de acercarse al Salmo 23 y decir: El Señor es mi Pastor. En cuanto a su estructura, diremos que los primeros dos versículos nos muestran la revelación del santuario del alma del pastor. Luego en los versículos 3 y 4, tenemos el registro de los pensamientos de la mente del pastor, y a continuación en los versículos 5 y 6, tenemos una reflexión sobre la felicidad y la esperanza del corazón del pastor. Leamos entonces los dos primeros versículos de este Salmo 23, donde tenemos

La revelación del santuario del alma del pastor

“El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”.

Observemos que se habla de mi pastor. . . nada me faltará. . . me hará descansar. . . me pastoreará. Nuevamente tenemos aquí un Salmo de “Él y yo”. El énfasis recae en el hecho de que no hay nada que se interponga entre el alma del hombre y Dios. Y en consecuencia, la persona puede decir El Señor es mi pastor.

En el versículo 1 tenemos una declaración y una deducción. Una cosa es decir El Señor es mi pastor y hay muchas personas que lo dicen y suena bien pero, ¿puede usted expresarlo de una forma personal y decir El Señor es mi pastor? Por la autoridad de Su obra de redención, Su muerte, y resurrección, usted puede confiar en Él y llamarlo su pastor. También sería muy fácil para una persona decir: “Él Señor será mi pastor”, pero David tampoco dijo eso, sino que dijo: El Señor es mi pastor. Esa fue su declaración.

No dice: “nada me ha faltado”? sino: nada me faltará. ¿Y qué es lo que necesitamos? Bueno, yo necesito seguridad. Soy una oveja y la oveja es un animal pequeño e insensato. Por lo tanto el Pastor se ocupará de que no me falte protección, y entonces me protege. Cuando una oveja puede decir: nada me faltará; o “nunca pereceré”; es porque tiene un pastor maravilloso. La frase nada me faltará mira hacia el futuro y le da seguridad al hijo de Dios. La seguridad del cristiano se apoya sobre el Pastor. Y la deducción del cristiano se apoya en su declaración.

Un hombre que tenía varias ovejas, invitó en cierta ocasión a cenar en su casa, a un maestro de la Biblia que en sus mensajes utilizaba mucho las ilustraciones sobre las ovejas. Y después de la cena, salió al corral, le mostró las ovejas y le dijo: “Mire esas ovejas; usted en sus mensajes da la impresión de que las ovejas son animales pequeños dulces e indefensos. Pero, yo quiero decirle que esas ovejas son unos animales obstinados, tercos; y más aún, son unos animales sucios, malolientes”. A lo cual, el Pastor respondió: “Sí, ya lo sé, nos ofrecen una imagen real de la condición espiritual de la raza humana”. Realmente, exponen nuestra forma de ser.

Y las ovejas no solo necesitan seguridad; necesitan también provisión y satisfacción. El versículo 2 dice: En lugares de delicados pastos me hará descansar: Aquí tenemos la provisión. Los que entienden sobre ovejas nos dicen que una oveja con hambre no se acuestan para descansar. Cuando las ovejas se tumban sobre la hierba verde, significa que tienen el estómago lleno. Y para nosotros los cristianos, Cristo es nuestra provisión espiritual. En Juan 6:35 vimos que Jesús dijo: Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás.

Y el versículo 2 añade: junto a aguas de reposo me pastoreará. A las ovejas las asustan las aguas turbulentas. Y no les gusta el agua estancada. No quieren beber donde beben los cerdos. Y toda esta escena se aplica a la familia humana. Porque en nuestro tiempo necesitamos descanso, reposo, no tanto un reposo físico o mental, sino un descanso para el alma. Recordemos que David dijo en el Salmo 55:6, ¡Quién me diera alas como de paloma! Volaría yo y descansaría. Él quería alejarse de todo. Pero descubriría que el alejarse de todo no había resuelto sus problemas. Él tuvo que aprender a depositar su confianza en el Señor, a descansar en Él, y a esperar pacientemente en Él. Recordemos también que el Señor Jesucristo dijo (en Mateo 11:28), Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar.

Leamos los versículos 3 y 4 de este Salmo 23, donde podemos ver

El registro de los pensamientos de la mente del pastor

“Confortará mi alma. Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.

Dijo el Salmista, Confortará mi alma. David sabía bien lo que eso significaba. Él había pecado, él fue esa oveja pérdida que se había apartado del redil y su Pastor le había restaurado.

Y continuó diciendo: Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Él guía, pero nosotros debemos seguirle. Según el relato de Juan 10:25-27, el Señor Jesús les dijo a los dirigentes religiosos que eran, en realidad, sus enemigos: Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen; Las ovejas siguen a su propio pastor. Esa es la manera en que uno puede saber a quién pertenecen las ovejas. En el tiempo de Jesús, los pastores nunca empujaban a sus ovejas, sino que las guiaban. Eso ya no sucede en la actualidad en esa región. De vez en cuando uno puede ver a un pastor delante de sus ovejas, pero eso no es muy corriente ahora. Pero, en los días de Cristo, el pastor estaba con sus ovejas día tras día. Ellas le conocían y le seguían. Nuestro Pastor nos guía por sendas de justicia, por caminos rectos y a nosotros nos corresponde seguirle.

Y el versículo 4 dice: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno. Aquí hay valor y consuelo. La muerte es la prueba suprema de la vida. Aquí no se está hablando simplemente del lecho de muerte. Nuestra familia humana está hoy bajo la sombra de la muerte. Cuando un ser humano nace desde allí mismo comienza andando por un gran cañón o paso estrecho entre dos montañas; allí está el valle de sombra de muerte. Y usted y yo estamos constantemente en ese lugar. Alguien lo expresó de esta manera: “El momento que te da la vida, comienza a quitártela”. Así que, todos estamos en ese valle de la muerte. Así que todos estamos en ese valle y la sombra de la muerte está sobre nosotros. Pero todo el tiempo en que yo camine por ese valle, no temeré a ningún mal. Este es un consuelo que nos estimula. Si uno de nuestros seres queridos muere como un hijo de Dios, ésa verdad nos da valor y consuelo.

Y continúa diciendo el versículo 4, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Y nosotros podemos saber con certeza que Él está con nosotros en todo momento, y aun en el momento de la muerte. Y yo quiero, estimado oyente, que Él esté conmigo cuando llegue para mí la hora de morir.

Y también dice: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. La vara era para defensa, el cayado para dirección. Él nos reprueba con severidad y nos reprende con delicadeza. Hace uso de la vara para defendernos, y también del cayado para dirigirnos. Tiene el cayado para aquellas ovejas que seguramente se extraviarán, para guiarlas de regreso al redil. Todos necesitamos de la vara y del cayado.

Leamos ahora los versículos 5 y 6 en los cuales tenemos

Una reflexión sobre la felicidad y la esperanza del corazón del pastor

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días”.

En la frase Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores vemos felicidad, fruto y plenitud. ¿Y cuál será la mesa hoy? Creemos que se refiere a la mesa del Señor. En la época en que se escribió este Salmo, se refirió a la promesa de Dios a Israel de bendiciones materiales. A nosotros, Él nos promete bendiciones espirituales.

Luego nos dijo el salmista: unges mi cabeza con aceite. Y ese aceite habla del Espíritu Santo. Necesitamos, estimado oyente, esa unción del Espíritu Santo en el día de hoy. No podemos enfrentar la vida solos.

Y al final del versículo 5 leemos: mi copa está rebosando. Este es un símbolo de la alegría. Hoy necesitamos experimentar esa alegría y ser sostenidos por ella. En Juan 10:10 el Señor dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. El Señor quiere que nuestra alegría sea completa. Este mundo necesita ver a cristianos rebosantes.

Esto nos lleva al versículo final de este Salmo. Nuestro Pastor nos conduce todo el camino, desde los verdes pastos y las aguas de reposo, hasta la casa del Padre. El salmista siente que la bondad y el amor le seguirán todos los días de su vida, y sabe que habitará para siempre en la casa del Señor. En Juan 14:2-3, el Señor dijo Yo voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Es que las ovejas no son animales de pedigrí, de raza, y de cualquier forma las ovejas no tienen mucho valor, pero sí tenemos un pastor maravilloso. Estimado oyente, ¿puede usted decir en este preciso momento: El Señor es mi pastor? Si usted puede decirlo, todas las hermosas promesas de este Salmo son para usted. Si Él es el Pastor que dio su vida por las ovejas, y Él es su Salvador, entonces este Salmo es para usted.

Bien, llegamos ahora al

Salmo 24

Este es el Salmo de la corona. Habla de la venida del Príncipe de los pastores. La tradición dice que fue compuesto por David y cantado cuando el llevó el arca desde Kiriat-jearim al Monte de Sión (1 Crónicas 13:1-8). Se cantaba de una manera antifonal. Se ha sugerido que fue cantado por el coro de la procesión y por voces solistas. Josefo, el historiador Bíblico, dijo que siete coros marcharon antes del arca del pacto cuando David hubo preparado el tabernáculo para ella hasta que el templo estuviese construido.

El Salmo se divide en dos secciones: los compañeros del rey que entran al reino (vv. 1-6), y la venida del rey para establecer el reino (vv. 7-10).

Debe haber resultado impresionante haber escuchado como fue cantado este Salmo en los días de David. Entramos así en la primera sección titulada

Los compañeros del rey que entran al reino

En primer lugar tenemos al coro de la procesión. Leamos los 2 primeros versículos:

“Del Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan, porque él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos”.

En la frase Del Señor es la tierra y su plenitud vemos que David habló de Él como el Creador. La tierra le pertenece. No le pertenece a quienes hoy la gobiernan. Hay muchos hoy que quieren dirigir la tierra, pero en realidad le pertenece a Dios.

Dice en el versículo 2 que él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos. Recordemos que en Génesis 1:9-10, en el tercer día de la creación Dios dijo: «Reúnanse las aguas que están debajo de los cielos en un solo lugar, para que se descubra lo seco». Y fue así. 10A la parte seca llamó Dios «Tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «Mares». Y vio Dios que era bueno. Él hizo que las aguas se juntasen en un lugar y la tierra sumergida quedó al descubierto. Fue como la vida que aparece después de la muerte, que nos habla de la resurrección. Luego en el versículo 3 tenemos la intervención del solista. Leamos este versículo:

“¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién estará en su lugar santo?”

La respuesta a esta pregunta se encuentra en el versículo siguiente, y la da otro solista. Leamos el versículo 4, de este Salmo 24:

“El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engaño”.

Los únicos que van a ascender a aquella colina del Señor serán aquellos que tienen manos limpias y un corazón puro, que no han adorado a ídolos vanos ni jurado por dioses falsos. Yo no podría estar allí por mis propios méritos, pero sí estaré en aquel lugar, porque me encontraré allí unido a Cristo. Él se ha encargado de presentarme ante el trono de la gracia en Su ministerio sacerdotal actual, porque yo he confiado en Él como mi Salvador.

En este momento, entonces, cantaban los coros y los solistas. Leamos los versículos 5 y 6:

“Él recibirá bendición del Señor y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que lo buscan, de los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. Selah”

Ahora podemos imaginarnos que ellos entraban en Jerusalén cantando. Escuchémoslos en el versículo 7:

“¡Alzad, puertas, vuestras cabezas! ¡Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria!”

Entonces, una voz desde las puertas preguntaba ¿Y quién es este Rey de Gloria? Y nuevamente el coro respondía lo que leemos los versículos 8 y 9:

“¿Quién es este Rey de gloria? ¡El Señor el fuerte y valiente, El Señor, el poderoso en batalla! ¡Alzad, puertas, vuestras cabezas! ¡Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria!”

Y otra voz desde las puertas preguntaba nuevamente ¿Quién es este Rey de Gloria? Y nuevamente el coro respondía, y esta vez probablemente todo el coro y acompañado por la orquesta, lo que leemos en la segunda parte del versículo 10:

“¡Es el Señor de los ejércitos! ¡Él es el Rey de gloria! Selah”

Creemos que este pasaje ilustra dos eventos: es una imagen del momento en que el Señor regresó al cielo y es también una imagen de Su regreso a la tierra. El mundo no le conoce, pero este Salmo nos da la respuesta. El Rey de Gloria es el Señor, el fuerte y valiente, el Señor, el poderoso en batalla. Entonces las puertas recibían la orden de abrirse para permitir la entrada del Rey de Gloria. El mundo le ha rechazado y persiste la pregunta ¿Quién es este Rey de gloria? Él es el Señor todopoderoso, es el Señor Jesucristo. Él es el Rey de reyes y el Señor de señores. Y es el Rey de la gloria. Y aquí el salmista escribió aquella palabra Selah en la conclusión, que nos invita a reflexionar por unos momentos. Y entonces, puede usted pensar, estimado oyente, sobre cuál es su relación personal con Dios y con el Señor Jesucristo.